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  "writing": "Armis - Explorador, paladín, soñador.\n\nLurrol - Sacerdote, amistoso, tímido.\n\nGeond - Ladrón, astuto, controlador.\n\nTugstoth - Bárbaro, vividor, bruto.\n\nLivancy - Maga, culta, curiosa.\n\nArmis estaba revisando la espada que le habían dado. Al mirarla desde la parte baja del mango, pudo ver que estaba ligeramente curvada \"hhmm...\" murmuró. La insignia de Thor adornaba la empuñadura y su hoja era celeste y un doble hilo, que recorría la parte central de la misma mostraba su origen Metaliero. El joven Armis llevaba el pelo lacio, marrón claro, a la altura del hombro y lo tenía atado con una soga al estilo cola de caballo. Sus ojos eran azules y poco reflexivos, pero transmitían en esa juventud una pasión por la aventura que no se veía a menudo en la aldea que vivía. Su ropaje era el de un plebeyo, con parches de cuero en las partes rotas y desgastadas. Rió con simplicidad y guardó la espada en su vaina, que afirmó a su cinturón. Estaba con sus amigos, y todos formaban una ronda. A su izquierda estaba Lurrol, el más joven del grupo, un regordete que siempre andaba de buen humor y decía estudiar los manuscritos religiosos con el fin de convertirse en un sacerdote. A la derecha de Armis se hallaba Geond, un muchacho hábil de manos y de movimientos, que siempre era excesivamente precavido y podía escurrir su mano en cualquier bolsillo y sacarla antes de dos aplausos consecutivos. Nunca tuvo un lugar fijo para vivir, hasta que llegó a la aldea y estuvo rondando en ella por un mes en busca del hogar más acaudalado del lugar. Al no encontrarlo, fue al templo y optó por quedarse un par de días con el fin de llevarse lo más valioso del sitio. Eso fue hasta que Armis lo vio jugar con una brújula que se pasaba entre los dedos como un lápiz y le contó en secreto la salida. A la derecha de Geond estaba Livancy, una aficionada a las antigüedades y estudiante de magia, que se encontraba ansiosa por visitar lugares de edades pasadas y tener conocimiento de criaturas ancestrales, siempre y cuando haya garantía de salir con vida, claro. Al otro lado de Livancy se hallaba Tugstoth, quien era el de más edad del grupo y podría guiarlos, de no ser porque todo su tiempo se repartía en buscar armas poderosas, entrenarse para ser más fuerte y llevarse cualquier cosa que encontrase a la cama por la noche. Sus violentos 16 años eran algo que portaba orgullosamente con todas sus cicatrices de combate y sus proezas para su temprana edad, que aumentaban de magnitud en la misma medida que el alcohol en sus venas.\n\n-\"¿Están listos?¿Lurrol, Tugstoth, aguantan el equipaje?\", dijo Armis.\n\n-\"Puedo aguantarlo, pero ¿no hay otra? ¿No podría llevarlo Geond?\", contestó Lurrol.\n\n-\"Debido a mi estilo de pelea, no debo llevar pesos, por el caso de que nos agarren por sorpresa\", se liberó Geond. Lurrol bufó y todos comenzaron la marcha.\n\n-Espero que el templo no note la falta de una de sus espadas antes de nuestro regreso... mejor dicho, antes de nuestra partida!- Armis pensó despreocupadamente y se dejó guiar por el resto.\n\nSegún el mapa de Livancy, su destino sería el \"Monte del Tesoro\", cuyo nombre atraía a todo aventurero que se atreviera a cruzar las vastas tierras orcas. El grupo seguiría el camino que se uniría poco a poco con el bosque, aunque poco antes consultarían el mapa de nuevo y algunas referencias para tener una mejor idea de qué camino tomar. El camino por el que viajaban en este momento era comúnmente transitado. Varias ciudades vecinas eran grandes centros de minería a los que concurría una gran población enana, que llevaba riquezas a sus ciudades y a las que compraban su material. Geond lo sabía porque ya había robado un par de veces carros de propiedad enana, y sus tesoros no constaban de oro, sino que era de piedras decorativas de escaso valor. Podían admirar el cielo celeste cubierto con pocas nubes y con ciertas partes de color verde amarillento, pero nadie lo hacía excepto Armis. A los costados del camino empezaba a florecer el bosque en su cuantiosa magnitud. Todos los tipos de verdes posibles se veían y el canto de pájaros y los sonidos del bosque mantenía al grupo pacífico, en un estado de relajación pero al mismo tiempo de vigilia. Lurrol se fijaba todos los tipos de plantas medicinales de los que le hablaba su abuelo. \"Menta, fruno, lensas, bayas, salvia\", decía. \"No, tensias\" corrigió Armis. Lurrol buscaba las tensias cuando le pareció ver un par de ojos que lo miraban con ganas de devorárselo. Su piel se erizó, su color se palideció y empezó a correr como un descosido. Todos lo trataron de seguir, pero el vigor  que tenían no era tan fuerte como el que daba el miedo. Finalmente lo alcanzó Geond, que le atisbó \"¿Qué te pasa, mantecas?\", a lo que Lurrol gritó, con las gotas de sudor cayendo por su frente, deslizándose por su cara y cayendo por su pera, con la cara colorada por lo corrido \"Un monstruo, o un lobo estaba ahí, quería devorarme, yo lo sé\". Geond alzó la vista. Luego se subió a un árbol. Estuvo allí hasta que llegaron Armis y Tugstoth, y cuando lo hicieron Lurrol les dijo \"Geond subió a un árbol. No sé que estará haciendo.\" De pronto ¡Crack! una rama se rompe, y Geond desciende del árbol de un salto con la rama en la mano. Le corta las ramas más pequeñas y dice \"Fresno, una madera dura para que la uses de bastón. No es mucho pero -y por eso- te irá perfecto. Úsala contra cualquier bestia que te ataque.\" \"Gracias\", le agradeció Lurrol con expresión apenada. Armis pensó que faltaba algo ¡Claro! Como un flash, gritó: \"¡¿Dónde está Livancy!?¡Esa bestia la agarró, seguro!\". En ese momento llegaba la aprendiz de mago, respirando agitadamente y moviéndose torpemente a causa de su ropa. Estaba despeinada y roja como un tomate pero todavía tenía energía para gritar \"¡¡Como se les ocurre salir corriendo y dejarme en un lugar así sola!!¡Ni un solo caballero!¡Son todos machos brutos que no se preocupan por una señorita!¡Ahora se ponen todos rojos!¿Alguien pensó en lo que me podía pasar?¡No, nadie!...\" y así siguió ella, dando sermones hasta que, después de hacer el campamento y cenar, se fueron a dormir. Livancy siguió gritando en los sueños de Tugstoth hasta que le tocó su guardia.\n\nLa mañana comenzó a las 7 a.m. Geond no se despertó debido a que no había dormido, y ahora estaba fatigado y somnoliento, por lo que buscó un lago cercano y se lavó los ojos, la cara, el cabello, todo, con el fin de estar fresco para el día que venia y que nadie notara su estado. Pero había tardado en secarse y ahora estornudaba. Armis sabía secretos básicos de supervivencia, y cuando los otros tres se despertaron, los esperaba con una canasta llena de bayas, junto a Geond, que miraba mientras aquel las pelaba. \"Estos se conocen como nísperos. En esta zona los hay durante tres meses y son muy sabrosos, pruébenlos.\" dijo. Todos agradecieron a Armis, y el les dijo \"No me agradezcan a mí, agradezcan a Gaea.\" Y comieron. Se levantaron satisfechos, guardaron todo y siguieron con la travesía. Regresaron al camino principal y anduvieron con calma. Armis y Lurrol observaban las plantas y arbustos buscando aquellas que sirvan para curar. Geond caminaba mientras, con una cuchilla, lijaba una rama para usarla como flecha, pero siempre quedaban como estacas. Tugstoth quería molestarlo pero se hallaba ocupado relatándole sus hazañas a Livancy, quien se empeñaba en ignorarlo. Repentinamente, algo que se confundía con un árbol pareció moverse. ¡Ey! gritó. Armis fue el primero en acercarse. \"¡Vengan, no soy peligroso!¡No les voy a hacer nada!\" Una manta color marrón oscuro se movió y agitó por un instante. Una parte de sí misma se movió hacia atrás, revelando la cara de un anciano maltrecho, con barba larga, sucia y enrulada, con marcadas ojeras y manchas en su calva, y unos pocos dientes amarillos que se veían desde su desagradable sonrisa. Era flacucho y parecía consumido, un guerrero cobarde que acudió solo a una guerra. \"Dermethios gusta darle conocimiento a los niños\". Geond bufó. \"¡Calla!¡Puedo ser tu abuelo! Ahora escuchen. Yo sé que camino están tomando, y esa no es la respuesta. ¡Vuelvan por donde vinieron, pequeños rebeldes!\" Armis tenía cara de no entender y dijo \"Señor, ¿a qué se refiere?\". El viejo dijo \"Nunca es bueno escaparse de la casa. Esa no es la solución \"- ladeó la cabeza de un lado a otro -\"No, no, no. Yo lo hice y miren donde estoy. Sigan el consejo del abuelo, vuelvan a su casa.\" Armis dijo \"Señor, nosotros somos un grupo de viaje al Monte del Tesoro. Somos aventureros y sabemos los peligros que corremos. No somos rebeldes, simplemente tenemos ganas de vivir aventuras.\" \"¡Y de viajar!\" agregó Tugstoth. El anciano respondió a todo esto: \"Esta juventud... ¡cada vez salen de sus casas más jóvenes! En mis tiempos salíamos a los 20 años, después de casarnos y tener hijos. Ahora todo es un desorden. Bien, vayan, niños cretinos, que puedo hacer yo para detenerlos.\" Armis abrió su bolsa de monedas y sacó dos de las cinco monedas de oro que poseía. Se las dio al anciano. \"No se preocupe por nosotros. Podemos cuidarnos solos.\" dijo, mientras todos se alejaban. Cuando estaban a la distancia, el anciano se levantó y les gritó \"¡Pero hacia allá están las tierras orcas!\". Armis levantó un brazo y respondió \"Ya lo sabemos\". Y continuaron el viaje.\n\nLurrol estaba muy feliz por tener su nuevo bastón. Lo revoleaba, lo agarraba haciendo poses de combate, lo hacía girar torpemente y lo hacía caer de sus manos. Un par de veces golpeó a Armis y una vez a Geond, quien se lo quitó un rato. Fue grave cuando golpeó a Livancy, un golpe directo en la parte trasera de la cabeza, justo en el medio del cráneo. Tuvo la suerte de que cayó inconsciente, pero cuando volvió en sí, luego de enfrentarlo con una mirada asesina, su pie derecho golpeó la ingle de Lurrol en una fracción de segundo, quien cayó y experimentó tanto dolor que fue incapaz de moverse y tuvo que ser llevado a cuestas de Tugstoth para no retrasar el viaje. Livancy tuvo un gran chichón en la parte trasera de la cabeza, que se hubiera notado mucho de no ser por su larga cabellera. Lurrol fue separado de su bastón y sufrió miradas especialmente frías de parte de Livancy y Tugstoth, además de la mirada fría normal de Geond. Por suerte estaba Armis, quien lo consolaba lo mucho que podía.\n\nLos días fueron calmando los ánimos  - pasaron cuatro días caminando - mientras Armis se ocupaba de vigilar desde adelante el trayecto e informar de cualquier cosa, sea importante o no; Geond gustaba de caminar con las manos y subir a los árboles que se encontraban difíciles de escalar; Lurrol se mantenía vigilando la retaguardia del grupo, a distancia segura como para entrenar el uso del bastón sin ser molestado ni molestar a alguien; Tugstoth buscaba animales para cazar o trataba de impresionar a Livancy con el extraordinario uso de sus hachas - que balanceaba una en cada mano y las manejaba con una maestría formidable -, mientras ella lo rechazaba y se ocultaba en la lectura de sus escritos místicos.\n\nLos árboles se fueron haciendo de hoja mas dura y de un verde más oscuro. La temperatura comenzaba a descender. El grupo estaba cerca de las tierras orcas. Nadie había visto nunca un orco. Armis había escuchado historias en la aldea sobre estas criaturas. Viciosas, ávidas de pelea, con un pequeño caudal de inteligencia, pero por sobre todo ansiosas de causar el mal. Se necesitaban muchos hombres para terminar con uno de ellos. Se le formó un nudo en la garganta y deseó no encontrarse con ninguno de ellos durante el viaje. El camino se hacía más y más angosto y Geond le pidió a Livancy que revisara el mapa y sus notas con tal de seguir un trayecto lo más seguro posible. Todos vieron el mapa y dieron sugerencias. Armis sugirió que Livancy tendría la decisión correcta. Tugstoth estaba de acuerdo con Armis. Livancy no se decidía qué camino tomar, si alguno de los principales o una entrada por las colinas. Geond marcó dos caminos que serían los más probables a seguir. Lurrol sugirió el más corto de los que mostró Geond. Todos concordaron que allí sería por donde irían.\n\nLa noche se empezaba a manifestar; un anillo anaranjado abrazaba el mundo, siendo tan espectacular que dejó a Armis y a los demás maravillados por unos minutos. El primero en dejar de mirar fue Geond, quien fingió que nunca se distrajo. La noche estaba notablemente más fría y todos se acostaron más cerca de la fogata. El primer turno fue de Armis, que al no notar nada extraño al cabo de dos horas despertó a Lurrol. Lurrol se sentó de espaldas a un árbol, entrecerró los ojos y, cuidándose de no dormir, se puso a meditar. Se sintió en tranquilidad hasta que empezó a escuchar un sonido a lo lejos. Movió su cabeza para descubrir si el ruido provenía de sí mismo o del bosque. Abrió los ojos cuando descubrió que venía del fondo del bosque. No eran pájaros; ya era tarde, no eran ardillas ni otros animales pequeños moviéndose sigilosamente en la noche. Parecía un respiro pesado muy parecido a un rugido. Se levantó lentamente y tomó su bastón. Le avisó a Geond - quien aparentemente estaba dormido - de que tome la guardia. Geond aceptó y Lurrol se fue a ver qué era lo que causaba tal perturbación en el aire. A medida que se acercaba, el ritmo de la respiración se hacía más lento. A Lurrol se le ocurrió que podría ser un ronquido recién cuando vio a un gran oso pardo respirando acompasadamente y trabajosamente, disfrutando de un profundo sueño. Debió cuidarse de no hacer ningún ruido, y de avisarle al grupo que no lo hiciera cuando sonó una estruendosa risa: \"¡Ay, no!¡Jijijiji!¡Jajaa!\" todo el bosque escuchaba los sueños de Livancy y eso incluía al oso, quien dio un bostezo y dejó congelado a Lurrol, que pensaba \"Maldita sea, ah, ¡¡me meoo!!\" y rezaba que el oso no lo hubiera visto. El oso no dio señales de haberlo visto, por lo que se retiró lo más sigilosamente que pudo, dejando un pequeño charco que cualquier animal salvaje hubiera podido rastrear sin problemas. Cuando llegó al campamento, le dijo a Geond \"Falsa alarma\" y, como ya su turno había pasado, se tiró a dormir.\n\nUna nueva mañana traía un inusitado frío. No era un frío hostil, en cambio fue bien recibido por los viajeros. \"Va a conservar nuestras energías en el cuerpo por más tiempo. Nos vamos a cansar menos\", dijo Armis, al mismo tiempo que repartía las pocas bayas comestibles que pudo encontrar. Lurrol tenía prisa por irse, por lo que apuró a todos insistentemente y por causa de él salieron antes. Todos anduvieron con mayor cautela, con una mano cerca de sus armas, por las frías colinas que por la mañana tapaban la vista con una molesta niebla. Hacia las 9 de la mañana, toda la niebla se había desvanecido y el sol irradiaba su calor a través de un frío cuasi invernal. Geond, quien vigilaba el frente, notó algo inusual frente al camino. Corrió y dijo \"Apúrense si quieren.\", a lo que corrió a gran velocidad en pique y se detuvo frente a un caballo atado a un árbol. Dijo: \"Hoy estamos de suerte\" y extendió una mano hacia el caballo, que rechinó y lo alejó con ferocidad. Cuando hubieron llegado todos, Tugstoth les dijo \"No hay ningún problema, yo lo voy a poder domar\" y de acercó con las dos manos, como quien sostiene una red de pesca. El caballo lo alejó relinchando, y él trató de acercarse de nuevo. Esta vez, Armis lo detuvo y dijo \"No vamos a conseguir nada con la fuerza bruta, no debemos pelear con el. Mírenlo. ¿Cuánto tiempo hará que está acá atado? Debe tener hambre. Necesitamos heno\".\"¿Pan?\", dijo Tugstoth. \"Tengo galletas\" dijo Lurrol, \"Sirven\", dijo Armis. \"Son una receta parecida a las Lembas, solo que es una receta casera de mi madre. No tienen nada de lo élfico, por eso éstas tienen más gusto\", explicó Lurrol y se las dio a Armis, quien se lo agradeció. Agarró una galleta y se la acercó al caballo, quien relinchó nuevamente. Entonces Armis se acercó a una distancia prudente y tiró una galleta a una distancia en la que el caballo pudiera cogerla. La olfateó y después de darle una mordida de prueba, el animal se la engulló sin problemas. Armis le tiró otra. Le tiró dos más, hasta que decidió darle la quinta con la mano. Lo hizo lentamente, tratando de que el caballo vuelva a aceptar una mano después de haber sido desechado por otra. Fue muy lento, concentrándose en no hacer movimientos bruscos. Entró al rango del caballo. El caballo lo miró atentamente, y sus ojos reflejaron las intenciones del otro. Entonces el caballo extendió la cabeza y tomó la galleta. Lo había conseguido. La otra vez lo hizo más cerca y la otra aún más. La otra vez, y el caballo se dejó ser tocado. Con total confianza, Armis llegó hasta el árbol y desató la soga. \"Está hecho, eres libre\". El caballo no entendía. Armis agarró las riendas, lo llevó al medio del camino, en dirección hacia atrás, le quitó toda atadura y le dio una palmada en el trasero. \"Vete\". El caballo obedeció. \"Sigamos\", dijo. Un rato después, y Geond le reprochó \"Eres una porquería de líder. Ese era un Caballo, por si no lo sabías. Podía habernos servido para transportar cosas, para llevar gente, para alimento en última instancia.\" Armis le respondió \"Todos los que estamos en este viaje es por nuestra propia cuenta. Perdóname, pero el caballo quise que fuera libre. No lo iba a arrastrar con nosotros en contra de su voluntad, o mejor dicho, sin que su voluntad fuera estar con nosotros. Perdóname.\" \"¡Caballos!¡Voluntad!\" susurró por lo bajo Geond. Un rato después de la caminata, Lurrol se acercó a Armis y le dijo \"Hay algo que no entiendo: Cuando palmeaste al caballo, sabías que estaba entrenado para galopar al recibir una palmada, ¿no?\" \"Sí\" respondió Armis. \"¿Por qué? Si sabías que al palmearlo iba a correr en contra de su voluntad, por qué no dejaste que estuviera con nosotros, si también es en contra de su voluntad\", interrogó Lurrol. \"Porque me pasa que cuando corro, me pongo a pensar. Me pareció que al caballo podía pasarle lo mismo, por eso lo hice. Por eso y quien sabe por qué más.\" respondió sinceramente Armis. \"Pensándolo bien, si el caballo lo piensa, podría volver... bah, divagaciones. Mejor sigamos.\" Lurrol agitó la cabeza y siguieron la marcha. De repente, un ruido de atrás. Parecía ser un rugido, que siguió a una diminuta figura que fue acercándose velozmente ¡El caballo! Todos pararon. El galope de aquel caballo era impresionante. Era imposible distinguir si sus patas estaban sobre el suelo o sobre una nube a medida que cambiaban de lugar. Al cabo de un minuto, había cubierto la distancia visible ¡Era admirable!¡Ahora se hallaba relinchando en dos patas, mostrando su poder al grupo, especialmente a Armis! Él sonrió nuevamente. \"Que bueno que estés con nosotros. Vamos.\" Y empezó a caminar. Nadie más se movió. \"¿Qué pasa?¿Qué quiere?\" dijo. \"¡Que lo montes, imbecil!\", le gritó Livancy. \"Pero yo no sé...\" respondió. Un aura de vergüenza afectó al grupo, caballo incluido. \"Bueno, está bien. Un pie ahí, otro acá... bien. Perdón, amigo.\" El caballo recibió un par de patadas mientras Armis se las arreglaba para subir. Finalmente lo consiguió. Acarició unas veces alrededor de la crin y le dijo \"Vamos al Monte del Tesoro, ¿te parece?\" y se empezó a caer para atrás. Como reflejo para sostenerse, presionó con sus pies en las costillas del caballo, quien comenzó a trotar. \"Alto, por favor, para, me voy a caer, ¡Ayuda! Por favor, ¡Para!\". Y el grupo siguió caminando hasta entrado el anochecer, mientras Armis se seguía quejando; hasta que Tugstoth hizo parar al caballo, pues él sabía cómo tratar con caballos, después de todo.\n\n--------------------------------------------------------------------------------------------\n\nYa entrada la noche, se dispusieron a acampar en una arboleda lo más cerrada posible. Armis se empeñó en hacer una fogata, mientras que Tugstoth y Geond fueron de cacería. Lurrol fue a ver si encontraba alimento para el caballo, ya que sus galletas habían mermado peligrosamente, y Livancy ayudaba como podía a Armis con el fuego con tal de dar el último vistazo hasta mañana a sus libros de magia. En busca de un animal para llevar al grupo, Tugstoth avanzaba atento, mientras Geond lo hacía sigilosamente. En la mano izquierda portaba el arco y la derecha la mantenía cerca de las flechas.\n\n- \"Oye, Tugstoth\", susurró.\n\n- \"Sí, que pasa\", respondió Tugstoth.\n\n- \"¿Habías pensado lo peligroso de esta travesía antes de aventurarnos como lo hicimos?\"\n\n- \"Eeh, no.\"\n\n- \"Las tierras a las que vamos están llenas de bestias. Orcos y demonios. Tal vez alguno de nosotros no vuelva con vida. Tal vez ninguno.\"\n\n- \"Geond, ¿Por qué piensas eso?¿No confías es mi fuerza?\"- replicó Tugstoth, mientras alzaba su brazo derecho como para demostrar sus músculos.\n\n- \"Tu aptitud hacia el combate es evidente, pero la de Lurrol y la de la estudiante de magia deja mucho que desear.