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  "description": "Otra historia de práctica, hecha en base a una pequeña charla que tuve con un amigo hace unos meses. La verdad que me siento bastante contento con el resultado, todavía no estoy cerca de mi objetivo pero creo que voy por buen camino.\n\nPD: Desconozco si estoy haciendo bien en publicar la versión en español de la cada historia que estoy escribiendo. Realmente parece más spam que otra cosa por tan pocos views que tiene. Por ende, quizás esta sea la última historia con doble versión que suba.",
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  "writing": "El hacha de Rinak cayó pesadamente sobre la cabeza del último hombre anciano del lugar, haciendo que la sonriente cara del vikingo se manchara de sangre. Alrededor del guerrero jabalí, todo el pueblo ardía en llamas, la madera y la paja de las casas crujía con el fuego, y los gritos de los sobrevivientes se mezclaban con el clamor de los asaltantes y el humo. \n\nLa próspera aldea de los hurones se consumía hasta sus cimientos mientras los jabalíes celebraban la victoria, cargando carretas con cereales, pieles, y nuevos esclavos. Una abundante cosecha para el invierno, pieles lujosas de criaturas ferales para confeccionar prendas y armaduras, y al menos treinta esclavos jóvenes para trabajar, divertirse o vender, entre ellos hombres y mujeres.\n\nEl jefe de la incursión, Rinak, un enorme jabalí de dos metros de alto y una barriga del tamaño de un tonel de vino, avanzaba hacia sus hombres que estaban cargando el botín. En su mano derecha, su gran hacha aún goteando sangre, y en su mano izquierda, una larga cabellera blanca y sedosa, perteneciente a un joven muchacho inconsciente, vestido con un fino tapado de pieles, y debajo un pelaje blanco como la nieve cubría el cuerpo del muchacho.\n\nRinak lanzó al hurón a los pies de una de las jaulas y gruñó a sus hombres:\"Ese es el hijo del jefe de la tribu, ahora es mío, y si alguien le pone un dedo encima sin mi permiso, lo partiré en dos junto con toda su familia!\"\n\nLos hombres asintieron y pusieron al joven hurón en una jaula aparte. El miedo que producían las amenazas de su jefe de guerra no eran infundadas, el gran Rinak le daba muchísimo valor a sus trofeos de guerra, tanto que una vez llegó a cortarle un brazo a uno de sus hijos por tomar prestada un hacha que él había ganado en un combate.\n\n-----------------------\n\nCon el regreso de los conquistadores, tuvieron grandes fiestas en la tribu de los jabalíes. Si bien, el saqueo era una hazaña digna de celebrar, esta vez celebraban el doble pues la destrucción de los hurones había sido un encargo de otra tribu a cambio de firmar la paz. Un año atrás, los jabalíes habían sido aplastados en una guerra contra la tribu de los huargos, enormes lobos ferales pero inteligentes, y para evitar la destrucción total, los huargos les encargaron aniquilar a los hurones. La tarea estaba completa, y ahora podían estar a salvo de la ira de esa tribu tan terrible que jamás debieron molestar.\n\nLa gran hoguera en el centro de la aldea ardía tan ferozmente que su llama parecía alcanzar las nubes. Los guerreros chocaban sus jarras llenas de cerveza, y metían sus enormes manos en los costales de grano robado para llevarse puñados inmensos de comida a sus bocas. Las mujeres solteras danzaban al rededor del fuego junto a la chamana, que siempre andaba completamente pintada de color azul y llevaba sus enormes pechos al descubierto, mientras que las casadas servían más bebida a sus hombres y atendían a sus hijos. Los jóvenes, que aún no tenían edad para salir a las incursiones junto con los adultos, luchaban desnudos y desarmados para demostrar su fuerza y habilidad frente a toda la tribu.\n\nDesde una jaula solitaria, un joven hurón observaba el desagradable espectáculo. Arnukak, hijo del asesinado jefe de la tribu de los hurones, veía como sus nuevos dueños se regodeaban de su cobarde hazaña. La tribu de Arnukak era pacífica, recolectores y crianceros de ferales, que no deseaban el mal a nadie y preferían vivir una existencia espiritual y amistosa. Las únicas armas que poseían los hurones eran largas antorchas para ahuyentar a las bestias peligrosas del bosque, y los cuchillos de piedra que usaban para cortar la lana de sus ovejas. No había ningún honor en atacarlos, no había nada que celebrar por ganarle a un enemigo indefenso. La desolación de la pérdida y la amargura de la violencia sufrida eran tan grandes que en el alma de Arnukak no había espacio para odiar a esos salvajes asesinos.