\"\n\n- \"Yo puedo protegerlos, y tú junto conmigo y con Armis. Los tres somos guerreros, y presiento que tanto tú como él serán algún día tan buenos peleando como yo lo soy ahora.\"\n\n- \"Espero que no te equivoques con lo primero...\"\n\n- \"Geond, siempre piensas demasiado. Le das vueltas y vueltas y vueltas...\"- y Tugstoth comenzó a girar el dedo.\n\n- \"¡Silencio!\" - susurró Geond - \"¡Quieto!\"\n\nTugstoth observó en la misma dirección que Geond. De entre las sombras pudo ver lo que parecía un cerdo salvaje. Lentamente, Geond sacó una flecha y la depositó en la cuerda del arco. La empezó a empujar muy despacio hacia atrás, concentrando la mira en la cabeza del animal. Repentinamente, un grito le hizo agitar toda la columna vertebral. \"¡HAAA!\", un grito seco y estruendoso salió de Tugstoth, al mismo tiempo que un hacha arrojadiza volaba y se clavaba en el estómago del animal, que comenzó a vomitar sangre y cayó al suelo muerto unos segundos después. Geond frunció el seño y le murmuró \"No sabes lo que es la sutileza\", mientras el guerrero agarraba del lomo al cerdo ya muerto y buscaba alguna parte seca para subírselo al hombro. De vuelta en el campamento, Armis finalmente había encendido el fuego, con la ayuda de Livancy que miraba la llama que había ayudado a crear. Lurrol vino abrazando una gran mata de pasto que depositó frente al caballo, quien comenzó a comer y él le acarició la cabeza, diciéndole al oído \"Las más sabrosas del lugar\". Geond y Tugstoth volvieron de la cacería y este último traía consigo, sobre el hombro, un gran cadáver sanguinolento que tiró enfrente de Livancy, quien dijo asqueada \"¡¿Qué se supone que haga YO con esto?!\". \"Sazónalo y cocínalo\", le respondió Tugstoth. Cuando Livancy logró acercarse, la bestia vomitó un poco más de sangre, por lo que ella se alejó de un salto y musitó \"Awggg... búsquense un cocinero, ¿Por qué me mandan a hacer estas cosas a mí?\". Armis se acercó y le dijo \"Tranquilízate, Livancy, yo te voy a mostrar lo que se debe hacer en estos casos, para que la próxima vez lo hagas tú misma\". Buscó en las mochilas y agarró una daga. \"Primero cortas aquí transversalmente, luego separas las costillas...\" y siguió explicando mientras Livancy corrió y se escondió detrás de un árbol cercano hasta que estaba segura que hubo terminado. Notó que Geond no daba señales de haberse movido desde que ella se había ido, y se situaba de frente a donde Armis hacía la carneada. Lurrol había preferido distraerse buscando diferencias entre las monedas de plata que poseía y Tugstoth no parecía haber sido impresionado. Pusieron algunas partes sostenidas por ramas al fuego y esperaron a que se cocinaran. Una hora después comieron, prepararon todo para dormir y dejaron a Lurrol que vigilara en la primera guardia. Livancy rió entre sueños y Lurrol, como estaba aburrido, sacó uno de sus libros de magia y se puso a ojearlo. Quería buscar un hechizo para ver los sueños de otra persona - en caso de que existiera - pero se desilusionó al no entender los símbolos mágicos que se mezclaban con oraciones perfectamente legibles. \"La copa del árbol\", \"Sueño de un dios\", \"Disco llameante\" pudo leer debajo de unos extraños dibujos, y cuando supo que debía cambiar de guardia, lo depositó en la bolsa de Livancy y despertó a Geond, quien sonrió casi imperceptiblemente.\n\nLa mañana trajo su niebla nuevamente, pero esta vez ocupaba el cielo también. Las nubes daban una apariencia más oscura y solitaria al bosque. Los oscuros verdes se confabulaban con los pocos animales que rondaban con el fin de absorber todo el sonido y el color que pudieran. Recorrían un camino casi indistinguible, guiados por Livancy, quien les informó que ya estaban en las tierras orcas. La marcha andaba lenta y en silencio, con los oídos atentos y con la esperanza de que la niebla desapareciera. A medida que caminaban, ésta cedía, y Armis al fin se animó a hacer un comentario optimista. \"Si la suerte nos acompaña, en tres días estaremos ya en el Monte del Tesoro, y en una semana más estaremos de vuelta.\" Livancy comenzó a calcular y a hacer cuentas y finalmente dijo \"En el mejor caso de todos\". La compañía estaba atenta y más silenciosa que de costumbre. Armis les dijo que había que estar despiertos por si había alguna emboscada. Geond, cuando lo dijo, sugirió si podría ir escondido al costado derecho del camino para buscar emboscadores, y que en caso de hallarlos, le tiraría una piedra en el oído a Lurrol. Armis cuestionó si debía ser en el oído. Geond dijo que sí. Lurrol trató de agregar algo, pero Armis lo interrumpió accidentalmente y le pidió que diera otra señal. Geond aceptó y se puso a seguirlos a cierta distancia, moviéndose sigilosamente en el bosque. Lurrol se tapaba el oído derecho. Luego se tapó ambos. Todos estuvieron caminando hasta la media tarde, ahora que el cielo daba una ligera señal de mejorar, dejando pasar rayos de sol a través en unos agujeros que nubes que mostraban un almidonado azul cristalino. De repente \"¡Auch!¡Mi ojo!\", gritó Lurrol. \"¡Esa es la señal!\", trató de decir en voz baja Tugstoth. Todos sintieron frío en los huesos y siguieron caminando sacando sus armas lo más disimuladamente posible, tarea especialmente difícil para Tugstoth, dado el tamaño de sus hachas y su poca habilidad de actuación. Livancy sacó una daga, Lurrol su bastón y Armis sostenía la vaina con la mano derecha y el mango de la espada de Thor con la izquierda. Tugstoth se veía imponente sosteniendo sus hachas, aunque trataba de disimular indiferencia con una falta de gracia tal que parecía hacer una mueca que dio miedo a Livancy, que tomó distancia de él y al darse cuenta de que estaba cerca de Lurrol, tomó distancia del mismo también. A todo esto, prefirieron dejar al caballo atrás para que los venga siguiendo desde una distancia prudente, ya que en caso de haber algún herido, Armis y Tugstoth conocían el sonido para hacer que se apurara en llegar para subirlo y llevarlo lejos del campo de batalla. Cuando Lurrol acabó de dar un paso, escuchó un grito no humano que se acercaba a él y supo que sería atacado. En una fracción de segundo, se encogió y puso su bastón entre sí mismo y la criatura que se abalanzaba hacia él. Pero el monstruo cayó al piso y se veía su nuca sangrar. Detrás estaba Geond, que parecía señalar a Lurrol y gritó \"¡Hay otro!\". Todos giraron la cabeza inmediatamente. Detrás de un árbol, una sombra se notaba débilmente. Armis dijo \"Tranquilízate, no t...\", pero la criatura comenzó a correr entre aullidos y gemidos. Tugstoth lo siguió con ánimos de cacería. Corría a toda velocidad en el bosque tratando de seguir al orco e iba a tal velocidad que le resultaba difícil esquivar las ramas que se estrellaban en su cara. Una vigorosa rama lo golpeó en la cara y deseó tener los reflejos de Geond. Se halló atontado por un instante, hasta que encontró su rastro y lo comenzó a seguir nuevamente. Agarró una de sus hachas arrojadizas del cinturón y se la tiró con fuerza garrafal. Golpeó a la criatura en la espalda y esta siguió corriendo, solo que más lento. Por fin lo alcanzó y se preparó para darle el golpe final. Alzó su hacha y la tiró hacia abajo con toda su furia, pero el golpe fue interrumpido al sentir dos dedos que tiraban su nariz hacia arriba. Geond se hallaba a un costado y le dijo \"No lo mates. Puede tener información útil.\" Tugstoth abandonó su furia y su cara se tornó sin expresión. Seguidamente volvió a tener la cara de bruto bonachón de siempre. \"Está bien. Llevémoslo.\", dijo. Geond se limpió los dedos en la ropa del orco mientras volvían. Cuando llegaron, vieron que Armis los estaba esperando, al mismo tiempo que Livancy revisaba los bolsillos del muerto sin dejar de ver con repulsión su cara, cosa que hacía Lurrol también. Aquel orco tenía algunas facciones exageradas y otras deformes, su piel era de un color grisáceo oscuro, su frente era achatada y su prominente boca dejaba ver dientes irregulares y pútridos. Tugstoth depositó al orco en el suelo, previamente atado por Geond. Armis preguntó:\n\n- \"¿Por que nos atacaron?\"\n\nEl orco respondió: - \"Dern as prub Ketjordem, dajn pubm.\"\n\n- \"Porque querían nuestras pertenencias\", dijo Geond.\n\n- \"¿Sabes hablar orco?\", preguntó Armis.\n\n- \"Claro que no, pero ¿No es obvio?\", replicó Geond.\n\n- \"¡Esperen!\" - interrumpió Livancy - \"Ketjordem es parecido a Keoth Jordus... ¡Está hablando del Monte del Tesoro!¡Si pudiéramos saber qué nos dice!\"\n\n- \"Nada bueno, eso es seguro.\", dijo Geond.\n\n- \"¿Y que haremos con el?\" preguntó Lurrol.\n\n- \"No se\", respondió Armis.\n\n- \"Que no hable con los suyos. Matémoslo.\", dijo resueltamente Geond.\n\n- \"¡No!¡Acá nadie va a matar a nadie!¡De nuevo!\", estalló Armis.\n\n- \"Podríamos atarlo al caballo, entonces\", dijo Geond.\n\n- \"No... eso tampoco sería bueno... sería, además, una gran molestia para Amigo\" - dijo dubitativo Armis.\n\n- \"Escúchame, éramos nosotros o ellos. No nos preguntaron si nos iban a atacar. Directamente lo hicieron.\" - Cuestionó Geond.\n\n- \"... ¿Y si lo dejamos ir? No sé, digo...\" - dijo Lurrol, pensativo.\n\n- \"¡Otro loco! Estas criaturas no tienen honor. Si lo dejamos ir llamará a sus amigos y nos van a hacer bien difícil la vida, en el mejor de los  casos.\", dijo Geond.\n\n- “Entonces debemos confiar en el.”, dijo solemnemente Armis.\n\n- “Confiaré en el cuando su corazón no lata”, dijo Geond.\n\n- “Por favor, ¿Confías en mí?”, le dijo Armis.\n\nGeond vio como todos lo miraban. También lo observaba el caballo a los lejos. Podía ver que el futuro del grupo estaba en sus manos.\n\n- “Haz lo que quieras. Me desentiendo de lo que decidas.” – imbecil, nos llevará a todos a la muerte-, dijo Geond disimulando lo que quiso decir.\n\n- “Espera, no lo liberes aún”, detuvo Armis a Tugstoth. Al mismo tiempo que desenvainaba su espada de Thor y la clavaba en el suelo, dijo “Enterremos a su compañero, así le mostraremos que no somos lo que el cree.”\n\nAl mismo tiempo que los fortachones del grupo cavaban un agujero en el suelo, Lurrol practicaba unos pases y oraciones para que el muerto descanse en paz y Livancy buscaba algún lenguaje con el que pudiera entenderse con el orco atado.\n\n- “Veamos la lengua meridional... ‘Eun dast gone ferum’” – el orco no se inmutó - \"Eso no funciona... a ver ahora una lengua del sur: '¿Kujinei tanoro nokite ustai?'\" - de nuevo no hubo resultado - \"hmm... sus palabras parecían nórdicas. Probaré una vez más: '¿Dogen junp tamor fogen Keoth Jordus georn?\" - El orco pareció entender pero no respondió. Livancy notó el cambio y le dijo \"¡Respóndeme!¡Temar nok!\". Ninguna señal. Geond alzó la voz: \"¡Si quieres perder tiempo, ven aquí y trata de usar tu daga para cavar!\". Livancy se ofendió y miró hacia otro lado, descartando toda posibilidad de ayudarlos. Quedó viendo hacia donde estaba Lurrol, que estaba mirando hacia el suelo del bosque buscando algo. \"Quiero encontrar dos ramas como de un codo, ¿Me ayudas?\" \"Está bien\" respondió ella. Rápidamente encontró lo que necesitaban y el joven Lurrol las ató formando una cruz. Los demás estuvieron haciendo el pozo, que cuando terminaron depositaron el cuerpo en el y lo taparon de tierra. Lurrol enterró la base de la cruz y Livancy le puso las pocas flores que encontró por allí. Luego Tugstoth se dispuso a desatar al orco, mientras Livancy y Lurrol se ocultaban tras Geond - quien tenía su mano derecha preparada para agarrar una cuchilla en caso de emergencia - y Armis estaba al frente sin apariencia de estar en espera de algún ataque. No bien Tugstoth desató a la criatura, ésta salió corriendo y se internó en el bosque, desapareciendo rápidamente de la vista de todos. \"Espero que tengas razón, Armis\" dijo Tugstoth. \"Ya lo veremos\", respondió Armis con un destello optimista. Luego de aquello, instaron al caballo a acercarse y los seis siguieron a pie por algunas horas más hasta la noche, cuando acamparon. Prendieron una incipiente fogata y cocinaron y comieron un poco de la carne de cerdo que tenían aún sazonada con algunas hierbas que portaba Lurrol. Cuando estaban satisfechos, Armis sacó de la mochila unas plantas secas y les dijo a todos \"Estos son yuyos medicinales. Si los tiro al fuego, sus olores nos relajarán y podremos dormir bien esta noche. Sé que este no es el lugar más indicado para hacerlo, pero es mejor hoy que mañana. ¿Lo hago?\". Geond dijo: \"Armis, déjame hacerte una pregunta concreta: ¿De qué lado estas? Hoy has hecho que perdonemos la vida a un enemigo y ahora propones que nos \"relajemos\" una noche. No se tú, pero yo no me quiero despertar mañana en un campamento orco ¿y tú?\". \"Yo nunca antes tuve la oportunidad de probar esas hierbas ¿Son buenas?\" dijo Lurrol. \"Basta, mantecas. Tus sugerencias no pasaron desapercibidas a mí esta vez. ¿Quieres terminar como lo hizo nuestra cena?¡Pues vete y hazte el festín en otro lado!\", replicó Geond enérgicamente. Armis dijo \"Tienes razón, amigo, no lo vi. Estos yuyos son lo último que necesitamos, pues nos alejarán de nuestros sentidos. Me siento agradecido que estés en el grupo con nosotros\". \"Niñadas, niñadas....\" murmuró Geond. Un rato después echaron a la suerte las guardias y todos menos Armis durmieron. La noche era fría y oscura, pero en algunos momentos la luz de la luna iluminaba a los viajeros. Un amigable viento gélido acariciaba la cara de los durmientes y de Armis mientras pensaba y trataba de atesorar todo lo que sentía y veía. Cuando despertó a Livancy para su turno y ella se quejó hasta desperezarse, Armis se acostó y se imaginó de adulto peleando contra un enemigo tan grácil y habilidoso como él en algún lugar que no se parecía al mundo que conocía. Durmió muy bien.\n\nLa mañana sorprendió a todos menos a Geond con unas gotas de lluvia que comenzaron a precipitarse cada vez más fuertemente sobre los viajeros. Pese a que el sol debería haber salido, la oscuridad semejaba ser la de la noche. Los truenos iluminaban, destellantes, todo lo que se alcanzara a ver y su sonido parecía quebrar las lejanas montañas. Todos se apresuraron a recoger el equipaje, las bolsas y todo lo que tuviera valor y, luego de que Armis y Geond eliminaran las pistas que pudieron haber dejado del campamento, partieron encapuchados y extendieron una tela sobre el caballo, que le sacaron al hacerse más pesada por el agua. A pesar de que caminaban apurados, aunque cuidando los pasos, Lurrol tenía ganas de hablar \"Esto me recuerda a un campamento al que fui hace dos años. Todos los niños que se interesaban en la religión fuimos, queriendo dedicar esos días a contemplar la naturaleza mientras hablábamos sobre el poder de los sacerdotes que admirábamos. Mi favorito era...\" \"¡¡Psshh!!\", lo calló Geond, de muy mal humor. \"Somos blancos fáciles. Vigilen a los lados.\" Se limitó a decir. La compañía caminó en silencio durante dos horas. Lurrol se quejó \"Quiero desayunar\" \"¡Cállate!\", le dijo Geond. Repentinamente un sonido inundó el bosque. Parecía un gruñido proveniente de una bestia salvaje \"O de un troll, ¡Un demonio sanguinario del bosque!\" pensó Livancy. El sonido hizo un gran eco en los alrededores del bosque, erizándoles la piel a los miembros del grupo. El sonido comenzó a apagarse y a bajar de intensidad hasta terminar, como un lamento, en el estómago de Tugstoth. \"Es una buena idea parar para desayunar\", dijo Armis, quien no pudo mostrar su sonrisa porque la oscuridad y su capucha se lo prohibían. Lurrol sacó sus galletas y Livancy aportó semillas secas que calmaron el hambre de Tugstoth y de los demás de momento. Mientras masticaba unas semillas duras, pero que no ofrecían suficiente resistencia a sus dientes, Tugstoth recordó su agradecimiento. \"Gracias\", dijo, mientras un trocito de castaña ensalivada saltó a la nariz de Lurrol. \"¡Aaagh!\", gritó \"¡Quiero lavarme!¡Waah!¡No sale!¡Agua!\", corría desesperado el joven mientras cerraba los ojos. Luego tropezó y desapareció. Geond observaba con todo detalle y creyó que sus ojos lo habían engañado. El regordete que veía hace un momento pareció dejar de verse de un momento a otro. \"Busquémoslo. No debe estar lejos. No puede estar lejos.\", dijo. Hicieron caso omiso a mantenerse en silencio. Todos gritaban \"Lurrol\",\"¡Lurrol!\". Eso fue hasta que Livancy pudo observar cómo la lluvia esquivaba un lugar que se hallaba sin estar cubierto por los árboles. Los llamó a todos y les informó \"En este lugar hay una barrera cobertora. Según sé, lo que puede haber del otro lado son tres cosas: Un lugar escondido, un portal hacia otro lugar o peor... ¡una trampa!\". Armis y Tugstoth dieron un paso hacia delante casi al mismo tiempo. \"Yo iré. Tu quédate acá.\", le dijo Tugstoth a Armis. Él le respondió \"Tu deberías quedarte. Eres más fuerte y podrás protegerlos junto con Geond ante cualquier peligro. Yo debería ir porque, al fin y al cabo, uno de nosotros tiene que hacerlo, cualquiera sea. Si vas tú será una mayor pérdida porque tienes más experiencia que yo, ¿Entiendes?\" Geond no dijo palabra. \"Pero...pero....\" quiso responder Tugstoth. Armis no hizo pausa y cruzó directamente. Sintió que avanzaba a través de un conjunto de luces mágicas y se encontró descendiendo por una rampa poco empinada de dos metros de largo por dos de alto, que se enrollaba sobre si misma e iba tomando forma de escalera de caracol. Estaba caminando sobre tierra firme y seca. La poca luz fue aumentando hasta que se volvió tan fuerte que tomó un color anaranjado. Cuando estaba terminando el trecho vio que estaba en una casa subterránea y que, a la distancia, podía ver a su amigo Lurrol sentado en una silla de madera rústica y a su costado una anciana. Ella tenía el pelo largo, suave y liso, pero parecía poco cuidado. Su cara tenía rasgos conocidos, una pera aguda y redondeada; labios redondos y generosos; ojos verdes rodeados por ojeras causadas por la vejez; su piel era pálida y cuidada pero arrugada. \"Tus amigos\", dijo ella. Su voz no daba señales de venir de su boca. Mas bien, a Armis le pareció que podía venir de todos los lados de la cueva al mismo tiempo. Ciertamente, ella no movió sus labios.\n\n- \"¿Quién eres tu?\" dijo Armis.\n\n- \"Es una amiga\", replicó Lurrol.\n\n- \"Mi nombre es Livindance\", dijo ella mientras sonreía tímidamente.\n\n- \"¿Eres un hada?¿O algún ser mágico?\", preguntó Armis.\n\n- \"Podría decirse que sí\", respondió ella. \"¿Por qué no buscas al resto de tus amigos?\" dijo. Armis intercambió miradas con Lurrol y vio que estaba tranquilo. Entonces subió.\n\nCuando bajó con el grupo, se encontró con que las sillas estaban vacías. Su expresión se ensombreció y se turbó. \"¡Lurrol!¡¡Lurrol!!¡Por favor, aparece!\" y comenzó a golpear el suelo con sus puños, entre lágrimas.\n\n- \"No te rompas la mano, pequeño. No puedes arruinar tu gran destino.\", retumbó la voz de la mujer y todos comenzaron a ver hacia todos lados. En un parpadeo, las sillas volvieron a ser ocupadas por Lurrol y por ella. Armis dirigió su mirada hacia ella.\n\n- \"Déjame explicar\", dijo. Lurrol dirigió una mirada rápida hacia la anciana.\n\n- \"Habla, Livindance.\", dijo él. Livindance había cerrado los ojos y se disponía a dar el mensaje, pero fue interrumpida.\n\n- \"¿Livin...dance?¿Livindance?¿La hechicera carmesí?\" dijo Livancy. \"¿A... abuela?\"\n\n- \"Quién eres tú?\", dijo Livindance, con un tono serio y cortés.\n\n- \"Soy tu nieta... Livancy. Tengo catorce años y he escuchado mucho de ti. ¿No me recuerdas?¿Puedes decirme por qué te has ido?\"\n\n- \"Déjame ver...\" - una pausa - \"Sí, te reconozco como mi nieta. Lamentablemente nunca te he conocido porque he estado un cuarto de siglo recluida aquí donde ves. La razón por la que me he ido es algo que nos concierne a ambas, como familiares que somos. La misma sangre fluye por nuestras venas. Debes saber que he abandonado la aldea y el mundo conocido porque nuestra familia siempre fue, es y será adicta a la magia.\" Todos miraron a Livancy, y ella misma estaba desconcertada. \"La hechicera carmesí ha sido sólo uno de mis seudónimos; el más benéfico. Pero mi búsqueda de poder, sumado a un talento de nacimiento por la magia (rasgo común en las mujeres de nuestra familia), hubiese provocado catástrofes en la región, si no en el mundo, de no ser por otros hechiceros poderosos que me persuadieron para que me alejara de la gente que podía lastimar. Me ha sido difícil, en mis momentos de humanidad, separarme por completo de mis conocidos, pero mi búsqueda de poder fue más fuerte y los dejé.\" Livancy se echó a llorar. Armis la abrazó y le gritó a la anciana \n\n- \"¿Y nunca has considerado dejar esa adicción para volver con los que te aman?¡Aún tienes tiempo!\"\n\n- \"Sí, claro que lo he considerado. Inclusive he estado una hora al día pensando en ellos debido a mis remordimientos. Por eso he usado un hechizo que bloquea los recuerdos dolorosos.\", dijo ella, sin emoción alguna.\n\n- \"Disípalo\", le dijo Armis.\n\n- \"No. Aún tengo mucho por investigar.\", se negó Livindance.\n\n- \"¡No puedes vivir sin recuerdos!¡No eres un golem!\", gritó Livancy.\n\n- \"¿No dedicas ni siquiera un segundo al día recordando a tus seres queridos?\", digo Lurrol, curioso.\n\n- \"Pobre hechicera.\" Dijo Tugstoth.\n\n- \"¿Qué eres tú?\", dijo Geond, levantando una ceja.\n\n- \"No puedes vivir sin tus recuerdos. Es como respirar. Los recuerdos nos reconfortan cuando estamos solos y nos dan fuerza para seguir adelante. Hay recuerdos dolorosos, sí los hay, pero también hay recuerdos que vale la pena guardar, aunque sea uno.\", declaró Armis.\n\n- \"Ustedes no entienden. Yo Soy la magia\", dijo ella inmutable.\n\nLivancy se levantó, entre lágrimas, y se acercó a Livindance. Su mano mojada pasó por la cara de la anciana. La abrazó mientras ella permanecía sentada sin inmutarse.\n\n- \"Esas cosas alguien las descubrirá algún día. Por favor, libérate. Disípalo\", rogó Livancy.\n\n- \"Me rompes el... corazón... ah\", dijo la anciana. Su expresión cambió por un segundo. Cerró los ojos, mostró los dientes, parecía estar obrando mentalmente. Volvió a su expresión normal y volcó su cabeza hacia atrás del respaldo de la silla. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y caían al suelo. Se volvió hacia Livancy, levantó los brazos y la abrazó. Permanecieron así un rato.\n\nCuando se comenzaron a separar, Livancy preguntó:\n\n- \"¿Volverás con nosotros?\"\n\n- \"No. Lo lamento, pero aún no puedo hacerlo. Aún soy demasiado peligrosa. Pero he disipado el hechizo que mantenía cautivos mis recuerdos y nunca más lo he de usar. Recordar a mis seres queridos una hora al día no es tiempo perdido después de todo. Cuando termine de investigar intentaré visitar la aldea, pero dudo conseguirlo.\"\n\nLivancy se secó las lágrimas y dijo, con fortaleza: \"Sabes que aún te queremos. Cuando quieras volver, serás bienvenida.\" Y volvió con el resto del grupo.\n\n- \"Eres una hechicera poderosa, ¿Podrías teleportarnos al monte del tesoro? No te será gran molestia, supongo.\" dijo Geond.\n\n- \"Puedo teleportarlos a una guarida de orcos aquí cerca. El resultado será el mismo, pero me esforzaré menos\", dijo Livindance, con buen humor.\n\n- \"Unos cuantos orcos no son nada contra Tugstoth\", dijo Tugstoth.\n\n- \"¿Y qué tal unos cuantos cientos?\", dijo ella nuevamente.\n\n- \"Puedes darnos alguna ayuda, por lo menos?\", dijo Geond.\n\n- \"Ahí me pides algo más racional.\" dijo Livindance \"Déjame fijarme\" y dejó de verse al irse por un pasillo de la cueva. Volvió unos minutos después portando algunos pocos objetos extraños. Se tendió hacia Armis y le obsequió una pequeña vasija plateada tapada por un corcho. Le dijo \"Cuando te encuentres en problemas o alguien cercano a ti lo haga, bébela u obséquiasela a quien la necesite y un poder mágico obrará a través suyo y les dará poder suficiente como para vencer enemigos poderosos.\" Se dirigió ahora hacia Livancy y le otorgó un pergamino, y le dijo \"Tú eres la única del grupo que podrá leerlo, por eso te lo obsequio a ti. Se trata de un hechizo extremadamente poderoso que convoca a un ser que peleará por ustedes con una fuerza y un fuego que no tiene par en estas tierras. Úsalo con sabiduría.\" Livancy asintió y lo guardó. La anciana se paró frente al grupo ya sin objetos mágicos y su expresión daba la sensación de que iba a decir un discurso de despedida. De repente \"¡Y para nosotros!, ¿Qué?\" dijo Geond de mala gana. Livindance respondió \"¿No tienen la poción que le he obsequiado al joven apuesto? Estoy segura que el se la dará a quien la necesite en el momento indicado. Lo que les quería decir es que deberían dejar este lugar lo antes posible. Mi 'guarida' tiene protecciones mágicas que actúan cada cierto tiempo. Este lugar está, en realidad, en un sitio oculto de nuestro mundo, pero su salida a la superficie cambia de lugar cada dos horas. Así como en este momento la salida se encuentra en los bosques de las tierras orcas, en un corto lapso de tiempo estará en las tierras del norte, o tal vez en las tierras del oeste. En todo este tiempo, nunca nadie había encontrado la entrada, hasta que el pequeño Lurrol resbaló y cayó aquí, y me comentó que venía con un grupo en busca de aventuras. Ahí es cuando, luego de escudriñar su mente, pude saber que era acompañado por ustedes y por una joven con quien tenía parentesco. Por favor, váyanse ahora, no querrán perder a un integrante del grupo, ¿o si?\"\n\nEl grupo comenzó su retirada y todos saludaron y fueron subiendo la ligera cuesta empinada. Livancy fue la última, y se acercó y dio un beso a Livindance. \"Adiós, abuela\". \"Adiós, Livancy\", dijo la anciana, con sus labios moviéndose. Livancy se dirigió a la salida, dio una vuelta, sonrió, y comenzó su subida hacia la salida. Ya, cuando todos terminaron de subir, Tugstoth dijo \"Debimos pedirle algo contra la lluvia\". Seguía lloviendo a cántaros, entonces retomaron su camino y siguieron adelante hasta altas horas de la tarde, cuando la lluvia comenzó a ceder. El cielo mostraba uno de sus mejores rostros: los cúmulos nimbos daban una sensación de inmensidad al cielo que, por primera vez en el día, dejaba verse con un azul radiante que emanaba tranquilidad. El grupo ahora se hallaba mojado y cansado por haber caminado todo el día con pesadas ropas, por lo que decidió armar el campamento más temprano que de costumbre. Todos se dispusieron a buscar la madera más seca posible para armar una fogata con la que secar algunas mudas de ropa. Reunieron una aparatosa montaña, en la que Armis, Tugstoth y Geond trataban de prender fuego en tres vértices opuestos. Mientras, Livancy y Lurrol estaban buscando en las mochilas de todos lo que estuviera mojado para darle un poco de aire del exterior. Dijo ella \"Aún me tiene marcada lo que dijo Livindance, ¿Todos los de mi familia son adictos a la magia? Mi padre es un comerciante que trabaja de pueblo en pueblo y, cuando puede, nos visita y nos trae provisiones y oro; mi madre es una persona letrada que trabaja en la biblioteca y además copia libros. Sólo en ratos libres se dedica a aprender y a curiosear con escritos mágicos que tiene al alcance. ¿Cuál de ambos es 'adicto' a la magia?\" \"En mi familia somos amantes de las tartas de ciruela, pero veo que lo tuyo es más grave\" - dijo Lurrol, tratando de compartir el pesar - \"No le des importancia, si te mantienes con nosotros no tendrás tiempo de volverte pesada con la magia.\" y sonrió, con sus mejillas rosadas por el frío. Livancy sonrió por un momento y siguió revisando los bolsos. Mientras tanto, los tres pequeños adultos se hallaban abocados a la tarea de crear una llama en medio de la humedad reinante. Tugstoth, mientras giraba la madera, la empujaba hacia abajo, tratando de llegar a una parte más seca de la misma; Geond se concentraba en hacer los giros más rápidos que los otros dos y su velocidad era sorprendente. Armis, por su parte, hacía girar la madera con la menor cantidad de movimiento posible, así la fricción de las maderas era más constante y el calor no se perdía entre un giro y otro. Cerró los ojos y trató de imaginar una escena que le parecía conocida, un \"dèja vu\" tal vez. Visualizaba un enorme castillo aéreo que ascendía desde un pilar a cientos de kilómetros de la tierra. Frente al castillo se hallaba un guerrero montando un dragón color púrpura grisáceo. El guerrero estaba vestido con un radiante casco que le cubría toda la cara y en la parte de arriba dejaba escapar un mechón de pelo blanco. Sus ojos no estaban a la vista, pero su mirada emanaba un rojo que hubiese intimidado a cualquier criatura con la que se enfrentara. Su armadura de placas era brillante, pues reflejaba de manera cegadora la luz del sol y llevaba el estandarte de la corte clerical de Sylphis. Sus poder y fortaleza debían ser magnánimos pues controlaba una bestia como pocas: Un dragón mítico de las montañas de Um. Estos llamativos dragones eran adorados en la antigüedad como dioses, pues su fuerza y sus devastadoras bolas de fuego podían erradicar ciudades enteras de un soplido. Se criaban en los volcanes y absorbían el fuego que los nutriría para su crecimiento y los haría invencibles es su madurez. La criatura se veía amenazante y más aún con tal jinete. Amenazantes e imponentes, llevaban guardia del primer y gran Castillo Blanco. Su base era semejante a la de un roble macizo, pero a medida que crecía se hacía nudoso y mostraba un gran número de pequeñas ventanas, que iban creciendo en tamaño hasta terminarse y volver a aparecer unas mucho más grandes en la cima, que tenía forma nubosa y extendía numerosas pistas aéreas. Su historia habla sobre que fue construido por Sylphis en los viejos tiempos, al materializar una gran tormenta. De repente sintió un inmenso calor, abrió los ojos y Armis vio que sus mangas se estaban quemando. Vio que la fogata estaba creciendo y corrió gritando \"¡Aaaay!\" hacia el charco más cercano, en el que hundió los brazos. Todos lo estaban viendo y Geond quería reírse pero contenía la tentación. Ya con todos tranquilos, extendieron sogas por los árboles cercanos a la fogata, cuidando que no estén demasiado cerca y colgaron ropas que necesitarían secas lo antes posible. Todo este trabajo les había tomado un par de horas, por lo que al haber terminado, había caído la noche. Lurrol, junto con Livancy, habían puesto una gran vasija resistente al fuego en la fogata, junto con un poco de agua y unos deliciosos tubérculos, pero al impacientarse, Tugstoth había sacado uno de los tubérculos, lo había atravesado con una rama y lo puso al fuego. Los demás lo imitaron hasta que Lurrol y Livancy hicieron lo mismo. Mientras la mandioca de cocía, Lurrol susurró: - \"Que bien que aún no encontramos más orcos. Si seguimos con esta racha, llegaremos sin ningún esfuerzo al Monte del Tesoro.\"\n\n- \"¡Tonto! Hablar de ellos es como llamarlos\", dijo Geond.\n\n- \"¿Crees es supersticiones?\", dijo Tugstoth.\n\n- \"Creo que debimos tratar de pasar más desapercibidos.\", respondió Geond.\n\n- \"¡Desapercibidos mis polainas! Si no fuera por esta gran fogata seguiríamos mojados hasta los huesos.\", dijo Lurrol, queriendo sonar agresivo. \n\n- \"Debemos estar alerta, marrano. Eso es lo mejor que podemos hacer.\", dijo Geond.\n\n- \"¡Ya sé! Hagamos guardias dobles. De esta forma, estaremos más atentos pues dos cabezas piensan más que una.\", dijo Livancy.\n\n- \"Me gusta la idea\", dijo Armis. El rostro de Geond se ensombreció.\n\n- \"Está bien. Hagámoslo.\", dijo Tugstoth.\n\n- \"Bien...Me ofrezco a ir primero y los demás echen suertes.\" Dijo Geond.\n\n- \"¡Hagamos piedra, papel o tijera!\", dijo Armis. \"Quien gane la primera ronda, jugará con el vencedor.\"\n\n- \"¡Piedra, papel o tijera!\", dijeron Livancy y Tugstoth al unísono. Tugstoth usó piedra y Livancy papel. Ella había ganado.\n\n- \"¡Piedra, papel o tijera!\", dijeron Armis y Lurrol. Armis sacó tijera y Lurrol papel. La ronda sería entre Armis y Livancy.\n\n- \"¡Piedra, papel o tijera!\", gritaron Armis y Livancy. Ambos sacaron papel.\n\n- \"¡Piedra, papel o tijera!\", gritaron ambos con más fuerza. Livancy sacó tijera y Armis, piedra. Armis haría la primera ronda junto con Geond. La segunda la harían Tugstoth y Lurrol. La tercera la iban a hacer Livancy y Amigo, el caballo. Geond insultó por lo bajo, pero nadie escuchó.\n\nPara no dormirse, charlaban por lo bajo. Geond hablaba continuamente sobre las piedras preciosas sobre las que conocía, decía \"El circón es de un azul pálido, no de un azul vivo como el zafiro.¿Sabías que la esmeralda se consigue solamente a una altura de seiscientos metros por debajo del nivel del suelo? Es un enigma para los enanos, pero algunos que dicen ser alquimistas pueden convertir el carbón en piedras valiosas. Yo no les creo, son puras patrañas, ¿Tu que crees, eh, Armis?\" Armis estaba muy atento, meditando sobre lo que había dicho Geond. Dijo \"No lo se. Puede ser cierto, pero no se más de eso que tú. Por favor, sigue contando\". \"Bien, por donde estaba... ¡Ah, sí, el carb... ¡¿Qué es ese sonido?!\", dijo Geond, llamativamente. Armis respondió \"Yo no escucho nada.\" Geond dijo \"Viene de allí\", señalando un agujero entre los árboles \"¡Vamos!\", dijo. Armis se levantó y vio que la expresión de Geond denotaba un miedo latente. \"Vamos, apúrate\", reiteró Geond. \"Está bien, amigo. Vamos.\" Le dijo Armis mientras ambos comenzaban a correr. Mientras Armis seguía a Geond, le preguntó \"¿Pero qué es lo que has escuchado?\". Contestó Geond \"Me pareció el choque de muchas armas juntas. Es difícil de explicar, pero eso fue lo más cercano a lo que creí escuchar. Pero apresúrate, debemos ver qué es.\" A Armis le costaba cada vez más seguir a Geond, le empezaba a perder distancia, y notaba que se estaban alejando cada vez más del campamento. Corrieron algunos minutos hasta que Armis se distrajo y miró un momento hacia otro lado y perdió de vista a Geond. No podía gritar porque se hallaba en tierras orcas, por lo que comenzó a seguir una dirección que creyó que era hacia donde se dirigía Geond. Pocos minutos después llegaba al campamento Geond. Sonriendo y con una gota de sudor bajando por su frente, fue hasta la mochila de Armis y comenzó a revisarla. Encontró la botella plateada, la retiró y guardó todo exactamente como lo había encontrado. \"Esta poción estará mejor bajo mi control\", pensó, mientras la guardaba en el fondo de su carcaj. Luego se incorporó y corrió hacia el bosque a un lugar cercano donde pudiera ver cuando viniera Armis, quien llegó bastantes minutos después. Estaba visiblemente cansado, pues había estado buscando a Geond un buen rato y luego había vuelto al campamento con la esperanza de encontrarlo. Geond notó que Armis estaba angustiado y se acercó a un árbol donde se tiró a recuperar el aliento. Estaba a punto de llorar cuando Geond salió de entre los árboles y le dijo \"Con que aquí estabas\". \"¿Estas bien?¡Temí que los orcos te hubiesen atrapado!\", musitó Armis. \"No hay problema, lo que hubo fue una especie de discusión entre los mismos integrantes de un grupo orco en el que se mataron y no quedó uno solo vivo.\", dijo Geond. \"Bueno, de alguna forma me reconforta que estemos todos bien y fuera de peligro.\", dijo Armis, algo más compuesto. Geond suspiró. Ambos se sentaron enfrentados y estuvieron en un silencio sepulcral hasta que despertaron a Tugstoth y a Lurrol. Todo pasó sin novedades en la segunda y la tercer ronda.\n\nLa mañana siguiente trajo su acostumbrada niebla cuando Livancy y Amigo despertaron a los demás. Desayunaron té caliente con pan de viaje proveído por Lurrol. Todo fue hecho con un ligero toque femenino debido a que Livancy hizo el té - y se quemó la lengua al probarlo. Juntaron todos sus mochilas y bolsas y siguieron su camino por el bosque. Con mucha cautela, iban Geond vigilando el frente de la compañía y Armis la retaguardia. Tugstoth se sentía inquieto, por lo que agarró una de sus hachas y comenzó a revolearla como ejercicio. Lurrol había encontrado una pequeña rama gruesa y estaba lijándola para hacer una flauta, queriendo emular a un niño explorador de uno de los cuentos que había escuchado más de niño. Livancy se daba tiempo para observar los árboles y quedarse revisando aquellos que le parecían más añosos. Estaba palpando un abedul nudoso cuando un grito \"¡Ha!\" la asustó y se le puso la piel de gallina, temerosa de que estuviera molestando a un Ent. Tugstoth estaba en su entrenamiento que terminaba en un golpe que debía ser gritado con determinación y furia. Se sentía orgulloso de su manejo de las hachas, pero Armis lo disuadió para que continuara en silencio. La niebla se disipó a las 10 de la mañana y, para sorpresa de todos, el Monte del Tesoro se encontraba a la vista. Era una elevación que estaba frente a ellos y se imponía, majestuosa, sobre la llanura circundante y guardaba celosamente quién sabe qué tesoros. Livancy determinó que se encontraban a no más de dos días de allí. Todos estaban con las energías renovadas al escuchar la noticia y Lurrol lamentó no haber terminado su flauta aún, por lo que redobló el empeño de su tarea. Geond advirtió \"No perdamos la guardia. Estamos muy cerca de nuestro objetivo pero recuerden que ya tuvimos un altercado con los orcos. No nos confiemos.\" Al darse cuenta de lo que dijo, todos sacaron sus armas y caminaron con más cautela.\n\nEran las cuatro de la tarde cuando todos escucharon unos balbuceos incomprensibles que provenían de donde los viajeros venían. Todos concentraron sus guardias hacia ese lado y siguieron caminando. Sin darse cuenta, un pie se posó sobre un montón de hojas puesto deliberadamente. Geond gritó \"¡¡Cuidado!!\" y todos se corrieron, pero en una fracción de segundo, una red se llevó a las alturas lo que pudo agarrar. Se encontraba Armis atrapado en las alturas y veía una bandada de orcos acercarse por ambos lados para atacar a sus amigos. Gritó desesperado \"¡Orcos!¡Orcos!\". Todos sacaron sus armas e hicieron una ronda alrededor del caballo. Estaban por un lado Geond, Lurrol y Livancy y, por otro, Tugstoth. Armis gritaba desesperado y trataba de romper la red con sus manos inútilmente. Mientras los orcos aún se acercaban, Geond pudo ver claramente sus intenciones y tuvo tiempo de disparar dos flechas a uno de ellos, que relentizaron su movimiento. Livancy sacó su honda y pudo revolear una piedra que no acertó, por lo que tiró la honda a un lado y sacó la daga. Los orcos llegaron al grupo y los rodearon, observándolos y dispuestos a atacar al menor descuido. Tugstoth comenzó la batalla, balanceando sus hachas y repartiendo una peligrosa sacudida con sus dos hachas que mató a un orco y dejó una grave herida profunda en otro. Dos orcos estaban frente a Geond, Lurrol y Livancy. Geond administró dos rápidos cortes en uno de ellos y promovió su furia. El que estaba observando a Lurrol y a Livancy se cansó y se tiró a atacar a Lurrol, que estaba más adelante. Trató de defenderse con su bastón y parcialmente lo logró, pero las garras habían hecho una mediana herida en su brazo derecho. Livancy aprovechó el descuido del orco y saltó y le clavó su daga en la pierna, entonces la bestia retrocedió en dolor y se llevó su daga clavada. Tugstoth seguía peleando y había eliminado tres orcos mas, y estaba bien aún, a pesar de llevarse ligeros golpes - una cortada por allí, un moretón por allá - hasta que vio entre la interminable multitud a tres orcos más grandes y de apariencia más forzuda que el resto. Geond siguió peleando contra el orco hasta que éste le propinó un garrazo que lastimó la parte izquierda de su cabeza y su hombro izquierdo. Su cabeza se hallaba plenamente descubierta y su cabello estaba revuelto - era pelirrojo - y mezclado con sangre. Gruñó como una bestia salvaje y antes de una milésima de segundo su daga estaba clavada en la cara del orco, girando y deformándola hasta que el último aire fue expulsado junto con salpicones de sangre negra. A continuación se posó detrás del orco que estaba con Lurrol y Livancy y le abrió un tajo gigantesco en la espalda, y entonces la criatura gruñó un instante y cayó ya sin aliento de vida. Mientras tanto, Armis estaba tratando de romper la red con su espada celeste y lo estaba consiguiendo, sólo que muy lentamente. Al mismo tiempo, Tugstoth hacía girar las hachas alrededor de él llevándose vidas de orcos mediante. En un momento, todos los orcos se corrieron y dejaron como un \"camino\" vacío entre Tugstoth y uno de los orcos fortachones que había visto anteriormente. Ambos se contemplaban, como acostumbraban hacer los guerreros en la antigüedad antes de sus duelos. Tugstoth veía en su enemigo una gran experiencia de combate y unos ojos que podrían romper el cristal con facilidad. Su piel era amarillenta y sus facciones era más refinadas comparadas a los demás orcos que había visto. Regulares fue un término que vino a su mente. Se hallaba vestido con una armadura con algunas partes de cuero y otras - las vitales - de metal. Su arma era un hacha  mediana que - pensó Tugstoth - debía moverse a una velocidad que superaba ampliamente la humana. Estaba nervioso, pero trató de no mostrarlo y, en el momento indicado, los dos guerreros se aproximaron corriendo a enfrentar el filo de sus armas. En el otro lado, estaban Geond, herido, luchando junto con Livancy y Lurrol. Con cada intercambio de golpes, parecía una suerte que Geond aún se mantuviera en pie y cuando parecía que estaba por caer, Lurrol se puso entre el orco y él. Dijo \"El mantecas de protegerá\", y comenzó a girar su bastón lo más rápido que podía. Pudo colocarle un par de bastonazos a un orco, pero quedó en muy mala posición y, a pesar de que Livancy también pudo ingeniárselas para golpear con una rama, Lurrol recibió un garrazo que se le hundió en el estómago, dejándolo sin aire y en shock. Livancy se puso miedosamente entre en orco y Lurrol, que estaba inconsciente en el piso. El orco se acercó con la intención de rebanarla y ella dejó su miedo y dio paso a la euforia de la batalla. Dijo \"¡Nosotros no vamos a morir aquí!