\n\nUn fuerte golpe sacó a Arnukak de su trance. Una joven muchacha de la misma tribu que el hurón había sido lanzada con fuerza contra la jaula, el hurón la reconoció, ella era Mararke, la hija del chamán de la tribu, apenas tenía dieciocho inviernos, igual que él. La joven, vestida sólo con harapos, magullada por todos lados y con un gesto de terror, hizo lo mejor que pudo para defenderse de un enorme jabalí que se abalanzó sobre ella con un ansia feral de poseerla.\n\nLa polla del gran guerrero era fina, puntuda y larga, engrosándose en la base, de forma helicoidal, y bastante húmeda. Lo más llamativo del hombre eran sus enormes testículos, un par de bolas peludas que colgaban entre sus piernas, casi compitiendo con el tamaño de la cabeza de  Arnukak.\n\nCon su enorme mano, el porcino arrancó las humildes prendas de Mararke, la levantó del suelo y la volteó, presionándola contra los barrotes de caña de la jaula de Arnukak, y sin mediar palabra, penetró a la joven bruscamente. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas, y sus gritos ensordecieron al joven hurón, las manos de la hembra apretaron los barrotes con fuerza mientras el inmenso macho la desfloraba.\n\nArnukak tapó sus oídos y cerró sus ojos, los gritos de dolor eran desgarradores, los dientes apretados, la saliva chorreaba por las comisuras de su pequeña boca, la madera se astillaba y lastimaba la piel de sus manos. Pobre Mararke, él no podía hacer nada para ayudarla, solo llorar y rogar que el enorme bruto se detenga pronto, pero eso no pasaría, porque el macho estaba deseoso de preñar a una hembra, y su virilidad lo desbordaba de energía, haciendo que los gritos y llantos duraran toda la noche.\n\n-----------------------\n\nEl hurón pasó una semana entera en la tribu de los jabalíes; lo despojaron de sus pieles, dejándole solo un viejo taparrabos y una manta de tela sucia; lo alimentaron con una insípida sopa hecha con los granos robados a su propia aldea. Nunca lo dejaron salir de la jaula, y los guerreros nunca perdían la oportunidad de burlarse de su prisionero cada vez que caminaban junto al trofeo de su cacique.\n\nNadie se había atrevido a lastimar a Arnukak, su terrible nuevo dueño aún no se había acercado a verlo. El chico, luego de observar el destino de la joven Mararke, se había resignado a que pronto correría la misma suerte a manos del gran jefe jabalí. Pero nada ocurrió.\n\nAl primer día de la segunda semana de cautiverio, dos jabalís lo sacaron de su prisión y ataron fuertemente sus manos.\n\n“Vamos a hacer un pequeño viaje, y tú vendrás con nosotros,” explicó uno de los guerreros.\n\n“¿Hacia dónde vamos?” se atrevió a preguntar Arnukak.\n\n“Vamos al norte, a la tribu de los Fenrehir,” respondió el jabalí.\n\nEn ese momento, al joven hurón se le dibujó una gran sonrisa en el rostro. La tribu de los Fenrehir, hijos directos del linaje de Fenrir, eran un clan de enormes y feroces lobos ferales, las únicas criaturas cuadrúpedas inteligentes de la región. Los Fen construían, comerciaban, tenían rituales y lenguajes propios, y lo mejor de todo: eran aliados de la tribu de Arnukak. \n\nLos jabalís le dieron al hurón nuevas pieles para cubrirse y lo llevaron junto al grupo que estaba por partir. La delegación era grande, alrededor de veinte jabalís cargados de regalos se preparaban para marchar hacia el frío norte. Parecía ser una misión diplomática, una ofrenda de paz para mejorar su relación con la tribu más peligrosa del lugar. Los jabalís revisaron todo su equipaje, aseguraron a su único prisionero, formaron una fila y se marcharon.\n\n-----------------------\n\nLos vientos frío chocaban frenéticamente contra los abrigos de piel, las botas de pelaje se hundían levemente y crujían en la nieve. El camino al norte consistía en estrechos y empinados caminos, terribles tormentas de nieve, avalanchas que arrastraban rocas y árboles, y muy escasos lugares para acampar.