¿Entiendes?¡¡No moriremos aquí!!\", con actitud desafiante. La criatura dio un garrazo pero se detuvo unos centímetros antes de llegar a la cara de la niña. Una espada celeste y con doble hilo atravesaba el cráneo de la criatura. Armis se hallaba sosteniéndola y dando algo de aliento a sus heridos amigos. \"De eso puedes estar segura\", dijo, con una sonrisa de alivio. Saltó a tierra y otro orco se le aproximaba. Con un rápido movimiento, hizo un corte ascendente que se marcó en la garganta del orco. Comenzó a pelear lleno de energía, pero sus enemigos eran interminables. A uno le hizo sucesivos cortes en el brazo derecho y finamente en el torso, a otro le hizo una sanguinolenta herida en la parte derecha de la mandíbula y luego se la clavó en el corazón y a otro lo inundó de cortes insignificantes y se echó para atrás y se perdió entre los demás. La pelea estaba dura - pensó - cuando escuchó un grueso choque de metales y sucesivamente un sonido de cuero y carne siendo cortados. A unos metros de allí, Tugstoth rodó y quedó finalmente boca arriba, con una gran herida que cubría desde su hombro derecho hasta la parte izquierda de su cintura. Sangre brotaba y él respiraba pesadamente. De repente, dejó de respirar. Ese momento se congeló para Armis y los demás. El miedo y el temor se apoderaron de su corazón y trató de gritar, pero en ese instante no podía. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Geond. \"La poción ¡Denle la poción!\", decía recostado en el suelo. (Yo la tengo), pensó Armis \"Mi mochila. Mi mochila. Mi mochila\", decía mientras la buscaba. \"No, la tengo yo\", dijo Geond, y se sacó el carcaj de su espalda, lo dio vuelta y tiró todas las flechas. Cayó también la pequeña botella plateada. \"¡Agárrala y corre!\" dijo Geond a Livancy. Ella lo miró por un segundo, dudando, e inmediatamente corrió hacia Geond, tomó la poción y corrió hacia Tugstoth, que yacía inanimado. Imprevistamente, un orco fue al encuentro con Livancy. La bestia se acercaba pero recibió un flechazo. Livancy miró a Geond y éste, con un arco en sus manos y desde el piso, le sonrió. Flechas se clavaban, flechas erraban, Livancy pudo llegar hasta Tugstoth. Sacó el corcho algo forzosamente y el vapor que brotaba de allí era grisáceo plateado, con chispas doradas. Lo volcó con miedo en los labios de Tugstoth. Nada sucedía. De repente sus ojos salpicaban luz amarilla, y la herida comenzaba a brillar, cada vez con más intensidad. Livancy se alejó. Unas ondas doradas palpitaban alrededor del guerrero. Su herida brillaba con un fulgor amarillo-blancuzco y se fue cerrando rápidamente. Cerró los ojos y cuando los abrió la luz que salía de ellos siguió aumentando. Su expresión se convirtió en la de una decidida venganza y se incorporó. Expulsaba un aura dorada que tomaba la forma de fuego a su alrededor. Su cabello parecía haberse vuelto brillante y dorado. Todos los orcos - inclusive con los que estaba peleando Armis - lo veían con atención y sorpresa. Tugstoth caminó hacia las armas que había arrojado y las recogió nuevamente. Fue hasta el lugar donde había retado al alto orco y gritó \"¡¡¡HRAAA!!!\" para retarlo nuevamente. El experimentado guerrero orco tuvo un dejo de miedo, pero confió en su experiencia y corrió a atacarlo. Tiró un hachazo que Tugstoth pudo bloquear exitosamente. Y otro. Lo lanzó hacia atrás y Tugstoth atacó con sus dos hachas. El guerrero orco pudo deflectar una y bloquear la otra, y rió confiado. El bloqueo sostenido que estaba haciendo requería mucha fuerza de ambas partes y pensó que Tugstoth no podría mantenerlo indefinidamente. Su confianza se desplomó cuando su hacha se partió y se hizo pedazos, y el golpe de Tugstoth entró de lleno y lo partió en dos. Su aura dorada seguía brillando y el guerrero rubio esperaba un nuevo contrincante. Nadie aparecía hasta que otro de los altos orcos se acercó con ánimos de un duelo. Éste era como el anterior, excepto que su piel era azul claro. Ni bien se movió, Tugstoth apareció frente a el y le propinó un corte vertical ascendente que le atravesó la armadura y siguió hasta atravesar su cabeza. A partir de eso, hizo una gran lluvia de hachazos que eliminaba a todo enemigo que estuviera cerca. Murió gran cantidad de orcos, inclusive el alto orco que quedaba, de tez roja. Los orcos, aterrorizados, se dispersaron y corrieron gritando y escapando para salvar sus vidas. Después de eso, el resplandor dorado que envolvía a Tugstoth se desvaneció y se sentó en un cadáver orco, puso el codo derecho en sus rodillas y se puso en pose de pensativo. Y se durmió. Los demás no podían creer lo que vieron. Ganaron la batalla gracias a la habilidad de Tugstoth y a la poción que Livindance les había obsequiado. Livancy pensó, exhausta, \"Gracias, abuela\". Lurrol se había recuperado mentalmente y estaba buscando en su mochila las vendas y demás cosas de primeros auxilios. Geond comentó \"Revisemos los cuerpos. Algo de utilidad debe haber por allí\". Livancy hizo una mueca de asco \"Fweg, revísalos tú.\", Dijo. \"Bien, lo haré. Lo que tengan los altos orcos es lo que más me puede llamar la atención\", dijo Geond. Lurrol untaba alcohol en las vendas, tomaba coraje y se las ponía. Gritaba \"¡Aaaah!\", \"¡Aaaahh, que dolorr!\". Armis descansaba, acostado en el suelo. Livancy recogió algunas vendas y desinfectante y perseguía a Geond, molestándolo para que se quede quieto para curarlo. Luego de un rato, Armis se incorporó y le gritó a Geond \"¿Has encontrado algo?\", y le respondió \"Unas pocas monedas y un par de hachas de buena calidad. Lo demás son despojos de armas.\" Una de las hachas medianas tenía una insignia y un pañuelo rojo; la otra era exactamente igual pero azul. \n\nDijo Armis \"Guarda tú las monedas, te las pediremos a medida que las vayamos necesitando, amigo.\"\n\n- \"¿Cuánto es?\", preguntó Lurrol.\n\n- \"Seis monedas de oro y dos de plata\", respondió Geond.\n\n- \"¿No era más? Me pareció que recogiste más\", cuestionó Livancy.\n\n- \"No, te habrá parecido.\", mintió Geond, quien había apretado las cincuenta y cuatro monedas de oro en una pequeña bolsa para que no hagan ruido.\n\n- \"Geond, hay algo que me inquieta. ¿Por qué tenías tú la poción?¿No acordamos que yo la llevaría?\", preguntó Armis.\n\n- \"Yo no acordé tal cosa. Esa decisión nos fue impuesta por aquella anciana, sin consultárnoslo. Pero lo importante es que los vencimos, ¿No es así?.\", dijo Geond poniéndose la capucha nuevamente.\n\n- \"Sí, sólo que...\", dijo Armis.\n\n- \"No cuestiones mis métodos. Son los mejores para el grupo\", lo calló Geond. Armis no sabía qué decir, así que no dijo nada y quedó pensando un largo rato. Mientras, Lurrol se ocupaba de vendar a todos. Cuando se acercó a Geond con el alcohol, éste irguió su puño de forma amenazante y Lurrol decidió dejar el alcohol a un lado a la hora de vendarlo. Cuando Armis se incorporó, sintió que le dolía todo el cuerpo y sugirió a los demás la idea de quedarse hasta mañana a descansar. Livancy sugirió que era mejor irse a un lugar escondido a descansar, como una zona más poblada del bosque, y concordaron en que comenzarían la caminata al rayar el alba.\n\nArrastraron todos a Tugstoth, dormido aún, hacia una zona completamente llena de vegetación y establecieron allí un precario campamento, en la segura cobertura de arboles y arbustos. Los muchachos dejaron los equipajes a un lado y se ocuparon de hacer las camas, pero Livancy estaba viendo sus libros y pergaminos, mientras los comparaba con el que le había obsequiado su abuela. Tenía la vista posada en la primera runa - o lo que parecía ser la primera, pues no se podía saber - y la buscaba una y otra vez en sus apuntes y libros.\n\n- \"Deberías saber que no encontrarás exactamente el mismo símbolo en tus escritos, Livancy\", le dijo Geond, quien se hubo acercado sin sonido alguno.\n\n- \"¡Claro que lo sabía!\", rió nerviosamente ella. \"Pero aquí, en algún lugar, debería decirme cómo encontrarlo, o a qué debe ser parecido.\"\n\n- \"No cuentes con eso\", declaró Geond. \"La lectura de las runas es algo que sabe un mago de forma inherente. Es como un talento que permite leer e interpretar lo que otros magos escriben.\", dijo Geond.\n\n- \"¿Y cómo sabes tanto?\", interrogó Livancy.\n\n- \"Es fácil. Fíjate en el texto completo y te darás cuenta que, por los patrones básicos y las formas que circundan la primer runa, ésta quere decir algo como \"materia\" o \"existente\". Ojalá hubiera una forma de explicártelo.\", dijo Geond.\n\n- \"¡Admirable! ¿Pero dónde lo aprendiste?\", dijo Livancy arqueando una ceja.\n\n- \"Eso no es algo que se aprende, es algo que se sabe\", respondió grandilocuentemente Geond.\n\nLivancy se sintió ofendida, por lo que se dió vuelta con todos sus libros y se encontró frente a frente, cara a cara con Armis, y se asustó, y gritó \"¡¡WAAH!!\" y todos sus libros y notas salieron por el aire.\n\nTodos - menos Tugstoth - estaban ayudando a Livancy a recoger sus papeles, cuando Armis se preguntó \"¿Qué tan difícil puede ser leer un pergamino?\". Livancy escuchó y dijo:\n\n- \"¡Ay, si supieras!¡Todas las runas están conectadas unas con otras y deben ser interpretadas como una totalidad!¡Y no solo eso, sinó que cada signo debe ser intencionado mentalmente y expresado físicamente en sincronía! Es como convocar y mezclar las fuerzas primordiales para llevarlas al resultado deseado, y todo eso con el coco. Es una receta de cocina con ingredientes metafísicos.\"\n\n- \"Si de recetas de cocina hablan...\", atinó Lurrol, pero fue interrumpido por Geond, que dijo:\n\n- \"Este pergamino que nos regaló la anciana podrá salvarnos la vida como lo hizo la poción con Tugstoth, así que será mejor que le prestemos más atención en resolverlo. Si quieres, te daré mi ayuda para transcribirlo y hacer algunos bocetos del mapa de runas.\"\n\n- \"Por mí está bien, ¿Qué dicen, chicos, podemos quedarnos resolviendo el pergamino mientras ustedes hacen guardia?\", dijo Livancy.\n\n- \"Uhm, bueno, está bien\", dijo Armis, quien miró a Lurrol y éste levantó los hombros satisfactoriamente. \"Pero para la última guardia despertaremos a Tugstoth.\"\n\nAsí que cuando hubieron jutado todos los papeles, Livancy comenzó a investigar el pergamino con la ayuda de Geond, mientras Armis vigilaba. Una mínima fogata hecha por Armis brindaba luz, y éste se había subido a un árbol para montar mejor guardia. Geond movía la mano derecha de un lado a otro del pergamino señalandole los símbolos a Livancy.\n\n\"Ist a hura magne\", mientras su mano cambiaba de lugar y de forma. \n\nLivacy se la bajó y le dijo \"¡Lo vas a gastar!¡Estúpido!\".\n\n\"¡Tonta! No lo iba a lanzar. Me faltaba la intención. Si no tengo la intención de usarlo, éste no entra en uso.\", contestó molesto Geond.\n\n\"No vuelvas a hacerlo\", reclamó Livancy, pero Geond le hizo \"Bsshhh\".\n\n\"¿A mí me vas a callar?¡¿A mi me vas a callar, eh?!\", dijo Livancy casi gritando. \"Muchachos...\", dijo Armis desde arriba, \"tranquilícense\".\n\n\"Armis tiene razón. No hagas bullicio.\", dijo Geond.\n\nEntonces Livancy se sentó, mientras que Geond siguió un momento en su lugar. Luego se acercó a ella, que lo vió con furiosos ojos y le dijo \"Fuera...\". Armis intervino para calmarla, le dijo \n\n\"Puede que no te guste, pero si queremos tener las mejores chances de sobrevivir, es muy importante que aceptes la ayuda de Geond. Trata de dejar tu enojo a un lado, aunque sea por esta noche.\" \n\nLivancy suspiró y le respondió \"Con dos condiciones: que no haga cosas extrañas y que tampoco hable.\".\n\nArmis le dijo, convalesciente, \"Livancy, lo que pides es demasiado... resbuscado.\"\n\n\"Es lo que pido\", clamó ella.\n\n\"No es tiempo de caprichos. Si no hacemos lo mejor que podemos en este momento, dudo que lo podamos hacer más adelante.\", dijo Geond.\n\nArmis iba a hablar pero Livancy lo interrumpió diciéndole \"¡Yo también quiero decodificar el pergamino lo antes posible, pero al lado de este engreído es imposible!\"\n\n\"Creo que deberías medir tus palabras a lado de Livacy, Geond. Por favor, por esta noche te lo pido\", dijo Armis.\n\nGeond suspiró y miró fríamente a Armis, quién le preguntó \"¿Está bien?\"\n\n\"Pues no dijo que no\", dijo sobradoramente Livancy y se arrimó los libros, y le hizo una seña para que Geond se acercara y entonces comenzó a investigar. Al cabo de un rato, Geond se acercó y un poco después empezó a responder a las preguntas que Livancy le iba haciendo. \n\n",
  "writing_bbcode_parsed": "<span style='word-wrap: break-word;'>Armis - Explorador, palad&iacute;n, so&ntilde;ador.<br /><br />Lurrol - Sacerdote, amistoso, t&iacute;mido.<br /><br />Geond - Ladr&oacute;n, astuto, controlador.<br /><br />Tugstoth - B&aacute;rbaro, vividor, bruto.<br /><br />Livancy - Maga, culta, curiosa.<br /><br />Armis estaba revisando la espada que le hab&iacute;an dado. Al mirarla desde la parte baja del mango, pudo ver que estaba ligeramente curvada &quot;hhmm...&quot; murmur&oacute;. La insignia de Thor adornaba la empu&ntilde;adura y su hoja era celeste y un doble hilo, que recorr&iacute;a la parte central de la misma mostraba su origen Metaliero. El joven Armis llevaba el pelo lacio, marr&oacute;n claro, a la altura del hombro y lo ten&iacute;a atado con una soga al estilo cola de caballo. Sus ojos eran azules y poco reflexivos, pero transmit&iacute;an en esa juventud una pasi&oacute;n por la aventura que no se ve&iacute;a a menudo en la aldea que viv&iacute;a. Su ropaje era el de un plebeyo, con parches de cuero en las partes rotas y desgastadas. Ri&oacute; con simplicidad y guard&oacute; la espada en su vaina, que afirm&oacute; a su cintur&oacute;n. Estaba con sus amigos, y todos formaban una ronda. A su izquierda estaba Lurrol, el m&aacute;s joven del grupo, un regordete que siempre andaba de buen humor y dec&iacute;a estudiar los manuscritos religiosos con el fin de convertirse en un sacerdote. A la derecha de Armis se hallaba Geond, un muchacho h&aacute;bil de manos y de movimientos, que siempre era excesivamente precavido y pod&iacute;a escurrir su mano en cualquier bolsillo y sacarla antes de dos aplausos consecutivos. Nunca tuvo un lugar fijo para vivir, hasta que lleg&oacute; a la aldea y estuvo rondando en ella por un mes en busca del hogar m&aacute;s acaudalado del lugar. Al no encontrarlo, fue al templo y opt&oacute; por quedarse un par de d&iacute;as con el fin de llevarse lo m&aacute;s valioso del sitio. Eso fue hasta que Armis lo vio jugar con una br&uacute;jula que se pasaba entre los dedos como un l&aacute;piz y le cont&oacute; en secreto la salida. A la derecha de Geond estaba Livancy, una aficionada a las antig&uuml;edades y estudiante de magia, que se encontraba ansiosa por visitar lugares de edades pasadas y tener conocimiento de criaturas ancestrales, siempre y cuando haya garant&iacute;a de salir con vida, claro. Al otro lado de Livancy se hallaba Tugstoth, quien era el de m&aacute;s edad del grupo y podr&iacute;a guiarlos, de no ser porque todo su tiempo se repart&iacute;a en buscar armas poderosas, entrenarse para ser m&aacute;s fuerte y llevarse cualquier cosa que encontrase a la cama por la noche. Sus violentos 16 a&ntilde;os eran algo que portaba orgullosamente con todas sus cicatrices de combate y sus proezas para su temprana edad, que aumentaban de magnitud en la misma medida que el alcohol en sus venas.<br /><br />-&quot;&iquest;Est&aacute;n listos?&iquest;Lurrol, Tugstoth, aguantan el equipaje?&quot;, dijo Armis.<br /><br />-&quot;Puedo aguantarlo, pero &iquest;no hay otra? &iquest;No podr&iacute;a llevarlo Geond?&quot;, contest&oacute; Lurrol.<br /><br />-&quot;Debido a mi estilo de pelea, no debo llevar pesos, por el caso de que nos agarren por sorpresa&quot;, se liber&oacute; Geond. Lurrol buf&oacute; y todos comenzaron la marcha.<br /><br />-Espero que el templo no note la falta de una de sus espadas antes de nuestro regreso... mejor dicho, antes de nuestra partida!- Armis pens&oacute; despreocupadamente y se dej&oacute; guiar por el resto.<br /><br />Seg&uacute;n el mapa de Livancy, su destino ser&iacute;a el &quot;Monte del Tesoro&quot;, cuyo nombre atra&iacute;a a todo aventurero que se atreviera a cruzar las vastas tierras orcas. El grupo seguir&iacute;a el camino que se unir&iacute;a poco a poco con el bosque, aunque poco antes consultar&iacute;an el mapa de nuevo y algunas referencias para tener una mejor idea de qu&eacute; camino tomar. El camino por el que viajaban en este momento era com&uacute;nmente transitado. Varias ciudades vecinas eran grandes centros de miner&iacute;a a los que concurr&iacute;a una gran poblaci&oacute;n enana, que llevaba riquezas a sus ciudades y a las que compraban su material. Geond lo sab&iacute;a porque ya hab&iacute;a robado un par de veces carros de propiedad enana, y sus tesoros no constaban de oro, sino que era de piedras decorativas de escaso valor. Pod&iacute;an admirar el cielo celeste cubierto con pocas nubes y con ciertas partes de color verde amarillento, pero nadie lo hac&iacute;a excepto Armis. A los costados del camino empezaba a florecer el bosque en su cuantiosa magnitud. Todos los tipos de verdes posibles se ve&iacute;an y el canto de p&aacute;jaros y los sonidos del bosque manten&iacute;a al grupo pac&iacute;fico, en un estado de relajaci&oacute;n pero al mismo tiempo de vigilia. Lurrol se fijaba todos los tipos de plantas medicinales de los que le hablaba su abuelo. &quot;Menta, fruno, lensas, bayas, salvia&quot;, dec&iacute;a. &quot;No, tensias&quot; corrigi&oacute; Armis. Lurrol buscaba las tensias cuando le pareci&oacute; ver un par de ojos que lo miraban con ganas de devor&aacute;rselo. Su piel se eriz&oacute;, su color se palideci&oacute; y empez&oacute; a correr como un descosido. Todos lo trataron de seguir, pero el vigor&nbsp;&nbsp;que ten&iacute;an no era tan fuerte como el que daba el miedo. Finalmente lo alcanz&oacute; Geond, que le atisb&oacute; &quot;&iquest;Qu&eacute; te pasa, mantecas?&quot;, a lo que Lurrol grit&oacute;, con las gotas de sudor cayendo por su frente, desliz&aacute;ndose por su cara y cayendo por su pera, con la cara colorada por lo corrido &quot;Un monstruo, o un lobo estaba ah&iacute;, quer&iacute;a devorarme, yo lo s&eacute;&quot;. Geond alz&oacute; la vista. Luego se subi&oacute; a un &aacute;rbol. Estuvo all&iacute; hasta que llegaron Armis y Tugstoth, y cuando lo hicieron Lurrol les dijo &quot;Geond subi&oacute; a un &aacute;rbol. No s&eacute; que estar&aacute; haciendo.&quot; De pronto &iexcl;Crack! una rama se rompe, y Geond desciende del &aacute;rbol de un salto con la rama en la mano. Le corta las ramas m&aacute;s peque&ntilde;as y dice &quot;Fresno, una madera dura para que la uses de bast&oacute;n. No es mucho pero -y por eso- te ir&aacute; perfecto. &Uacute;sala contra cualquier bestia que te ataque.&quot; &quot;Gracias&quot;, le agradeci&oacute; Lurrol con expresi&oacute;n apenada. Armis pens&oacute; que faltaba algo &iexcl;Claro! Como un flash, grit&oacute;: &quot;&iexcl;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Livancy!?&iexcl;Esa bestia la agarr&oacute;, seguro!&quot;. En ese momento llegaba la aprendiz de mago, respirando agitadamente y movi&eacute;ndose torpemente a causa de su ropa. Estaba despeinada y roja como un tomate pero todav&iacute;a ten&iacute;a energ&iacute;a para gritar &quot;&iexcl;&iexcl;Como se les ocurre salir corriendo y dejarme en un lugar as&iacute; sola!!&iexcl;Ni un solo caballero!&iexcl;Son todos machos brutos que no se preocupan por una se&ntilde;orita!&iexcl;Ahora se ponen todos rojos!&iquest;Alguien pens&oacute; en lo que me pod&iacute;a pasar?&iexcl;No, nadie!...&quot; y as&iacute; sigui&oacute; ella, dando sermones hasta que, despu&eacute;s de hacer el campamento y cenar, se fueron a dormir. Livancy sigui&oacute; gritando en los sue&ntilde;os de Tugstoth hasta que le toc&oacute; su guardia.<br /><br />La ma&ntilde;ana comenz&oacute; a las 7 a.m. Geond no se despert&oacute; debido a que no hab&iacute;a dormido, y ahora estaba fatigado y somnoliento, por lo que busc&oacute; un lago cercano y se lav&oacute; los ojos, la cara, el cabello, todo, con el fin de estar fresco para el d&iacute;a que venia y que nadie notara su estado. Pero hab&iacute;a tardado en secarse y ahora estornudaba. Armis sab&iacute;a secretos b&aacute;sicos de supervivencia, y cuando los otros tres se despertaron, los esperaba con una canasta llena de bayas, junto a Geond, que miraba mientras aquel las pelaba. &quot;Estos se conocen como n&iacute;speros. En esta zona los hay durante tres meses y son muy sabrosos, pru&eacute;benlos.&quot; dijo. Todos agradecieron a Armis, y el les dijo &quot;No me agradezcan a m&iacute;, agradezcan a Gaea.&quot; Y comieron. Se levantaron satisfechos, guardaron todo y siguieron con la traves&iacute;a. Regresaron al camino principal y anduvieron con calma. Armis y Lurrol observaban las plantas y arbustos buscando aquellas que sirvan para curar. Geond caminaba mientras, con una cuchilla, lijaba una rama para usarla como flecha, pero siempre quedaban como estacas. Tugstoth quer&iacute;a molestarlo pero se hallaba ocupado relat&aacute;ndole sus haza&ntilde;as a Livancy, quien se empe&ntilde;aba en ignorarlo. Repentinamente, algo que se confund&iacute;a con un &aacute;rbol pareci&oacute; moverse. &iexcl;Ey! grit&oacute;. Armis fue el primero en acercarse. &quot;&iexcl;Vengan, no soy peligroso!&iexcl;No les voy a hacer nada!&quot; Una manta color marr&oacute;n oscuro se movi&oacute; y agit&oacute; por un instante. Una parte de s&iacute; misma se movi&oacute; hacia atr&aacute;s, revelando la cara de un anciano maltrecho, con barba larga, sucia y enrulada, con marcadas ojeras y manchas en su calva, y unos pocos dientes amarillos que se ve&iacute;an desde su desagradable sonrisa. Era flacucho y parec&iacute;a consumido, un guerrero cobarde que acudi&oacute; solo a una guerra. &quot;Dermethios gusta darle conocimiento a los ni&ntilde;os&quot;. Geond buf&oacute;. &quot;&iexcl;Calla!&iexcl;Puedo ser tu abuelo! Ahora escuchen. Yo s&eacute; que camino est&aacute;n tomando, y esa no es la respuesta. &iexcl;Vuelvan por donde vinieron, peque&ntilde;os rebeldes!&quot; Armis ten&iacute;a cara de no entender y dijo &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qu&eacute; se refiere?&quot;. El viejo dijo &quot;Nunca es bueno escaparse de la casa. Esa no es la soluci&oacute;n &quot;- lade&oacute; la cabeza de un lado a otro -&quot;No, no, no. Yo lo hice y miren donde estoy. Sigan el consejo del abuelo, vuelvan a su casa.&quot; Armis dijo &quot;Se&ntilde;or, nosotros somos un grupo de viaje al Monte del Tesoro. Somos aventureros y sabemos los peligros que corremos. No somos rebeldes, simplemente tenemos ganas de vivir aventuras.&quot; &quot;&iexcl;Y de viajar!&quot; agreg&oacute; Tugstoth. El anciano respondi&oacute; a todo esto: &quot;Esta juventud... &iexcl;cada vez salen de sus casas m&aacute;s j&oacute;venes! En mis tiempos sal&iacute;amos a los 20 a&ntilde;os, despu&eacute;s de casarnos y tener hijos. Ahora todo es un desorden. Bien, vayan, ni&ntilde;os cretinos, que puedo hacer yo para detenerlos.&quot; Armis abri&oacute; su bolsa de monedas y sac&oacute; dos de las cinco monedas de oro que pose&iacute;a. Se las dio al anciano. &quot;No se preocupe por nosotros. Podemos cuidarnos solos.&quot; dijo, mientras todos se alejaban. Cuando estaban a la distancia, el anciano se levant&oacute; y les grit&oacute; &quot;&iexcl;Pero hacia all&aacute; est&aacute;n las tierras orcas!&quot;. Armis levant&oacute; un brazo y respondi&oacute; &quot;Ya lo sabemos&quot;. Y continuaron el viaje.<br /><br />Lurrol estaba muy feliz por tener su nuevo bast&oacute;n. Lo revoleaba, lo agarraba haciendo poses de combate, lo hac&iacute;a girar torpemente y lo hac&iacute;a caer de sus manos. Un par de veces golpe&oacute; a Armis y una vez a Geond, quien se lo quit&oacute; un rato. Fue grave cuando golpe&oacute; a Livancy, un golpe directo en la parte trasera de la cabeza, justo en el medio del cr&aacute;neo. Tuvo la suerte de que cay&oacute; inconsciente, pero cuando volvi&oacute; en s&iacute;, luego de enfrentarlo con una mirada asesina, su pie derecho golpe&oacute; la ingle de Lurrol en una fracci&oacute;n de segundo, quien cay&oacute; y experiment&oacute; tanto dolor que fue incapaz de moverse y tuvo que ser llevado a cuestas de Tugstoth para no retrasar el viaje. Livancy tuvo un gran chich&oacute;n en la parte trasera de la cabeza, que se hubiera notado mucho de no ser por su larga cabellera. Lurrol fue separado de su bast&oacute;n y sufri&oacute; miradas especialmente fr&iacute;as de parte de Livancy y Tugstoth, adem&aacute;s de la mirada fr&iacute;a normal de Geond. Por suerte estaba Armis, quien lo consolaba lo mucho que pod&iacute;a.<br /><br />Los d&iacute;as fueron calmando los &aacute;nimos&nbsp;&nbsp;- pasaron cuatro d&iacute;as caminando - mientras Armis se ocupaba de vigilar desde adelante el trayecto e informar de cualquier cosa, sea importante o no; Geond gustaba de caminar con las manos y subir a los &aacute;rboles que se encontraban dif&iacute;ciles de escalar; Lurrol se manten&iacute;a vigilando la retaguardia del grupo, a distancia segura como para entrenar el uso del bast&oacute;n sin ser molestado ni molestar a alguien; Tugstoth buscaba animales para cazar o trataba de impresionar a Livancy con el extraordinario uso de sus hachas - que balanceaba una en cada mano y las manejaba con una maestr&iacute;a formidable -, mientras ella lo rechazaba y se ocultaba en la lectura de sus escritos m&iacute;sticos.<br /><br />Los &aacute;rboles se fueron haciendo de hoja mas dura y de un verde m&aacute;s oscuro. La temperatura comenzaba a descender. El grupo estaba cerca de las tierras orcas. Nadie hab&iacute;a visto nunca un orco. Armis hab&iacute;a escuchado historias en la aldea sobre estas criaturas. Viciosas, &aacute;vidas de pelea, con un peque&ntilde;o caudal de inteligencia, pero por sobre todo ansiosas de causar el mal. Se necesitaban muchos hombres para terminar con uno de ellos. Se le form&oacute; un nudo en la garganta y dese&oacute; no encontrarse con ninguno de ellos durante el viaje. El camino se hac&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s angosto y Geond le pidi&oacute; a Livancy que revisara el mapa y sus notas con tal de seguir un trayecto lo m&aacute;s seguro posible. Todos vieron el mapa y dieron sugerencias. Armis sugiri&oacute; que Livancy tendr&iacute;a la decisi&oacute;n correcta. Tugstoth estaba de acuerdo con Armis. Livancy no se decid&iacute;a qu&eacute; camino tomar, si alguno de los principales o una entrada por las colinas. Geond marc&oacute; dos caminos que ser&iacute;an los m&aacute;s probables a seguir. Lurrol sugiri&oacute; el m&aacute;s corto de los que mostr&oacute; Geond. Todos concordaron que all&iacute; ser&iacute;a por donde ir&iacute;an.<br /><br />La noche se empezaba a manifestar; un anillo anaranjado abrazaba el mundo, siendo tan espectacular que dej&oacute; a Armis y a los dem&aacute;s maravillados por unos minutos. El primero en dejar de mirar fue Geond, quien fingi&oacute; que nunca se distrajo. La noche estaba notablemente m&aacute;s fr&iacute;a y todos se acostaron m&aacute;s cerca de la fogata. El primer turno fue de Armis, que al no notar nada extra&ntilde;o al cabo de dos horas despert&oacute; a Lurrol. Lurrol se sent&oacute; de espaldas a un &aacute;rbol, entrecerr&oacute; los ojos y, cuid&aacute;ndose de no dormir, se puso a meditar. Se sinti&oacute; en tranquilidad hasta que empez&oacute; a escuchar un sonido a lo lejos. Movi&oacute; su cabeza para descubrir si el ruido proven&iacute;a de s&iacute; mismo o del bosque. Abri&oacute; los ojos cuando descubri&oacute; que ven&iacute;a del fondo del bosque. No eran p&aacute;jaros; ya era tarde, no eran ardillas ni otros animales peque&ntilde;os movi&eacute;ndose sigilosamente en la noche. Parec&iacute;a un respiro pesado muy parecido a un rugido. Se levant&oacute; lentamente y tom&oacute; su bast&oacute;n. Le avis&oacute; a Geond - quien aparentemente estaba dormido - de que tome la guardia. Geond acept&oacute; y Lurrol se fue a ver qu&eacute; era lo que causaba tal perturbaci&oacute;n en el aire. A medida que se acercaba, el ritmo de la respiraci&oacute;n se hac&iacute;a m&aacute;s lento. A Lurrol se le ocurri&oacute; que podr&iacute;a ser un ronquido reci&eacute;n cuando vio a un gran oso pardo respirando acompasadamente y trabajosamente, disfrutando de un profundo sue&ntilde;o. Debi&oacute; cuidarse de no hacer ning&uacute;n ruido, y de avisarle al grupo que no lo hiciera cuando son&oacute; una estruendosa risa: &quot;&iexcl;Ay, no!&iexcl;Jijijiji!&iexcl;Jajaa!&quot; todo el bosque escuchaba los sue&ntilde;os de Livancy y eso inclu&iacute;a al oso, quien dio un bostezo y dej&oacute; congelado a Lurrol, que pensaba &quot;Maldita sea, ah, &iexcl;&iexcl;me meoo!!&quot; y rezaba que el oso no lo hubiera visto. El oso no dio se&ntilde;ales de haberlo visto, por lo que se retir&oacute; lo m&aacute;s sigilosamente que pudo, dejando un peque&ntilde;o charco que cualquier animal salvaje hubiera podido rastrear sin problemas. Cuando lleg&oacute; al campamento, le dijo a Geond &quot;Falsa alarma&quot; y, como ya su turno hab&iacute;a pasado, se tir&oacute; a dormir.<br /><br />Una nueva ma&ntilde;ana tra&iacute;a un inusitado fr&iacute;o. No era un fr&iacute;o hostil, en cambio fue bien recibido por los viajeros. &quot;Va a conservar nuestras energ&iacute;as en el cuerpo por m&aacute;s tiempo. Nos vamos a cansar menos&quot;, dijo Armis, al mismo tiempo que repart&iacute;a las pocas bayas comestibles que pudo encontrar. Lurrol ten&iacute;a prisa por irse, por lo que apur&oacute; a todos insistentemente y por causa de &eacute;l salieron antes. Todos anduvieron con mayor cautela, con una mano cerca de sus armas, por las fr&iacute;as colinas que por la ma&ntilde;ana tapaban la vista con una molesta niebla. Hacia las 9 de la ma&ntilde;ana, toda la niebla se hab&iacute;a desvanecido y el sol irradiaba su calor a trav&eacute;s de un fr&iacute;o cuasi invernal. Geond, quien vigilaba el frente, not&oacute; algo inusual frente al camino. Corri&oacute; y dijo &quot;Ap&uacute;rense si quieren.&quot;, a lo que corri&oacute; a gran velocidad en pique y se detuvo frente a un caballo atado a un &aacute;rbol. Dijo: &quot;Hoy estamos de suerte&quot; y extendi&oacute; una mano hacia el caballo, que rechin&oacute; y lo alej&oacute; con ferocidad. Cuando hubieron llegado todos, Tugstoth les dijo &quot;No hay ning&uacute;n problema, yo lo voy a poder domar&quot; y de acerc&oacute; con las dos manos, como quien sostiene una red de pesca. El caballo lo alej&oacute; relinchando, y &eacute;l trat&oacute; de acercarse de nuevo. Esta vez, Armis lo detuvo y dijo &quot;No vamos a conseguir nada con la fuerza bruta, no debemos pelear con el. M&iacute;renlo. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo har&aacute; que est&aacute; ac&aacute; atado? Debe tener hambre. Necesitamos heno&quot;.&quot;&iquest;Pan?&quot;, dijo Tugstoth. &quot;Tengo galletas&quot; dijo Lurrol, &quot;Sirven&quot;, dijo Armis. &quot;Son una receta parecida a las Lembas, solo que es una receta casera de mi madre. No tienen nada de lo &eacute;lfico, por eso &eacute;stas tienen m&aacute;s gusto&quot;, explic&oacute; Lurrol y se las dio a Armis, quien se lo agradeci&oacute;. Agarr&oacute; una galleta y se la acerc&oacute; al caballo, quien relinch&oacute; nuevamente. Entonces Armis se acerc&oacute; a una distancia prudente y tir&oacute; una galleta a una distancia en la que el caballo pudiera cogerla. La olfate&oacute; y despu&eacute;s de darle una mordida de prueba, el animal se la engull&oacute; sin problemas. Armis le tir&oacute; otra. Le tir&oacute; dos m&aacute;s, hasta que decidi&oacute; darle la quinta con la mano. Lo hizo lentamente, tratando de que el caballo vuelva a aceptar una mano despu&eacute;s de haber sido desechado por otra. Fue muy lento, concentr&aacute;ndose en no hacer movimientos bruscos. Entr&oacute; al rango del caballo. El caballo lo mir&oacute; atentamente, y sus ojos reflejaron las intenciones del otro. Entonces el caballo extendi&oacute; la cabeza y tom&oacute; la galleta. Lo hab&iacute;a conseguido. La otra vez lo hizo m&aacute;s cerca y la otra a&uacute;n m&aacute;s. La otra vez, y el caballo se dej&oacute; ser tocado. Con total confianza, Armis lleg&oacute; hasta el &aacute;rbol y desat&oacute; la soga. &quot;Est&aacute; hecho, eres libre&quot;. El caballo no entend&iacute;a. Armis agarr&oacute; las riendas, lo llev&oacute; al medio del camino, en direcci&oacute;n hacia atr&aacute;s, le quit&oacute; toda atadura y le dio una palmada en el trasero. &quot;Vete&quot;. El caballo obedeci&oacute;. &quot;Sigamos&quot;, dijo. Un rato despu&eacute;s, y Geond le reproch&oacute; &quot;Eres una porquer&iacute;a de l&iacute;der. Ese era un Caballo, por si no lo sab&iacute;as. Pod&iacute;a habernos servido para transportar cosas, para llevar gente, para alimento en &uacute;ltima instancia.&quot; Armis le respondi&oacute; &quot;Todos los que estamos en este viaje es por nuestra propia cuenta. Perd&oacute;name, pero el caballo quise que fuera libre. No lo iba a arrastrar con nosotros en contra de su voluntad, o mejor dicho, sin que su voluntad fuera estar con nosotros. Perd&oacute;name.&quot; &quot;&iexcl;Caballos!&iexcl;Voluntad!&quot; susurr&oacute; por lo bajo Geond. Un rato despu&eacute;s de la caminata, Lurrol se acerc&oacute; a Armis y le dijo &quot;Hay algo que no entiendo: Cuando palmeaste al caballo, sab&iacute;as que estaba entrenado para galopar al recibir una palmada, &iquest;no?&quot; &quot;S&iacute;&quot; respondi&oacute; Armis. &quot;&iquest;Por qu&eacute;? Si sab&iacute;as que al palmearlo iba a correr en contra de su voluntad, por qu&eacute; no dejaste que estuviera con nosotros, si tambi&eacute;n es en contra de su voluntad&quot;, interrog&oacute; Lurrol. &quot;Porque me pasa que cuando corro, me pongo a pensar. Me pareci&oacute; que al caballo pod&iacute;a pasarle lo mismo, por eso lo hice. Por eso y quien sabe por qu&eacute; m&aacute;s.&quot; respondi&oacute; sinceramente Armis. &quot;Pens&aacute;ndolo bien, si el caballo lo piensa, podr&iacute;a volver... bah, divagaciones. Mejor sigamos.&quot; Lurrol agit&oacute; la cabeza y siguieron la marcha. De repente, un ruido de atr&aacute;s. Parec&iacute;a ser un rugido, que sigui&oacute; a una diminuta figura que fue acerc&aacute;ndose velozmente &iexcl;El caballo! Todos pararon. El galope de aquel caballo era impresionante. Era imposible distinguir si sus patas estaban sobre el suelo o sobre una nube a medida que cambiaban de lugar. Al cabo de un minuto, hab&iacute;a cubierto la distancia visible &iexcl;Era admirable!&iexcl;Ahora se hallaba relinchando en dos patas, mostrando su poder al grupo, especialmente a Armis! &Eacute;l sonri&oacute; nuevamente. &quot;Que bueno que est&eacute;s con nosotros. Vamos.&quot; Y empez&oacute; a caminar. Nadie m&aacute;s se movi&oacute;. &quot;&iquest;Qu&eacute; pasa?&iquest;Qu&eacute; quiere?&quot; dijo. &quot;&iexcl;Que lo montes, imbecil!&quot;, le grit&oacute; Livancy. &quot;Pero yo no s&eacute;...&quot; respondi&oacute;. Un aura de verg&uuml;enza afect&oacute; al grupo, caballo incluido. &quot;Bueno, est&aacute; bien. Un pie ah&iacute;, otro ac&aacute;... bien. Perd&oacute;n, amigo.&quot; El caballo recibi&oacute; un par de patadas mientras Armis se las arreglaba para subir. Finalmente lo consigui&oacute;. Acarici&oacute; unas veces alrededor de la crin y le dijo &quot;Vamos al Monte del Tesoro, &iquest;te parece?&quot; y se empez&oacute; a caer para atr&aacute;s. Como reflejo para sostenerse, presion&oacute; con sus pies en las costillas del caballo, quien comenz&oacute; a trotar. &quot;Alto, por favor, para, me voy a caer, &iexcl;Ayuda! Por favor, &iexcl;Para!&quot;. Y el grupo sigui&oacute; caminando hasta entrado el anochecer, mientras Armis se segu&iacute;a quejando; hasta que Tugstoth hizo parar al caballo, pues &eacute;l sab&iacute;a c&oacute;mo tratar con caballos, despu&eacute;s de todo.<br /><br />--------------------------------------------------------------------------------------------<br /><br />Ya entrada la noche, se dispusieron a acampar en una arboleda lo m&aacute;s cerrada posible. Armis se empe&ntilde;&oacute; en hacer una fogata, mientras que Tugstoth y Geond fueron de cacer&iacute;a. Lurrol fue a ver si encontraba alimento para el caballo, ya que sus galletas hab&iacute;an mermado peligrosamente, y Livancy ayudaba como pod&iacute;a a Armis con el fuego con tal de dar el &uacute;ltimo vistazo hasta ma&ntilde;ana a sus libros de magia. En busca de un animal para llevar al grupo, Tugstoth avanzaba atento, mientras Geond lo hac&iacute;a sigilosamente. En la mano izquierda portaba el arco y la derecha la manten&iacute;a cerca de las flechas.<br /><br />- &quot;Oye, Tugstoth&quot;, susurr&oacute;.<br /><br />- &quot;S&iacute;, que pasa&quot;, respondi&oacute; Tugstoth.<br /><br />- &quot;&iquest;Hab&iacute;as pensado lo peligroso de esta traves&iacute;a antes de aventurarnos como lo hicimos?&quot;<br /><br />- &quot;Eeh, no.&quot;<br /><br />- &quot;Las tierras a las que vamos est&aacute;n llenas de bestias. Orcos y demonios. Tal vez alguno de nosotros no vuelva con vida. Tal vez ninguno.&quot;<br /><br />- &quot;Geond, &iquest;Por qu&eacute; piensas eso?&iquest;No conf&iacute;as es mi fuerza?&quot;- replic&oacute; Tugstoth, mientras alzaba su brazo derecho como para demostrar sus m&uacute;sculos.<br /><br />- &quot;Tu aptitud hacia el combate es evidente, pero la de Lurrol y la de la estudiante de magia deja mucho que desear.&quot;<br /><br />- &quot;Yo puedo protegerlos, y t&uacute; junto conmigo y con Armis. Los tres somos guerreros, y presiento que tanto t&uacute; como &eacute;l ser&aacute;n alg&uacute;n d&iacute;a tan buenos peleando como yo lo soy ahora.&quot;<br /><br />- &quot;Espero que no te equivoques con lo primero...&quot;<br /><br />- &quot;Geond, siempre piensas demasiado. Le das vueltas y vueltas y vueltas...&quot;- y Tugstoth comenz&oacute; a girar el dedo.<br /><br />- &quot;&iexcl;Silencio!&quot; - susurr&oacute; Geond - &quot;&iexcl;Quieto!&quot;<br /><br />Tugstoth observ&oacute; en la misma direcci&oacute;n que Geond. De entre las sombras pudo ver lo que parec&iacute;a un cerdo salvaje. Lentamente, Geond sac&oacute; una flecha y la deposit&oacute; en la cuerda del arco. La empez&oacute; a empujar muy despacio hacia atr&aacute;s, concentrando la mira en la cabeza del animal. Repentinamente, un grito le hizo agitar toda la columna vertebral. &quot;&iexcl;HAAA!&quot;, un grito seco y estruendoso sali&oacute; de Tugstoth, al mismo tiempo que un hacha arrojadiza volaba y se clavaba en el est&oacute;mago del animal, que comenz&oacute; a vomitar sangre y cay&oacute; al suelo muerto unos segundos despu&eacute;s. Geond frunci&oacute; el se&ntilde;o y le murmur&oacute; &quot;No sabes lo que es la sutileza&quot;, mientras el guerrero agarraba del lomo al cerdo ya muerto y buscaba alguna parte seca para sub&iacute;rselo al hombro. De vuelta en el campamento, Armis finalmente hab&iacute;a encendido el fuego, con la ayuda de Livancy que miraba la llama que hab&iacute;a ayudado a crear. Lurrol vino abrazando una gran mata de pasto que deposit&oacute; frente al caballo, quien comenz&oacute; a comer y &eacute;l le acarici&oacute; la cabeza, dici&eacute;ndole al o&iacute;do &quot;Las m&aacute;s sabrosas del lugar&quot;. Geond y Tugstoth volvieron de la cacer&iacute;a y este &uacute;ltimo tra&iacute;a consigo, sobre el hombro, un gran cad&aacute;ver sanguinolento que tir&oacute; enfrente de Livancy, quien dijo asqueada &quot;&iexcl;&iquest;Qu&eacute; se supone que haga YO con esto?!&quot;. &quot;Saz&oacute;nalo y coc&iacute;nalo&quot;, le respondi&oacute; Tugstoth. Cuando Livancy logr&oacute; acercarse, la bestia vomit&oacute; un poco m&aacute;s de sangre, por lo que ella se alej&oacute; de un salto y musit&oacute; &quot;Awggg... b&uacute;squense un cocinero, &iquest;Por qu&eacute; me mandan a hacer estas cosas a m&iacute;?&quot;. Armis se acerc&oacute; y le dijo &quot;Tranquil&iacute;zate, Livancy, yo te voy a mostrar lo que se debe hacer en estos casos, para que la pr&oacute;xima vez lo hagas t&uacute; misma&quot;. Busc&oacute; en las mochilas y agarr&oacute; una daga. &quot;Primero cortas aqu&iacute; transversalmente, luego separas las costillas...&quot; y sigui&oacute; explicando mientras Livancy corri&oacute; y se escondi&oacute; detr&aacute;s de un &aacute;rbol cercano hasta que estaba segura que hubo terminado. Not&oacute; que Geond no daba se&ntilde;ales de haberse movido desde que ella se hab&iacute;a ido, y se situaba de frente a donde Armis hac&iacute;a la carneada. Lurrol hab&iacute;a preferido distraerse buscando diferencias entre las monedas de plata que pose&iacute;a y Tugstoth no parec&iacute;a haber sido impresionado. Pusieron algunas partes sostenidas por ramas al fuego y esperaron a que se cocinaran. Una hora despu&eacute;s comieron, prepararon todo para dormir y dejaron a Lurrol que vigilara en la primera guardia. Livancy ri&oacute; entre sue&ntilde;os y Lurrol, como estaba aburrido, sac&oacute; uno de sus libros de magia y se puso a ojearlo. Quer&iacute;a buscar un hechizo para ver los sue&ntilde;os de otra persona - en caso de que existiera - pero se desilusion&oacute; al no entender los s&iacute;mbolos m&aacute;gicos que se mezclaban con oraciones perfectamente legibles. &quot;La copa del &aacute;rbol&quot;, &quot;Sue&ntilde;o de un dios&quot;, &quot;Disco llameante&quot; pudo leer debajo de unos extra&ntilde;os dibujos, y cuando supo que deb&iacute;a cambiar de guardia, lo deposit&oacute; en la bolsa de Livancy y despert&oacute; a Geond, quien sonri&oacute; casi imperceptiblemente.<br /><br />La ma&ntilde;ana trajo su niebla nuevamente, pero esta vez ocupaba el cielo tambi&eacute;n. Las nubes daban una apariencia m&aacute;s oscura y solitaria al bosque. Los oscuros verdes se confabulaban con los pocos animales que rondaban con el fin de absorber todo el sonido y el color que pudieran. Recorr&iacute;an un camino casi indistinguible, guiados por Livancy, quien les inform&oacute; que ya estaban en las tierras orcas. La marcha andaba lenta y en silencio, con los o&iacute;dos atentos y con la esperanza de que la niebla desapareciera. A medida que caminaban, &eacute;sta ced&iacute;a, y Armis al fin se anim&oacute; a hacer un comentario optimista. &quot;Si la suerte nos acompa&ntilde;a, en tres d&iacute;as estaremos ya en el Monte del Tesoro, y en una semana m&aacute;s estaremos de vuelta.&quot; Livancy comenz&oacute; a calcular y a hacer cuentas y finalmente dijo &quot;En el mejor caso de todos&quot;. La compa&ntilde;&iacute;a estaba atenta y m&aacute;s silenciosa que de costumbre. Armis les dijo que hab&iacute;a que estar despiertos por si hab&iacute;a alguna emboscada. Geond, cuando lo dijo, sugiri&oacute; si podr&iacute;a ir escondido al costado derecho del camino para buscar emboscadores, y que en caso de hallarlos, le tirar&iacute;a una piedra en el o&iacute;do a Lurrol. Armis cuestion&oacute; si deb&iacute;a ser en el o&iacute;do. Geond dijo que s&iacute;. Lurrol trat&oacute; de agregar algo, pero Armis lo interrumpi&oacute; accidentalmente y le pidi&oacute; que diera otra se&ntilde;al. Geond acept&oacute; y se puso a seguirlos a cierta distancia, movi&eacute;ndose sigilosamente en el bosque. Lurrol se tapaba el o&iacute;do derecho. Luego se tap&oacute; ambos. Todos estuvieron caminando hasta la media tarde, ahora que el cielo daba una ligera se&ntilde;al de mejorar, dejando pasar rayos de sol a trav&eacute;s en unos agujeros que nubes que mostraban un almidonado azul cristalino. De repente &quot;&iexcl;Auch!&iexcl;Mi ojo!&quot;, grit&oacute; Lurrol. &quot;&iexcl;Esa es la se&ntilde;al!&quot;, trat&oacute; de decir en voz baja Tugstoth. Todos sintieron fr&iacute;o en los huesos y siguieron caminando sacando sus armas lo m&aacute;s disimuladamente posible, tarea especialmente dif&iacute;cil para Tugstoth, dado el tama&ntilde;o de sus hachas y su poca habilidad de actuaci&oacute;n. Livancy sac&oacute; una daga, Lurrol su bast&oacute;n y Armis sosten&iacute;a la vaina con la mano derecha y el mango de la espada de Thor con la izquierda. Tugstoth se ve&iacute;a imponente sosteniendo sus hachas, aunque trataba de disimular indiferencia con una falta de gracia tal que parec&iacute;a hacer una mueca que dio miedo a Livancy, que tom&oacute; distancia de &eacute;l y al darse cuenta de que estaba cerca de Lurrol, tom&oacute; distancia del mismo tambi&eacute;n. A todo esto, prefirieron dejar al caballo atr&aacute;s para que los venga siguiendo desde una distancia prudente, ya que en caso de haber alg&uacute;n herido, Armis y Tugstoth conoc&iacute;an el sonido para hacer que se apurara en llegar para subirlo y llevarlo lejos del campo de batalla. Cuando Lurrol acab&oacute; de dar un paso, escuch&oacute; un grito no humano que se acercaba a &eacute;l y supo que ser&iacute;a atacado. En una fracci&oacute;n de segundo, se encogi&oacute; y puso su bast&oacute;n entre s&iacute; mismo y la criatura que se abalanzaba hacia &eacute;l. Pero el monstruo cay&oacute; al piso y se ve&iacute;a su nuca sangrar. Detr&aacute;s estaba Geond, que parec&iacute;a se&ntilde;alar a Lurrol y grit&oacute; &quot;&iexcl;Hay otro!&quot;. Todos giraron la cabeza inmediatamente. Detr&aacute;s de un &aacute;rbol, una sombra se notaba d&eacute;bilmente. Armis dijo &quot;Tranquil&iacute;zate, no t...&quot;, pero la criatura comenz&oacute; a correr entre aullidos y gemidos. Tugstoth lo sigui&oacute; con &aacute;nimos de cacer&iacute;a. Corr&iacute;a a toda velocidad en el bosque tratando de seguir al orco e iba a tal velocidad que le resultaba dif&iacute;cil esquivar las ramas que se estrellaban en su cara. Una vigorosa rama lo golpe&oacute; en la cara y dese&oacute; tener los reflejos de Geond. Se hall&oacute; atontado por un instante, hasta que encontr&oacute; su rastro y lo comenz&oacute; a seguir nuevamente. Agarr&oacute; una de sus hachas arrojadizas del cintur&oacute;n y se la tir&oacute; con fuerza garrafal. Golpe&oacute; a la criatura en la espalda y esta sigui&oacute; corriendo, solo que m&aacute;s lento. Por fin lo alcanz&oacute; y se prepar&oacute; para darle el golpe final. Alz&oacute; su hacha y la tir&oacute; hacia abajo con toda su furia, pero el golpe fue interrumpido al sentir dos dedos que tiraban su nariz hacia arriba. Geond se hallaba a un costado y le dijo &quot;No lo mates. Puede tener informaci&oacute;n &uacute;til.&quot; Tugstoth abandon&oacute; su furia y su cara se torn&oacute; sin expresi&oacute;n. Seguidamente volvi&oacute; a tener la cara de bruto bonach&oacute;n de siempre. &quot;Est&aacute; bien. Llev&eacute;moslo.&quot;, dijo. Geond se limpi&oacute; los dedos en la ropa del orco mientras volv&iacute;an. Cuando llegaron, vieron que Armis los estaba esperando, al mismo tiempo que Livancy revisaba los bolsillos del muerto sin dejar de ver con repulsi&oacute;n su cara, cosa que hac&iacute;a Lurrol tambi&eacute;n. Aquel orco ten&iacute;a algunas facciones exageradas y otras deformes, su piel era de un color gris&aacute;ceo oscuro, su frente era achatada y su prominente boca dejaba ver dientes irregulares y p&uacute;tridos. Tugstoth deposit&oacute; al orco en el suelo, previamente atado por Geond. Armis pregunt&oacute;:<br /><br />- &quot;&iquest;Por que nos atacaron?&quot;<br /><br />El orco respondi&oacute;: - &quot;Dern as prub Ketjordem, dajn pubm.&quot;<br /><br />- &quot;Porque quer&iacute;an nuestras pertenencias&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iquest;Sabes hablar orco?&quot;, pregunt&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Claro que no, pero &iquest;No es obvio?&quot;, replic&oacute; Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;Esperen!&quot; - interrumpi&oacute; Livancy - &quot;Ketjordem es parecido a Keoth Jordus... &iexcl;Est&aacute; hablando del Monte del Tesoro!&iexcl;Si pudi&eacute;ramos saber qu&eacute; nos dice!&quot;<br /><br />- &quot;Nada bueno, eso es seguro.&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iquest;Y que haremos con el?&quot; pregunt&oacute; Lurrol.<br /><br />- &quot;No se&quot;, respondi&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Que no hable con los suyos. Mat&eacute;moslo.&quot;, dijo resueltamente Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;No!&iexcl;Ac&aacute; nadie va a matar a nadie!&iexcl;De nuevo!&quot;, estall&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Podr&iacute;amos atarlo al caballo, entonces&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;No... eso tampoco ser&iacute;a bueno... ser&iacute;a, adem&aacute;s, una gran molestia para Amigo&quot; - dijo dubitativo Armis.<br /><br />- &quot;Esc&uacute;chame, &eacute;ramos nosotros o ellos. No nos preguntaron si nos iban a atacar. Directamente lo hicieron.&quot; - Cuestion&oacute; Geond.<br /><br />- &quot;... &iquest;Y si lo dejamos ir? No s&eacute;, digo...&quot; - dijo Lurrol, pensativo.<br /><br />- &quot;&iexcl;Otro loco! Estas criaturas no tienen honor. Si lo dejamos ir llamar&aacute; a sus amigos y nos van a hacer bien dif&iacute;cil la vida, en el mejor de los&nbsp;&nbsp;casos.&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &ldquo;Entonces debemos confiar en el.&rdquo;, dijo solemnemente Armis.<br /><br />- &ldquo;Confiar&eacute; en el cuando su coraz&oacute;n no lata&rdquo;, dijo Geond.<br /><br />- &ldquo;Por favor, &iquest;Conf&iacute;as en m&iacute;?&rdquo;, le dijo Armis.<br /><br />Geond vio como todos lo miraban. Tambi&eacute;n lo observaba el caballo a los lejos. Pod&iacute;a ver que el futuro del grupo estaba en sus manos.<br /><br />- &ldquo;Haz lo que quieras. Me desentiendo de lo que decidas.&rdquo; &ndash; imbecil, nos llevar&aacute; a todos a la muerte-, dijo Geond disimulando lo que quiso decir.<br /><br />- &ldquo;Espera, no lo liberes a&uacute;n&rdquo;, detuvo Armis a Tugstoth. Al mismo tiempo que desenvainaba su espada de Thor y la clavaba en el suelo, dijo &ldquo;Enterremos a su compa&ntilde;ero, as&iacute; le mostraremos que no somos lo que el cree.&rdquo;<br /><br />Al mismo tiempo que los fortachones del grupo cavaban un agujero en el suelo, Lurrol practicaba unos pases y oraciones para que el muerto descanse en paz y Livancy buscaba alg&uacute;n lenguaje con el que pudiera entenderse con el orco atado.<br /><br />- &ldquo;Veamos la lengua meridional... &lsquo;Eun dast gone ferum&rsquo;&rdquo; &ndash; el orco no se inmut&oacute; - &quot;Eso no funciona... a ver ahora una lengua del sur: &#039;&iquest;Kujinei tanoro nokite ustai?&#039;&quot; - de nuevo no hubo resultado - &quot;hmm... sus palabras parec&iacute;an n&oacute;rdicas. Probar&eacute; una vez m&aacute;s: &#039;&iquest;Dogen junp tamor fogen Keoth Jordus georn?&quot; - El orco pareci&oacute; entender pero no respondi&oacute;. Livancy not&oacute; el cambio y le dijo &quot;&iexcl;Resp&oacute;ndeme!&iexcl;Temar nok!&quot;. Ninguna se&ntilde;al. Geond alz&oacute; la voz: &quot;&iexcl;Si quieres perder tiempo, ven aqu&iacute; y trata de usar tu daga para cavar!&quot;. Livancy se ofendi&oacute; y mir&oacute; hacia otro lado, descartando toda posibilidad de ayudarlos. Qued&oacute; viendo hacia donde estaba Lurrol, que estaba mirando hacia el suelo del bosque buscando algo. &quot;Quiero encontrar dos ramas como de un codo, &iquest;Me ayudas?&quot; &quot;Est&aacute; bien&quot; respondi&oacute; ella. R&aacute;pidamente encontr&oacute; lo que necesitaban y el joven Lurrol las at&oacute; formando una cruz. Los dem&aacute;s estuvieron haciendo el pozo, que cuando terminaron depositaron el cuerpo en el y lo taparon de tierra. Lurrol enterr&oacute; la base de la cruz y Livancy le puso las pocas flores que encontr&oacute; por all&iacute;. Luego Tugstoth se dispuso a desatar al orco, mientras Livancy y Lurrol se ocultaban tras Geond - quien ten&iacute;a su mano derecha preparada para agarrar una cuchilla en caso de emergencia - y Armis estaba al frente sin apariencia de estar en espera de alg&uacute;n ataque. No bien Tugstoth desat&oacute; a la criatura, &eacute;sta sali&oacute; corriendo y se intern&oacute; en el bosque, desapareciendo r&aacute;pidamente de la vista de todos. &quot;Espero que tengas raz&oacute;n, Armis&quot; dijo Tugstoth. &quot;Ya lo veremos&quot;, respondi&oacute; Armis con un destello optimista. Luego de aquello, instaron al caballo a acercarse y los seis siguieron a pie por algunas horas m&aacute;s hasta la noche, cuando acamparon. Prendieron una incipiente fogata y cocinaron y comieron un poco de la carne de cerdo que ten&iacute;an a&uacute;n sazonada con algunas hierbas que portaba Lurrol. Cuando estaban satisfechos, Armis sac&oacute; de la mochila unas plantas secas y les dijo a todos &quot;Estos son yuyos medicinales. Si los tiro al fuego, sus olores nos relajar&aacute;n y podremos dormir bien esta noche. S&eacute; que este no es el lugar m&aacute;s indicado para hacerlo, pero es mejor hoy que ma&ntilde;ana. &iquest;Lo hago?&quot;. Geond dijo: &quot;Armis, d&eacute;jame hacerte una pregunta concreta: &iquest;De qu&eacute; lado estas? Hoy has hecho que perdonemos la vida a un enemigo y ahora propones que nos &quot;relajemos&quot; una noche. No se t&uacute;, pero yo no me quiero despertar ma&ntilde;ana en un campamento orco &iquest;y t&uacute;?&quot;. &quot;Yo nunca antes tuve la oportunidad de probar esas hierbas &iquest;Son buenas?&quot; dijo Lurrol. &quot;Basta, mantecas. Tus sugerencias no pasaron desapercibidas a m&iacute; esta vez. &iquest;Quieres terminar como lo hizo nuestra cena?&iexcl;Pues vete y hazte el fest&iacute;n en otro lado!&quot;, replic&oacute; Geond en&eacute;rgicamente. Armis dijo &quot;Tienes raz&oacute;n, amigo, no lo vi. Estos yuyos son lo &uacute;ltimo que necesitamos, pues nos alejar&aacute;n de nuestros sentidos. Me siento agradecido que est&eacute;s en el grupo con nosotros&quot;. &quot;Ni&ntilde;adas, ni&ntilde;adas....&quot; murmur&oacute; Geond. Un rato despu&eacute;s echaron a la suerte las guardias y todos menos Armis durmieron. La noche era fr&iacute;a y oscura, pero en algunos momentos la luz de la luna iluminaba a los viajeros. Un amigable viento g&eacute;lido acariciaba la cara de los durmientes y de Armis mientras pensaba y trataba de atesorar todo lo que sent&iacute;a y ve&iacute;a. Cuando despert&oacute; a Livancy para su turno y ella se quej&oacute; hasta desperezarse, Armis se acost&oacute; y se imagin&oacute; de adulto peleando contra un enemigo tan gr&aacute;cil y habilidoso como &eacute;l en alg&uacute;n lugar que no se parec&iacute;a al mundo que conoc&iacute;a. Durmi&oacute; muy bien.<br /><br />La ma&ntilde;ana sorprendi&oacute; a todos menos a Geond con unas gotas de lluvia que comenzaron a precipitarse cada vez m&aacute;s fuertemente sobre los viajeros. Pese a que el sol deber&iacute;a haber salido, la oscuridad semejaba ser la de la noche. Los truenos iluminaban, destellantes, todo lo que se alcanzara a ver y su sonido parec&iacute;a quebrar las lejanas monta&ntilde;as. Todos se apresuraron a recoger el equipaje, las bolsas y todo lo que tuviera valor y, luego de que Armis y Geond eliminaran las pistas que pudieron haber dejado del campamento, partieron encapuchados y extendieron una tela sobre el caballo, que le sacaron al hacerse m&aacute;s pesada por el agua. A pesar de que caminaban apurados, aunque cuidando los pasos, Lurrol ten&iacute;a ganas de hablar &quot;Esto me recuerda a un campamento al que fui hace dos a&ntilde;os. Todos los ni&ntilde;os que se interesaban en la religi&oacute;n fuimos, queriendo dedicar esos d&iacute;as a contemplar la naturaleza mientras habl&aacute;bamos sobre el poder de los sacerdotes que admir&aacute;bamos. Mi favorito era...&quot; &quot;&iexcl;&iexcl;Psshh!!&quot;, lo call&oacute; Geond, de muy mal humor. &quot;Somos blancos f&aacute;ciles. Vigilen a los lados.&quot; Se limit&oacute; a decir. La compa&ntilde;&iacute;a camin&oacute; en silencio durante dos horas. Lurrol se quej&oacute; &quot;Quiero desayunar&quot; &quot;&iexcl;C&aacute;llate!&quot;, le dijo Geond. Repentinamente un sonido inund&oacute; el bosque. Parec&iacute;a un gru&ntilde;ido proveniente de una bestia salvaje &quot;O de un troll, &iexcl;Un demonio sanguinario del bosque!&quot; pens&oacute; Livancy. El sonido hizo un gran eco en los alrededores del bosque, eriz&aacute;ndoles la piel a los miembros del grupo. El sonido comenz&oacute; a apagarse y a bajar de intensidad hasta terminar, como un lamento, en el est&oacute;mago de Tugstoth. &quot;Es una buena idea parar para desayunar&quot;, dijo Armis, quien no pudo mostrar su sonrisa porque la oscuridad y su capucha se lo prohib&iacute;an. Lurrol sac&oacute; sus galletas y Livancy aport&oacute; semillas secas que calmaron el hambre de Tugstoth y de los dem&aacute;s de momento. Mientras masticaba unas semillas duras, pero que no ofrec&iacute;an suficiente resistencia a sus dientes, Tugstoth record&oacute; su agradecimiento. &quot;Gracias&quot;, dijo, mientras un trocito de casta&ntilde;a ensalivada salt&oacute; a la nariz de Lurrol. &quot;&iexcl;Aaagh!&quot;, grit&oacute; &quot;&iexcl;Quiero lavarme!&iexcl;Waah!&iexcl;No sale!&iexcl;Agua!&quot;, corr&iacute;a desesperado el joven mientras cerraba los ojos. Luego tropez&oacute; y desapareci&oacute;. Geond observaba con todo detalle y crey&oacute; que sus ojos lo hab&iacute;an enga&ntilde;ado. El regordete que ve&iacute;a hace un momento pareci&oacute; dejar de verse de un momento a otro. &quot;Busqu&eacute;moslo. No debe estar lejos. No puede estar lejos.&quot;, dijo. Hicieron caso omiso a mantenerse en silencio. Todos gritaban &quot;Lurrol&quot;,&quot;&iexcl;Lurrol!&quot;. Eso fue hasta que Livancy pudo observar c&oacute;mo la lluvia esquivaba un lugar que se hallaba sin estar cubierto por los &aacute;rboles. Los llam&oacute; a todos y les inform&oacute; &quot;En este lugar hay una barrera cobertora. Seg&uacute;n s&eacute;, lo que puede haber del otro lado son tres cosas: Un lugar escondido, un portal hacia otro lugar o peor... &iexcl;una trampa!&quot;. Armis y Tugstoth dieron un paso hacia delante casi al mismo tiempo. &quot;Yo ir&eacute;. Tu qu&eacute;date ac&aacute;.&quot;, le dijo Tugstoth a Armis. &Eacute;l le respondi&oacute; &quot;Tu deber&iacute;as quedarte. Eres m&aacute;s fuerte y podr&aacute;s protegerlos junto con Geond ante cualquier peligro. Yo deber&iacute;a ir porque, al fin y al cabo, uno de nosotros tiene que hacerlo, cualquiera sea. Si vas t&uacute; ser&aacute; una mayor p&eacute;rdida porque tienes m&aacute;s experiencia que yo, &iquest;Entiendes?&quot; Geond no dijo palabra. &quot;Pero...pero....&quot; quiso responder Tugstoth. Armis no hizo pausa y cruz&oacute; directamente. Sinti&oacute; que avanzaba a trav&eacute;s de un conjunto de luces m&aacute;gicas y se encontr&oacute; descendiendo por una rampa poco empinada de dos metros de largo por dos de alto, que se enrollaba sobre si misma e iba tomando forma de escalera de caracol. Estaba caminando sobre tierra firme y seca. La poca luz fue aumentando hasta que se volvi&oacute; tan fuerte que tom&oacute; un color anaranjado. Cuando estaba terminando el trecho vio que estaba en una casa subterr&aacute;nea y que, a la distancia, pod&iacute;a ver a su amigo Lurrol sentado en una silla de madera r&uacute;stica y a su costado una anciana. Ella ten&iacute;a el pelo largo, suave y liso, pero parec&iacute;a poco cuidado. Su cara ten&iacute;a rasgos conocidos, una pera aguda y redondeada; labios redondos y generosos; ojos verdes rodeados por ojeras causadas por la vejez; su piel era p&aacute;lida y cuidada pero arrugada. &quot;Tus amigos&quot;, dijo ella. Su voz no daba se&ntilde;ales de venir de su boca. Mas bien, a Armis le pareci&oacute; que pod&iacute;a venir de todos los lados de la cueva al mismo tiempo. Ciertamente, ella no movi&oacute; sus labios.<br /><br />- &quot;&iquest;Qui&eacute;n eres tu?&quot; dijo Armis.<br /><br />- &quot;Es una amiga&quot;, replic&oacute; Lurrol.<br /><br />- &quot;Mi nombre es Livindance&quot;, dijo ella mientras sonre&iacute;a t&iacute;midamente.<br /><br />- &quot;&iquest;Eres un hada?&iquest;O alg&uacute;n ser m&aacute;gico?&quot;, pregunt&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Podr&iacute;a decirse que s&iacute;&quot;, respondi&oacute; ella. &quot;&iquest;Por qu&eacute; no buscas al resto de tus amigos?&quot; dijo. Armis intercambi&oacute; miradas con Lurrol y vio que estaba tranquilo. Entonces subi&oacute;.<br /><br />Cuando baj&oacute; con el grupo, se encontr&oacute; con que las sillas estaban vac&iacute;as. Su expresi&oacute;n se ensombreci&oacute; y se turb&oacute;. &quot;&iexcl;Lurrol!&iexcl;&iexcl;Lurrol!!&iexcl;Por favor, aparece!&quot; y comenz&oacute; a golpear el suelo con sus pu&ntilde;os, entre l&aacute;grimas.<br /><br />- &quot;No te rompas la mano, peque&ntilde;o. No puedes arruinar tu gran destino.&quot;, retumb&oacute; la voz de la mujer y todos comenzaron a ver hacia todos lados. En un parpadeo, las sillas volvieron a ser ocupadas por Lurrol y por ella. Armis dirigi&oacute; su mirada hacia ella.<br /><br />- &quot;D&eacute;jame explicar&quot;, dijo. Lurrol dirigi&oacute; una mirada r&aacute;pida hacia la anciana.<br /><br />- &quot;Habla, Livindance.&quot;, dijo &eacute;l. Livindance hab&iacute;a cerrado los ojos y se dispon&iacute;a a dar el mensaje, pero fue interrumpida.<br /><br />- &quot;&iquest;Livin...dance?&iquest;Livindance?&iquest;La hechicera carmes&iacute;?&quot; dijo Livancy. &quot;&iquest;A... abuela?&quot;<br /><br />- &quot;Qui&eacute;n eres t&uacute;?&quot;, dijo Livindance, con un tono serio y cort&eacute;s.<br /><br />- &quot;Soy tu nieta... Livancy. Tengo catorce a&ntilde;os y he escuchado mucho de ti. &iquest;No me recuerdas?&iquest;Puedes decirme por qu&eacute; te has ido?&quot;<br /><br />- &quot;D&eacute;jame ver...&quot; - una pausa - &quot;S&iacute;, te reconozco como mi nieta. Lamentablemente nunca te he conocido porque he estado un cuarto de siglo recluida aqu&iacute; donde ves. La raz&oacute;n por la que me he ido es algo que nos concierne a ambas, como familiares que somos. La misma sangre fluye por nuestras venas. Debes saber que he abandonado la aldea y el mundo conocido porque nuestra familia siempre fue, es y ser&aacute; adicta a la magia.&quot; Todos miraron a Livancy, y ella misma estaba desconcertada. &quot;La hechicera carmes&iacute; ha sido s&oacute;lo uno de mis seud&oacute;nimos; el m&aacute;s ben&eacute;fico. Pero mi b&uacute;squeda de poder, sumado a un talento de nacimiento por la magia (rasgo com&uacute;n en las mujeres de nuestra familia), hubiese provocado cat&aacute;strofes en la regi&oacute;n, si no en el mundo, de no ser por otros hechiceros poderosos que me persuadieron para que me alejara de la gente que pod&iacute;a lastimar. Me ha sido dif&iacute;cil, en mis momentos de humanidad, separarme por completo de mis conocidos, pero mi b&uacute;squeda de poder fue m&aacute;s fuerte y los dej&eacute;.&quot; Livancy se ech&oacute; a llorar. Armis la abraz&oacute; y le grit&oacute; a la anciana <br /><br />- &quot;&iquest;Y nunca has considerado dejar esa adicci&oacute;n para volver con los que te aman?&iexcl;A&uacute;n tienes tiempo!&quot;<br /><br />- &quot;S&iacute;, claro que lo he considerado. Inclusive he estado una hora al d&iacute;a pensando en ellos debido a mis remordimientos. Por eso he usado un hechizo que bloquea los recuerdos dolorosos.&quot;, dijo ella, sin emoci&oacute;n alguna.<br /><br />- &quot;Dis&iacute;palo&quot;, le dijo Armis.<br /><br />- &quot;No. A&uacute;n tengo mucho por investigar.&quot;, se neg&oacute; Livindance.<br /><br />- &quot;&iexcl;No puedes vivir sin recuerdos!&iexcl;No eres un golem!&quot;, grit&oacute; Livancy.<br /><br />- &quot;&iquest;No dedicas ni siquiera un segundo al d&iacute;a recordando a tus seres queridos?&quot;, digo Lurrol, curioso.<br /><br />- &quot;Pobre hechicera.&quot; Dijo Tugstoth.<br /><br />- &quot;&iquest;Qu&eacute; eres t&uacute;?&quot;, dijo Geond, levantando una ceja.<br /><br />- &quot;No puedes vivir sin tus recuerdos. Es como respirar. Los recuerdos nos reconfortan cuando estamos solos y nos dan fuerza para seguir adelante. Hay recuerdos dolorosos, s&iacute; los hay, pero tambi&eacute;n hay recuerdos que vale la pena guardar, aunque sea uno.&quot;, declar&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Ustedes no entienden. Yo Soy la magia&quot;, dijo ella inmutable.<br /><br />Livancy se levant&oacute;, entre l&aacute;grimas, y se acerc&oacute; a Livindance. Su mano mojada pas&oacute; por la cara de la anciana. La abraz&oacute; mientras ella permanec&iacute;a sentada sin inmutarse.<br /><br />- &quot;Esas cosas alguien las descubrir&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a. Por favor, lib&eacute;rate. Dis&iacute;palo&quot;, rog&oacute; Livancy.<br /><br />- &quot;Me rompes el... coraz&oacute;n... ah&quot;, dijo la anciana. Su expresi&oacute;n cambi&oacute; por un segundo. Cerr&oacute; los ojos, mostr&oacute; los dientes, parec&iacute;a estar obrando mentalmente. Volvi&oacute; a su expresi&oacute;n normal y volc&oacute; su cabeza hacia atr&aacute;s del respaldo de la silla. L&aacute;grimas comenzaron a brotar de sus ojos y ca&iacute;an al suelo. Se volvi&oacute; hacia Livancy, levant&oacute; los brazos y la abraz&oacute;. Permanecieron as&iacute; un rato.<br /><br />Cuando se comenzaron a separar, Livancy pregunt&oacute;:<br /><br />- &quot;&iquest;Volver&aacute;s con nosotros?&quot;<br /><br />- &quot;No. Lo lamento, pero a&uacute;n no puedo hacerlo. A&uacute;n soy demasiado peligrosa. Pero he disipado el hechizo que manten&iacute;a cautivos mis recuerdos y nunca m&aacute;s lo he de usar. Recordar a mis seres queridos una hora al d&iacute;a no es tiempo perdido despu&eacute;s de todo. Cuando termine de investigar intentar&eacute; visitar la aldea, pero dudo conseguirlo.&quot;<br /><br />Livancy se sec&oacute; las l&aacute;grimas y dijo, con fortaleza: &quot;Sabes que a&uacute;n te queremos. Cuando quieras volver, ser&aacute;s bienvenida.&quot; Y volvi&oacute; con el resto del grupo.<br /><br />- &quot;Eres una hechicera poderosa, &iquest;Podr&iacute;as teleportarnos al monte del tesoro? No te ser&aacute; gran molestia, supongo.&quot; dijo Geond.<br /><br />- &quot;Puedo teleportarlos a una guarida de orcos aqu&iacute; cerca. El resultado ser&aacute; el mismo, pero me esforzar&eacute; menos&quot;, dijo Livindance, con buen humor.<br /><br />- &quot;Unos cuantos orcos no son nada contra Tugstoth&quot;, dijo Tugstoth.<br /><br />- &quot;&iquest;Y qu&eacute; tal unos cuantos cientos?&quot;, dijo ella nuevamente.<br /><br />- &quot;Puedes darnos alguna ayuda, por lo menos?&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;Ah&iacute; me pides algo m&aacute;s racional.&quot; dijo Livindance &quot;D&eacute;jame fijarme&quot; y dej&oacute; de verse al irse por un pasillo de la cueva. Volvi&oacute; unos minutos despu&eacute;s portando algunos pocos objetos extra&ntilde;os. Se tendi&oacute; hacia Armis y le obsequi&oacute; una peque&ntilde;a vasija plateada tapada por un corcho. Le dijo &quot;Cuando te encuentres en problemas o alguien cercano a ti lo haga, b&eacute;bela u obs&eacute;quiasela a quien la necesite y un poder m&aacute;gico obrar&aacute; a trav&eacute;s suyo y les dar&aacute; poder suficiente como para vencer enemigos poderosos.&quot; Se dirigi&oacute; ahora hacia Livancy y le otorg&oacute; un pergamino, y le dijo &quot;T&uacute; eres la &uacute;nica del grupo que podr&aacute; leerlo, por eso te lo obsequio a ti. Se trata de un hechizo extremadamente poderoso que convoca a un ser que pelear&aacute; por ustedes con una fuerza y un fuego que no tiene par en estas tierras. &Uacute;salo con sabidur&iacute;a.&quot; Livancy asinti&oacute; y lo guard&oacute;. La anciana se par&oacute; frente al grupo ya sin objetos m&aacute;gicos y su expresi&oacute;n daba la sensaci&oacute;n de que iba a decir un discurso de despedida. De repente &quot;&iexcl;Y para nosotros!, &iquest;Qu&eacute;?&quot; dijo Geond de mala gana. Livindance respondi&oacute; &quot;&iquest;No tienen la poci&oacute;n que le he obsequiado al joven apuesto? Estoy segura que el se la dar&aacute; a quien la necesite en el momento indicado. Lo que les quer&iacute;a decir es que deber&iacute;an dejar este lugar lo antes posible. Mi &#039;guarida&#039; tiene protecciones m&aacute;gicas que act&uacute;an cada cierto tiempo. Este lugar est&aacute;, en realidad, en un sitio oculto de nuestro mundo, pero su salida a la superficie cambia de lugar cada dos horas. As&iacute; como en este momento la salida se encuentra en los bosques de las tierras orcas, en un corto lapso de tiempo estar&aacute; en las tierras del norte, o tal vez en las tierras del oeste. En todo este tiempo, nunca nadie hab&iacute;a encontrado la entrada, hasta que el peque&ntilde;o Lurrol resbal&oacute; y cay&oacute; aqu&iacute;, y me coment&oacute; que ven&iacute;a con un grupo en busca de aventuras. Ah&iacute; es cuando, luego de escudri&ntilde;ar su mente, pude saber que era acompa&ntilde;ado por ustedes y por una joven con quien ten&iacute;a parentesco. Por favor, v&aacute;yanse ahora, no querr&aacute;n perder a un integrante del grupo, &iquest;o si?&quot;<br /><br />El grupo comenz&oacute; su retirada y todos saludaron y fueron subiendo la ligera cuesta empinada. Livancy fue la &uacute;ltima, y se acerc&oacute; y dio un beso a Livindance. &quot;Adi&oacute;s, abuela&quot;. &quot;Adi&oacute;s, Livancy&quot;, dijo la anciana, con sus labios movi&eacute;ndose. Livancy se dirigi&oacute; a la salida, dio una vuelta, sonri&oacute;, y comenz&oacute; su subida hacia la salida. Ya, cuando todos terminaron de subir, Tugstoth dijo &quot;Debimos pedirle algo contra la lluvia&quot;. Segu&iacute;a lloviendo a c&aacute;ntaros, entonces retomaron su camino y siguieron adelante hasta altas horas de la tarde, cuando la lluvia comenz&oacute; a ceder. El cielo mostraba uno de sus mejores rostros: los c&uacute;mulos nimbos daban una sensaci&oacute;n de inmensidad al cielo que, por primera vez en el d&iacute;a, dejaba verse con un azul radiante que emanaba tranquilidad. El grupo ahora se hallaba mojado y cansado por haber caminado todo el d&iacute;a con pesadas ropas, por lo que decidi&oacute; armar el campamento m&aacute;s temprano que de costumbre. Todos se dispusieron a buscar la madera m&aacute;s seca posible para armar una fogata con la que secar algunas mudas de ropa. Reunieron una aparatosa monta&ntilde;a, en la que Armis, Tugstoth y Geond trataban de prender fuego en tres v&eacute;rtices opuestos. Mientras, Livancy y Lurrol estaban buscando en las mochilas de todos lo que estuviera mojado para darle un poco de aire del exterior. Dijo ella &quot;A&uacute;n me tiene marcada lo que dijo Livindance, &iquest;Todos los de mi familia son adictos a la magia? Mi padre es un comerciante que trabaja de pueblo en pueblo y, cuando puede, nos visita y nos trae provisiones y oro; mi madre es una persona letrada que trabaja en la biblioteca y adem&aacute;s copia libros. S&oacute;lo en ratos libres se dedica a aprender y a curiosear con escritos m&aacute;gicos que tiene al alcance. &iquest;Cu&aacute;l de ambos es &#039;adicto&#039; a la magia?&quot; &quot;En mi familia somos amantes de las tartas de ciruela, pero veo que lo tuyo es m&aacute;s grave&quot; - dijo Lurrol, tratando de compartir el pesar - &quot;No le des importancia, si te mantienes con nosotros no tendr&aacute;s tiempo de volverte pesada con la magia.&quot; y sonri&oacute;, con sus mejillas rosadas por el fr&iacute;o. Livancy sonri&oacute; por un momento y sigui&oacute; revisando los bolsos. Mientras tanto, los tres peque&ntilde;os adultos se hallaban abocados a la tarea de crear una llama en medio de la humedad reinante. Tugstoth, mientras giraba la madera, la empujaba hacia abajo, tratando de llegar a una parte m&aacute;s seca de la misma; Geond se concentraba en hacer los giros m&aacute;s r&aacute;pidos que los otros dos y su velocidad era sorprendente. Armis, por su parte, hac&iacute;a girar la madera con la menor cantidad de movimiento posible, as&iacute; la fricci&oacute;n de las maderas era m&aacute;s constante y el calor no se perd&iacute;a entre un giro y otro. Cerr&oacute; los ojos y trat&oacute; de imaginar una escena que le parec&iacute;a conocida, un &quot;d&egrave;ja vu&quot; tal vez. Visualizaba un enorme castillo a&eacute;reo que ascend&iacute;a desde un pilar a cientos de kil&oacute;metros de la tierra. Frente al castillo se hallaba un guerrero montando un drag&oacute;n color p&uacute;rpura gris&aacute;ceo. El guerrero estaba vestido con un radiante casco que le cubr&iacute;a toda la cara y en la parte de arriba dejaba escapar un mech&oacute;n de pelo blanco. Sus ojos no estaban a la vista, pero su mirada emanaba un rojo que hubiese intimidado a cualquier criatura con la que se enfrentara. Su armadura de placas era brillante, pues reflejaba de manera cegadora la luz del sol y llevaba el estandarte de la corte clerical de Sylphis. Sus poder y fortaleza deb&iacute;an ser magn&aacute;nimos pues controlaba una bestia como pocas: Un drag&oacute;n m&iacute;tico de las monta&ntilde;as de Um. Estos llamativos dragones eran adorados en la antig&uuml;edad como dioses, pues su fuerza y sus devastadoras bolas de fuego pod&iacute;an erradicar ciudades enteras de un soplido. Se criaban en los volcanes y absorb&iacute;an el fuego que los nutrir&iacute;a para su crecimiento y los har&iacute;a invencibles es su madurez. La criatura se ve&iacute;a amenazante y m&aacute;s a&uacute;n con tal jinete. Amenazantes e imponentes, llevaban guardia del primer y gran Castillo Blanco. Su base era semejante a la de un roble macizo, pero a medida que crec&iacute;a se hac&iacute;a nudoso y mostraba un gran n&uacute;mero de peque&ntilde;as ventanas, que iban creciendo en tama&ntilde;o hasta terminarse y volver a aparecer unas mucho m&aacute;s grandes en la cima, que ten&iacute;a forma nubosa y extend&iacute;a numerosas pistas a&eacute;reas. Su historia habla sobre que fue construido por Sylphis en los viejos tiempos, al materializar una gran tormenta. De repente sinti&oacute; un inmenso calor, abri&oacute; los ojos y Armis vio que sus mangas se estaban quemando. Vio que la fogata estaba creciendo y corri&oacute; gritando &quot;&iexcl;Aaaay!&quot; hacia el charco m&aacute;s cercano, en el que hundi&oacute; los brazos. Todos lo estaban viendo y Geond quer&iacute;a re&iacute;rse pero conten&iacute;a la tentaci&oacute;n. Ya con todos tranquilos, extendieron sogas por los &aacute;rboles cercanos a la fogata, cuidando que no est&eacute;n demasiado cerca y colgaron ropas que necesitar&iacute;an secas lo antes posible. Todo este trabajo les hab&iacute;a tomado un par de horas, por lo que al haber terminado, hab&iacute;a ca&iacute;do la noche. Lurrol, junto con Livancy, hab&iacute;an puesto una gran vasija resistente al fuego en la fogata, junto con un poco de agua y unos deliciosos tub&eacute;rculos, pero al impacientarse, Tugstoth hab&iacute;a sacado uno de los tub&eacute;rculos, lo hab&iacute;a atravesado con una rama y lo puso al fuego. Los dem&aacute;s lo imitaron hasta que Lurrol y Livancy hicieron lo mismo. Mientras la mandioca de coc&iacute;a, Lurrol susurr&oacute;: - &quot;Que bien que a&uacute;n no encontramos m&aacute;s orcos. Si seguimos con esta racha, llegaremos sin ning&uacute;n esfuerzo al Monte del Tesoro.&quot;<br /><br />- &quot;&iexcl;Tonto! Hablar de ellos es como llamarlos&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iquest;Crees es supersticiones?&quot;, dijo Tugstoth.<br /><br />- &quot;Creo que debimos tratar de pasar m&aacute;s desapercibidos.&quot;, respondi&oacute; Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;Desapercibidos mis polainas! Si no fuera por esta gran fogata seguir&iacute;amos mojados hasta los huesos.&quot;, dijo Lurrol, queriendo sonar agresivo. <br /><br />- &quot;Debemos estar alerta, marrano. Eso es lo mejor que podemos hacer.&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;Ya s&eacute;! Hagamos guardias dobles. De esta forma, estaremos m&aacute;s atentos pues dos cabezas piensan m&aacute;s que una.&quot;, dijo Livancy.<br /><br />- &quot;Me gusta la idea&quot;, dijo Armis. El rostro de Geond se ensombreci&oacute;.<br /><br />- &quot;Est&aacute; bien. Hag&aacute;moslo.&quot;, dijo Tugstoth.<br /><br />- &quot;Bien...Me ofrezco a ir primero y los dem&aacute;s echen suertes.&quot; Dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;Hagamos piedra, papel o tijera!&quot;, dijo Armis. &quot;Quien gane la primera ronda, jugar&aacute; con el vencedor.&quot;<br /><br />- &quot;&iexcl;Piedra, papel o tijera!&quot;, dijeron Livancy y Tugstoth al un&iacute;sono. Tugstoth us&oacute; piedra y Livancy papel. Ella hab&iacute;a ganado.<br /><br />- &quot;&iexcl;Piedra, papel o tijera!&quot;, dijeron Armis y Lurrol. Armis sac&oacute; tijera y Lurrol papel. La ronda ser&iacute;a entre Armis y Livancy.<br /><br />- &quot;&iexcl;Piedra, papel o tijera!&quot;, gritaron Armis y Livancy. Ambos sacaron papel.<br /><br />- &quot;&iexcl;Piedra, papel o tijera!&quot;, gritaron ambos con m&aacute;s fuerza. Livancy sac&oacute; tijera y Armis, piedra. Armis har&iacute;a la primera ronda junto con Geond. La segunda la har&iacute;an Tugstoth y Lurrol. La tercera la iban a hacer Livancy y Amigo, el caballo. Geond insult&oacute; por lo bajo, pero nadie escuch&oacute;.<br /><br />Para no dormirse, charlaban por lo bajo. Geond hablaba continuamente sobre las piedras preciosas sobre las que conoc&iacute;a, dec&iacute;a &quot;El circ&oacute;n es de un azul p&aacute;lido, no de un azul vivo como el zafiro.&iquest;Sab&iacute;as que la esmeralda se consigue solamente a una altura de seiscientos metros por debajo del nivel del suelo? Es un enigma para los enanos, pero algunos que dicen ser alquimistas pueden convertir el carb&oacute;n en piedras valiosas. Yo no les creo, son puras patra&ntilde;as, &iquest;Tu que crees, eh, Armis?&quot; Armis estaba muy atento, meditando sobre lo que hab&iacute;a dicho Geond. Dijo &quot;No lo se. Puede ser cierto, pero no se m&aacute;s de eso que t&uacute;. Por favor, sigue contando&quot;. &quot;Bien, por donde estaba... &iexcl;Ah, s&iacute;, el carb... &iexcl;&iquest;Qu&eacute; es ese sonido?!&quot;, dijo Geond, llamativamente. Armis respondi&oacute; &quot;Yo no escucho nada.&quot; Geond dijo &quot;Viene de all&iacute;&quot;, se&ntilde;alando un agujero entre los &aacute;rboles &quot;&iexcl;Vamos!&quot;, dijo. Armis se levant&oacute; y vio que la expresi&oacute;n de Geond denotaba un miedo latente. &quot;Vamos, ap&uacute;rate&quot;, reiter&oacute; Geond. &quot;Est&aacute; bien, amigo. Vamos.&quot; Le dijo Armis mientras ambos comenzaban a correr. Mientras Armis segu&iacute;a a Geond, le pregunt&oacute; &quot;&iquest;Pero qu&eacute; es lo que has escuchado?&quot;. Contest&oacute; Geond &quot;Me pareci&oacute; el choque de muchas armas juntas. Es dif&iacute;cil de explicar, pero eso fue lo m&aacute;s cercano a lo que cre&iacute; escuchar. Pero apres&uacute;rate, debemos ver qu&eacute; es.&quot; A Armis le costaba cada vez m&aacute;s seguir a Geond, le empezaba a perder distancia, y notaba que se estaban alejando cada vez m&aacute;s del campamento. Corrieron algunos minutos hasta que Armis se distrajo y mir&oacute; un momento hacia otro lado y perdi&oacute; de vista a Geond. No pod&iacute;a gritar porque se hallaba en tierras orcas, por lo que comenz&oacute; a seguir una direcci&oacute;n que crey&oacute; que era hacia donde se dirig&iacute;a Geond. Pocos minutos despu&eacute;s llegaba al campamento Geond. Sonriendo y con una gota de sudor bajando por su frente, fue hasta la mochila de Armis y comenz&oacute; a revisarla. Encontr&oacute; la botella plateada, la retir&oacute; y guard&oacute; todo exactamente como lo hab&iacute;a encontrado. &quot;Esta poci&oacute;n estar&aacute; mejor bajo mi control&quot;, pens&oacute;, mientras la guardaba en el fondo de su carcaj. Luego se incorpor&oacute; y corri&oacute; hacia el bosque a un lugar cercano donde pudiera ver cuando viniera Armis, quien lleg&oacute; bastantes minutos despu&eacute;s. Estaba visiblemente cansado, pues hab&iacute;a estado buscando a Geond un buen rato y luego hab&iacute;a vuelto al campamento con la esperanza de encontrarlo. Geond not&oacute; que Armis estaba angustiado y se acerc&oacute; a un &aacute;rbol donde se tir&oacute; a recuperar el aliento. Estaba a punto de llorar cuando Geond sali&oacute; de entre los &aacute;rboles y le dijo &quot;Con que aqu&iacute; estabas&quot;. &quot;&iquest;Estas bien?&iexcl;Tem&iacute; que los orcos te hubiesen atrapado!&quot;, musit&oacute; Armis. &quot;No hay problema, lo que hubo fue una especie de discusi&oacute;n entre los mismos integrantes de un grupo orco en el que se mataron y no qued&oacute; uno solo vivo.&quot;, dijo Geond. &quot;Bueno, de alguna forma me reconforta que estemos todos bien y fuera de peligro.&quot;, dijo Armis, algo m&aacute;s compuesto. Geond suspir&oacute;. Ambos se sentaron enfrentados y estuvieron en un silencio sepulcral hasta que despertaron a Tugstoth y a Lurrol. Todo pas&oacute; sin novedades en la segunda y la tercer ronda.<br /><br />La ma&ntilde;ana siguiente trajo su acostumbrada niebla cuando Livancy y Amigo despertaron a los dem&aacute;s. Desayunaron t&eacute; caliente con pan de viaje prove&iacute;do por Lurrol. Todo fue hecho con un ligero toque femenino debido a que Livancy hizo el t&eacute; - y se quem&oacute; la lengua al probarlo. Juntaron todos sus mochilas y bolsas y siguieron su camino por el bosque. Con mucha cautela, iban Geond vigilando el frente de la compa&ntilde;&iacute;a y Armis la retaguardia. Tugstoth se sent&iacute;a inquieto, por lo que agarr&oacute; una de sus hachas y comenz&oacute; a revolearla como ejercicio. Lurrol hab&iacute;a encontrado una peque&ntilde;a rama gruesa y estaba lij&aacute;ndola para hacer una flauta, queriendo emular a un ni&ntilde;o explorador de uno de los cuentos que hab&iacute;a escuchado m&aacute;s de ni&ntilde;o. Livancy se daba tiempo para observar los &aacute;rboles y quedarse revisando aquellos que le parec&iacute;an m&aacute;s a&ntilde;osos. Estaba palpando un abedul nudoso cuando un grito &quot;&iexcl;Ha!&quot; la asust&oacute; y se le puso la piel de gallina, temerosa de que estuviera molestando a un Ent. Tugstoth estaba en su entrenamiento que terminaba en un golpe que deb&iacute;a ser gritado con determinaci&oacute;n y furia. Se sent&iacute;a orgulloso de su manejo de las hachas, pero Armis lo disuadi&oacute; para que continuara en silencio. La niebla se disip&oacute; a las 10 de la ma&ntilde;ana y, para sorpresa de todos, el Monte del Tesoro se encontraba a la vista. Era una elevaci&oacute;n que estaba frente a ellos y se impon&iacute;a, majestuosa, sobre la llanura circundante y guardaba celosamente qui&eacute;n sabe qu&eacute; tesoros. Livancy determin&oacute; que se encontraban a no m&aacute;s de dos d&iacute;as de all&iacute;. Todos estaban con las energ&iacute;as renovadas al escuchar la noticia y Lurrol lament&oacute; no haber terminado su flauta a&uacute;n, por lo que redobl&oacute; el empe&ntilde;o de su tarea. Geond advirti&oacute; &quot;No perdamos la guardia. Estamos muy cerca de nuestro objetivo pero recuerden que ya tuvimos un altercado con los orcos. No nos confiemos.&quot; Al darse cuenta de lo que dijo, todos sacaron sus armas y caminaron con m&aacute;s cautela.<br /><br />Eran las cuatro de la tarde cuando todos escucharon unos balbuceos incomprensibles que proven&iacute;an de donde los viajeros ven&iacute;an. Todos concentraron sus guardias hacia ese lado y siguieron caminando. Sin darse cuenta, un pie se pos&oacute; sobre un mont&oacute;n de hojas puesto deliberadamente. Geond grit&oacute; &quot;&iexcl;&iexcl;Cuidado!!&quot; y todos se corrieron, pero en una fracci&oacute;n de segundo, una red se llev&oacute; a las alturas lo que pudo agarrar. Se encontraba Armis atrapado en las alturas y ve&iacute;a una bandada de orcos acercarse por ambos lados para atacar a sus amigos. Grit&oacute; desesperado &quot;&iexcl;Orcos!&iexcl;Orcos!&quot;. Todos sacaron sus armas e hicieron una ronda alrededor del caballo. Estaban por un lado Geond, Lurrol y Livancy y, por otro, Tugstoth. Armis gritaba desesperado y trataba de romper la red con sus manos in&uacute;tilmente. Mientras los orcos a&uacute;n se acercaban, Geond pudo ver claramente sus intenciones y tuvo tiempo de disparar dos flechas a uno de ellos, que relentizaron su movimiento. Livancy sac&oacute; su honda y pudo revolear una piedra que no acert&oacute;, por lo que tir&oacute; la honda a un lado y sac&oacute; la daga. Los orcos llegaron al grupo y los rodearon, observ&aacute;ndolos y dispuestos a atacar al menor descuido. Tugstoth comenz&oacute; la batalla, balanceando sus hachas y repartiendo una peligrosa sacudida con sus dos hachas que mat&oacute; a un orco y dej&oacute; una grave herida profunda en otro. Dos orcos estaban frente a Geond, Lurrol y Livancy. Geond administr&oacute; dos r&aacute;pidos cortes en uno de ellos y promovi&oacute; su furia. El que estaba observando a Lurrol y a Livancy se cans&oacute; y se tir&oacute; a atacar a Lurrol, que estaba m&aacute;s adelante. Trat&oacute; de defenderse con su bast&oacute;n y parcialmente lo logr&oacute;, pero las garras hab&iacute;an hecho una mediana herida en su brazo derecho. Livancy aprovech&oacute; el descuido del orco y salt&oacute; y le clav&oacute; su daga en la pierna, entonces la bestia retrocedi&oacute; en dolor y se llev&oacute; su daga clavada. Tugstoth segu&iacute;a peleando y hab&iacute;a eliminado tres orcos mas, y estaba bien a&uacute;n, a pesar de llevarse ligeros golpes - una cortada por all&iacute;, un moret&oacute;n por all&aacute; - hasta que vio entre la interminable multitud a tres orcos m&aacute;s grandes y de apariencia m&aacute;s forzuda que el resto. Geond sigui&oacute; peleando contra el orco hasta que &eacute;ste le propin&oacute; un garrazo que lastim&oacute; la parte izquierda de su cabeza y su hombro izquierdo. Su cabeza se hallaba plenamente descubierta y su cabello estaba revuelto - era pelirrojo - y mezclado con sangre. Gru&ntilde;&oacute; como una bestia salvaje y antes de una mil&eacute;sima de segundo su daga estaba clavada en la cara del orco, girando y deform&aacute;ndola hasta que el &uacute;ltimo aire fue expulsado junto con salpicones de sangre negra. A continuaci&oacute;n se pos&oacute; detr&aacute;s del orco que estaba con Lurrol y Livancy y le abri&oacute; un tajo gigantesco en la espalda, y entonces la criatura gru&ntilde;&oacute; un instante y cay&oacute; ya sin aliento de vida. Mientras tanto, Armis estaba tratando de romper la red con su espada celeste y lo estaba consiguiendo, s&oacute;lo que muy lentamente. Al mismo tiempo, Tugstoth hac&iacute;a girar las hachas alrededor de &eacute;l llev&aacute;ndose vidas de orcos mediante. En un momento, todos los orcos se corrieron y dejaron como un &quot;camino&quot; vac&iacute;o entre Tugstoth y uno de los orcos fortachones que hab&iacute;a visto anteriormente. Ambos se contemplaban, como acostumbraban hacer los guerreros en la antig&uuml;edad antes de sus duelos. Tugstoth ve&iacute;a en su enemigo una gran experiencia de combate y unos ojos que podr&iacute;an romper el cristal con facilidad. Su piel era amarillenta y sus facciones era m&aacute;s refinadas comparadas a los dem&aacute;s orcos que hab&iacute;a visto. Regulares fue un t&eacute;rmino que vino a su mente. Se hallaba vestido con una armadura con algunas partes de cuero y otras - las vitales - de metal. Su arma era un hacha&nbsp;&nbsp;mediana que - pens&oacute; Tugstoth - deb&iacute;a moverse a una velocidad que superaba ampliamente la humana. Estaba nervioso, pero trat&oacute; de no mostrarlo y, en el momento indicado, los dos guerreros se aproximaron corriendo a enfrentar el filo de sus armas. En el otro lado, estaban Geond, herido, luchando junto con Livancy y Lurrol. Con cada intercambio de golpes, parec&iacute;a una suerte que Geond a&uacute;n se mantuviera en pie y cuando parec&iacute;a que estaba por caer, Lurrol se puso entre el orco y &eacute;l. Dijo &quot;El mantecas de proteger&aacute;&quot;, y comenz&oacute; a girar su bast&oacute;n lo m&aacute;s r&aacute;pido que pod&iacute;a. Pudo colocarle un par de bastonazos a un orco, pero qued&oacute; en muy mala posici&oacute;n y, a pesar de que Livancy tambi&eacute;n pudo ingeni&aacute;rselas para golpear con una rama, Lurrol recibi&oacute; un garrazo que se le hundi&oacute; en el est&oacute;mago, dej&aacute;ndolo sin aire y en shock. Livancy se puso miedosamente entre en orco y Lurrol, que estaba inconsciente en el piso. El orco se acerc&oacute; con la intenci&oacute;n de rebanarla y ella dej&oacute; su miedo y dio paso a la euforia de la batalla. Dijo &quot;&iexcl;Nosotros no vamos a morir aqu&iacute;!&iquest;Entiendes?&iexcl;&iexcl;No moriremos aqu&iacute;!!&quot;, con actitud desafiante. La criatura dio un garrazo pero se detuvo unos cent&iacute;metros antes de llegar a la cara de la ni&ntilde;a. Una espada celeste y con doble hilo atravesaba el cr&aacute;neo de la criatura. Armis se hallaba sosteni&eacute;ndola y dando algo de aliento a sus heridos amigos. &quot;De eso puedes estar segura&quot;, dijo, con una sonrisa de alivio. Salt&oacute; a tierra y otro orco se le aproximaba. Con un r&aacute;pido movimiento, hizo un corte ascendente que se marc&oacute; en la garganta del orco. Comenz&oacute; a pelear lleno de energ&iacute;a, pero sus enemigos eran interminables. A uno le hizo sucesivos cortes en el brazo derecho y finamente en el torso, a otro le hizo una sanguinolenta herida en la parte derecha de la mand&iacute;bula y luego se la clav&oacute; en el coraz&oacute;n y a otro lo inund&oacute; de cortes insignificantes y se ech&oacute; para atr&aacute;s y se perdi&oacute; entre los dem&aacute;s. La pelea estaba dura - pens&oacute; - cuando escuch&oacute; un grueso choque de metales y sucesivamente un sonido de cuero y carne siendo cortados. A unos metros de all&iacute;, Tugstoth rod&oacute; y qued&oacute; finalmente boca arriba, con una gran herida que cubr&iacute;a desde su hombro derecho hasta la parte izquierda de su cintura. Sangre brotaba y &eacute;l respiraba pesadamente. De repente, dej&oacute; de respirar. Ese momento se congel&oacute; para Armis y los dem&aacute;s. El miedo y el temor se apoderaron de su coraz&oacute;n y trat&oacute; de gritar, pero en ese instante no pod&iacute;a. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Geond. &quot;La poci&oacute;n &iexcl;Denle la poci&oacute;n!&quot;, dec&iacute;a recostado en el suelo. (Yo la tengo), pens&oacute; Armis &quot;Mi mochila. Mi mochila. Mi mochila&quot;, dec&iacute;a mientras la buscaba. &quot;No, la tengo yo&quot;, dijo Geond, y se sac&oacute; el carcaj de su espalda, lo dio vuelta y tir&oacute; todas las flechas. Cay&oacute; tambi&eacute;n la peque&ntilde;a botella plateada. &quot;&iexcl;Ag&aacute;rrala y corre!&quot; dijo Geond a Livancy. Ella lo mir&oacute; por un segundo, dudando, e inmediatamente corri&oacute; hacia Geond, tom&oacute; la poci&oacute;n y corri&oacute; hacia Tugstoth, que yac&iacute;a inanimado. Imprevistamente, un orco fue al encuentro con Livancy. La bestia se acercaba pero recibi&oacute; un flechazo. Livancy mir&oacute; a Geond y &eacute;ste, con un arco en sus manos y desde el piso, le sonri&oacute;. Flechas se clavaban, flechas erraban, Livancy pudo llegar hasta Tugstoth. Sac&oacute; el corcho algo forzosamente y el vapor que brotaba de all&iacute; era gris&aacute;ceo plateado, con chispas doradas. Lo volc&oacute; con miedo en los labios de Tugstoth. Nada suced&iacute;a. De repente sus ojos salpicaban luz amarilla, y la herida comenzaba a brillar, cada vez con m&aacute;s intensidad. Livancy se alej&oacute;. Unas ondas doradas palpitaban alrededor del guerrero. Su herida brillaba con un fulgor amarillo-blancuzco y se fue cerrando r&aacute;pidamente. Cerr&oacute; los ojos y cuando los abri&oacute; la luz que sal&iacute;a de ellos sigui&oacute; aumentando. Su expresi&oacute;n se convirti&oacute; en la de una decidida venganza y se incorpor&oacute;. Expulsaba un aura dorada que tomaba la forma de fuego a su alrededor. Su cabello parec&iacute;a haberse vuelto brillante y dorado. Todos los orcos - inclusive con los que estaba peleando Armis - lo ve&iacute;an con atenci&oacute;n y sorpresa. Tugstoth camin&oacute; hacia las armas que hab&iacute;a arrojado y las recogi&oacute; nuevamente. Fue hasta el lugar donde hab&iacute;a retado al alto orco y grit&oacute; &quot;&iexcl;&iexcl;&iexcl;HRAAA!!!&quot; para retarlo nuevamente. El experimentado guerrero orco tuvo un dejo de miedo, pero confi&oacute; en su experiencia y corri&oacute; a atacarlo. Tir&oacute; un hachazo que Tugstoth pudo bloquear exitosamente. Y otro. Lo lanz&oacute; hacia atr&aacute;s y Tugstoth atac&oacute; con sus dos hachas. El guerrero orco pudo deflectar una y bloquear la otra, y ri&oacute; confiado. El bloqueo sostenido que estaba haciendo requer&iacute;a mucha fuerza de ambas partes y pens&oacute; que Tugstoth no podr&iacute;a mantenerlo indefinidamente. Su confianza se desplom&oacute; cuando su hacha se parti&oacute; y se hizo pedazos, y el golpe de Tugstoth entr&oacute; de lleno y lo parti&oacute; en dos. Su aura dorada segu&iacute;a brillando y el guerrero rubio esperaba un nuevo contrincante. Nadie aparec&iacute;a hasta que otro de los altos orcos se acerc&oacute; con &aacute;nimos de un duelo. &Eacute;ste era como el anterior, excepto que su piel era azul claro. Ni bien se movi&oacute;, Tugstoth apareci&oacute; frente a el y le propin&oacute; un corte vertical ascendente que le atraves&oacute; la armadura y sigui&oacute; hasta atravesar su cabeza. A partir de eso, hizo una gran lluvia de hachazos que eliminaba a todo enemigo que estuviera cerca. Muri&oacute; gran cantidad de orcos, inclusive el alto orco que quedaba, de tez roja. Los orcos, aterrorizados, se dispersaron y corrieron gritando y escapando para salvar sus vidas. Despu&eacute;s de eso, el resplandor dorado que envolv&iacute;a a Tugstoth se desvaneci&oacute; y se sent&oacute; en un cad&aacute;ver orco, puso el codo derecho en sus rodillas y se puso en pose de pensativo. Y se durmi&oacute;. Los dem&aacute;s no pod&iacute;an creer lo que vieron. Ganaron la batalla gracias a la habilidad de Tugstoth y a la poci&oacute;n que Livindance les hab&iacute;a obsequiado. Livancy pens&oacute;, exhausta, &quot;Gracias, abuela&quot;. Lurrol se hab&iacute;a recuperado mentalmente y estaba buscando en su mochila las vendas y dem&aacute;s cosas de primeros auxilios. Geond coment&oacute; &quot;Revisemos los cuerpos. Algo de utilidad debe haber por all&iacute;&quot;. Livancy hizo una mueca de asco &quot;Fweg, rev&iacute;salos t&uacute;.&quot;, Dijo. &quot;Bien, lo har&eacute;. Lo que tengan los altos orcos es lo que m&aacute;s me puede llamar la atenci&oacute;n&quot;, dijo Geond. Lurrol untaba alcohol en las vendas, tomaba coraje y se las pon&iacute;a. Gritaba &quot;&iexcl;Aaaah!&quot;, &quot;&iexcl;Aaaahh, que dolorr!&quot;. Armis descansaba, acostado en el suelo. Livancy recogi&oacute; algunas vendas y desinfectante y persegu&iacute;a a Geond, molest&aacute;ndolo para que se quede quieto para curarlo. Luego de un rato, Armis se incorpor&oacute; y le grit&oacute; a Geond &quot;&iquest;Has encontrado algo?&quot;, y le respondi&oacute; &quot;Unas pocas monedas y un par de hachas de buena calidad. Lo dem&aacute;s son despojos de armas.&quot; Una de las hachas medianas ten&iacute;a una insignia y un pa&ntilde;uelo rojo; la otra era exactamente igual pero azul. <br /><br />Dijo Armis &quot;Guarda t&uacute; las monedas, te las pediremos a medida que las vayamos necesitando, amigo.&quot;<br /><br />- &quot;&iquest;Cu&aacute;nto es?&quot;, pregunt&oacute; Lurrol.<br /><br />- &quot;Seis monedas de oro y dos de plata&quot;, respondi&oacute; Geond.<br /><br />- &quot;&iquest;No era m&aacute;s? Me pareci&oacute; que recogiste m&aacute;s&quot;, cuestion&oacute; Livancy.<br /><br />- &quot;No, te habr&aacute; parecido.&quot;, minti&oacute; Geond, quien hab&iacute;a apretado las cincuenta y cuatro monedas de oro en una peque&ntilde;a bolsa para que no hagan ruido.<br /><br />- &quot;Geond, hay algo que me inquieta. &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;as t&uacute; la poci&oacute;n?&iquest;No acordamos que yo la llevar&iacute;a?&quot;, pregunt&oacute; Armis.<br /><br />- &quot;Yo no acord&eacute; tal cosa. Esa decisi&oacute;n nos fue impuesta por aquella anciana, sin consult&aacute;rnoslo. Pero lo importante es que los vencimos, &iquest;No es as&iacute;?.&quot;, dijo Geond poni&eacute;ndose la capucha nuevamente.<br /><br />- &quot;S&iacute;, s&oacute;lo que...&quot;, dijo Armis.<br /><br />- &quot;No cuestiones mis m&eacute;todos. Son los mejores para el grupo&quot;, lo call&oacute; Geond. Armis no sab&iacute;a qu&eacute; decir, as&iacute; que no dijo nada y qued&oacute; pensando un largo rato. Mientras, Lurrol se ocupaba de vendar a todos. Cuando se acerc&oacute; a Geond con el alcohol, &eacute;ste irgui&oacute; su pu&ntilde;o de forma amenazante y Lurrol decidi&oacute; dejar el alcohol a un lado a la hora de vendarlo. Cuando Armis se incorpor&oacute;, sinti&oacute; que le dol&iacute;a todo el cuerpo y sugiri&oacute; a los dem&aacute;s la idea de quedarse hasta ma&ntilde;ana a descansar. Livancy sugiri&oacute; que era mejor irse a un lugar escondido a descansar, como una zona m&aacute;s poblada del bosque, y concordaron en que comenzar&iacute;an la caminata al rayar el alba.<br /><br />Arrastraron todos a Tugstoth, dormido a&uacute;n, hacia una zona completamente llena de vegetaci&oacute;n y establecieron all&iacute; un precario campamento, en la segura cobertura de arboles y arbustos. Los muchachos dejaron los equipajes a un lado y se ocuparon de hacer las camas, pero Livancy estaba viendo sus libros y pergaminos, mientras los comparaba con el que le hab&iacute;a obsequiado su abuela. Ten&iacute;a la vista posada en la primera runa - o lo que parec&iacute;a ser la primera, pues no se pod&iacute;a saber - y la buscaba una y otra vez en sus apuntes y libros.<br /><br />- &quot;Deber&iacute;as saber que no encontrar&aacute;s exactamente el mismo s&iacute;mbolo en tus escritos, Livancy&quot;, le dijo Geond, quien se hubo acercado sin sonido alguno.<br /><br />- &quot;&iexcl;Claro que lo sab&iacute;a!&quot;, ri&oacute; nerviosamente ella. &quot;Pero aqu&iacute;, en alg&uacute;n lugar, deber&iacute;a decirme c&oacute;mo encontrarlo, o a qu&eacute; debe ser parecido.&quot;<br /><br />- &quot;No cuentes con eso&quot;, declar&oacute; Geond. &quot;La lectura de las runas es algo que sabe un mago de forma inherente. Es como un talento que permite leer e interpretar lo que otros magos escriben.&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iquest;Y c&oacute;mo sabes tanto?&quot;, interrog&oacute; Livancy.<br /><br />- &quot;Es f&aacute;cil. F&iacute;jate en el texto completo y te dar&aacute;s cuenta que, por los patrones b&aacute;sicos y las formas que circundan la primer runa, &eacute;sta quere decir algo como &quot;materia&quot; o &quot;existente&quot;. Ojal&aacute; hubiera una forma de explic&aacute;rtelo.&quot;, dijo Geond.<br /><br />- &quot;&iexcl;Admirable! &iquest;Pero d&oacute;nde lo aprendiste?&quot;, dijo Livancy arqueando una ceja.<br /><br />- &quot;Eso no es algo que se aprende, es algo que se sabe&quot;, respondi&oacute; grandilocuentemente Geond.<br /><br />Livancy se sinti&oacute; ofendida, por lo que se di&oacute; vuelta con todos sus libros y se encontr&oacute; frente a frente, cara a cara con Armis, y se asust&oacute;, y grit&oacute; &quot;&iexcl;&iexcl;WAAH!!&quot; y todos sus libros y notas salieron por el aire.<br /><br />Todos - menos Tugstoth - estaban ayudando a Livancy a recoger sus papeles, cuando Armis se pregunt&oacute; &quot;&iquest;Qu&eacute; tan dif&iacute;cil puede ser leer un pergamino?&quot;. Livancy escuch&oacute; y dijo:<br /><br />- &quot;&iexcl;Ay, si supieras!&iexcl;Todas las runas est&aacute;n conectadas unas con otras y deben ser interpretadas como una totalidad!&iexcl;Y no solo eso, sin&oacute; que cada signo debe ser intencionado mentalmente y expresado f&iacute;sicamente en sincron&iacute;a! Es como convocar y mezclar las fuerzas primordiales para llevarlas al resultado deseado, y todo eso con el coco. Es una receta de cocina con ingredientes metaf&iacute;sicos.&quot;<br /><br />- &quot;Si de recetas de cocina hablan...&quot;, atin&oacute; Lurrol, pero fue interrumpido por Geond, que dijo:<br /><br />- &quot;Este pergamino que nos regal&oacute; la anciana podr&aacute; salvarnos la vida como lo hizo la poci&oacute;n con Tugstoth, as&iacute; que ser&aacute; mejor que le prestemos m&aacute;s atenci&oacute;n en resolverlo. Si quieres, te dar&eacute; mi ayuda para transcribirlo y hacer algunos bocetos del mapa de runas.&quot;<br /><br />- &quot;Por m&iacute; est&aacute; bien, &iquest;Qu&eacute; dicen, chicos, podemos quedarnos resolviendo el pergamino mientras ustedes hacen guardia?&quot;, dijo Livancy.<br /><br />- &quot;Uhm, bueno, est&aacute; bien&quot;, dijo Armis, quien mir&oacute; a Lurrol y &eacute;ste levant&oacute; los hombros satisfactoriamente. &quot;Pero para la &uacute;ltima guardia despertaremos a Tugstoth.&quot;<br /><br />As&iacute; que cuando hubieron jutado todos los papeles, Livancy comenz&oacute; a investigar el pergamino con la ayuda de Geond, mientras Armis vigilaba. Una m&iacute;nima fogata hecha por Armis brindaba luz, y &eacute;ste se hab&iacute;a subido a un &aacute;rbol para montar mejor guardia. Geond mov&iacute;a la mano derecha de un lado a otro del pergamino se&ntilde;alandole los s&iacute;mbolos a Livancy.<br /><br />&quot;Ist a hura magne&quot;, mientras su mano cambiaba de lugar y de forma. <br /><br />Livacy se la baj&oacute; y le dijo &quot;&iexcl;Lo vas a gastar!&iexcl;Est&uacute;pido!&quot;.<br /><br />&quot;&iexcl;Tonta! No lo iba a lanzar. Me faltaba la intenci&oacute;n. Si no tengo la intenci&oacute;n de usarlo, &eacute;ste no entra en uso.&quot;, contest&oacute; molesto Geond.<br /><br />&quot;No vuelvas a hacerlo&quot;, reclam&oacute; Livancy, pero Geond le hizo &quot;Bsshhh&quot;.<br /><br />&quot;&iquest;A m&iacute; me vas a callar?&iexcl;&iquest;A mi me vas a callar, eh?!&quot;, dijo Livancy casi gritando. &quot;Muchachos...&quot;, dijo Armis desde arriba, &quot;tranquil&iacute;cense&quot;.<br /><br />&quot;Armis tiene raz&oacute;n. No hagas bullicio.&quot;, dijo Geond.<br /><br />Entonces Livancy se sent&oacute;, mientras que Geond sigui&oacute; un momento en su lugar. Luego se acerc&oacute; a ella, que lo vi&oacute; con furiosos ojos y le dijo &quot;Fuera...&quot;. Armis intervino para calmarla, le dijo <br /><br />&quot;Puede que no te guste, pero si queremos tener las mejores chances de sobrevivir, es muy importante que aceptes la ayuda de Geond. Trata de dejar tu enojo a un lado, aunque sea por esta noche.&quot; <br /><br />Livancy suspir&oacute; y le respondi&oacute; &quot;Con dos condiciones: que no haga cosas extra&ntilde;as y que tampoco hable.&quot;.<br /><br />Armis le dijo, convalesciente, &quot;Livancy, lo que pides es demasiado... resbuscado.&quot;<br /><br />&quot;Es lo que pido&quot;, clam&oacute; ella.<br /><br />&quot;No es tiempo de caprichos. Si no hacemos lo mejor que podemos en este momento, dudo que lo podamos hacer m&aacute;s adelante.&quot;, dijo Geond.<br /><br />Armis iba a hablar pero Livancy lo interrumpi&oacute; dici&eacute;ndole &quot;&iexcl;Yo tambi&eacute;n quiero decodificar el pergamino lo antes posible, pero al lado de este engre&iacute;do es imposible!&quot;<br /><br />&quot;Creo que deber&iacute;as medir tus palabras a lado de Livacy, Geond. Por favor, por esta noche te lo pido&quot;, dijo Armis.<br /><br />Geond suspir&oacute; y mir&oacute; fr&iacute;amente a Armis, qui&eacute;n le pregunt&oacute; &quot;&iquest;Est&aacute; bien?&quot;<br /><br />&quot;Pues no dijo que no&quot;, dijo sobradoramente Livancy y se arrim&oacute; los libros, y le hizo una se&ntilde;a para que Geond se acercara y entonces comenz&oacute; a investigar. Al cabo de un rato, Geond se acerc&oacute; y un poco despu&eacute;s empez&oacute; a responder a las preguntas que Livancy le iba haciendo. <br /><br /></span>",
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