\n\nDurante el trayecto, Arnukak escuchó varias conversaciones. Al parecer, los jabalís iniciaron una guerra imposible con los Fen hace dos inviernos, y luego de ser masacrados en todas las batallas, en primavera rogaron piedad y lograron pactar la paz. Ahora viajaban para entregar un tributo de pieles y grano, el cuál debían honrar por los próximos tres inviernos.\n\nEl joven hurón pensó que quizás el líder jabalí quería ofrecerles a los Fenrehir un prisionero de guerra como muestra de buena fé. Los hijos de Fenrir le darían cobijo y lo ayudarían a reconstruir su aldea y reunir a su gente, la memoria de su padre no moriría en las ruinas humeantes de su antiguo hogar.\n\nFaltaba poco para llegar a su destino, esta sería la última noche que dormiría en una carpa jabalí, junto a los asesinos de su pueblo. Arnukak suspiró y cerró sus ojos, imaginando como mañana, bajo el sol de la mañana, correría hacia las patas de Cephaktos y volvería a sentirse a salvo.\n\nCephaktos era el hijo del gran alfa de los Fenrehir, desde su más tierna infancia ya era inmenso, una bola de pelaje blanco y ojos dorados. Arnukak pasó muchos veranos felices con el gran lobo mientras los adultos celebraban la temporada del crecimiento de los ríos. Por las noches, los dos niños compartían carpa y dormían acurrucados, volviéndose un mismo ser, un manto de nieve que respiraba, tenía orejas y dos colas. Pero el tiempo es tirano y se encarga de sepultar los hermosos recuerdos con hechos menos deseados.\n\nHacían ya cinco veranos que los amigos no se encontraban, las últimas noticias que habían llegado al joven hurón eran que el padre de Cephaktos había muerto y ahora el gran lobo blanco era el nuevo alfa de la manada, un detalle que sería crucial para recuperar el futuro de la tribu de los hurones.\n\n-----------------------\n\nLa caravana de jabalíes llegaron a las puertas del poblado Fenrehir, las madrigueras de la montaña Fen. Dos grandes árboles adornados de calaveras marcaban la entrada, y junto a ellos había tres enormes guardias lupinos vigilando. Los lobos Fen eran criaturas temibles, casi del mismo tamaño de los corceles que usaban las tribus humanas del lejano sur, con una habilidad física que superaba ampliamente a los jabalíes, y su orgullo giraba entorno a las proezas de la manada y su alfa, por lo que nunca luchaban solos.\n\nRinak levantó su mano, saludando a los vigilantes e inmediatamente uno de los tres lobos levantó su gran hocico al cielo y aulló. No se intercambió palabra alguna, y un momento después, una gran loba negra se acercó hasta la entrada del pueblo, acompañada por un pequeño séquito.\n\nLa loba negra era un poco más grande que los guardias, su mirada era profunda y sus ojos rojos parecían estar cargados de odio, dos largas trenzas caían por el lado izquierdo de su cabeza, cuatro brazaletes de cuero adornaban sus patas, y una gran barriga que indicaba lo enorme que se volvería su manada dentro de poco.\n\nRinak se arrodilló frente a la loba y habló: “Oh! Gran Shu’alka, vengo a traerles el tributo acordado por tu esposo y gran alfa para mantener la paz.”\n\nShu’alka dio dos pasos hacia adelante, acortando su distancia con los visitantes, “Rinak, que desgracia para mis ojos tener que ver tu patética cara a las puertas de mi hogar. Dejen el tributo y retírense de nuestras tierras, no quiero que mis hijos se confundan ante tan débiles criaturas.”\n\n“Lamento que mi presencia sea un inconveniente para usted, pero además del tributo, traigo noticias sobre el encargo que me habían pedido: la tribu de los hurones ha sido erradicada y como regalo, les ofrezco el hijo del jefe hurón,” explicó el jabalí, y tirando de la soga de  Arnukak, lo acercó hacia la loba como si de un trofeo se tratase.\n\nArnukak cayó de rodillas y los ojos se le llenaron de lágrimas al oír lo que estaba ocurriendo, ‘el encargo’.\n\nShu’alka se acercó al pequeño hurón y lo olfateó, “Huele a humo y sangre, bien hecho. Mi marido apreciará este regalo.”\n\n“¿Dónde se encuentra el gran Cephaktos? Quisiera entregarle a su nuevo esclavo en persona,” preguntó Rinak.\n\nLa loba negra gruñó y erizó todo el pelo de su lomo, “El alfa salió de caza, volverá hoy a la puesta del sol. Pero ustedes se van ahora mismo, si deseas que tu regalo llegue a él de forma más personal, puedes amarrar a esta miserable criatura en el árbol de ofrendas al sur de aquí.” ordenó Shu’alka.\n\nRinak tragó saliva, se puso de pié, ordenó a sus hombres que dejaran el tributo, y se marcharon al sur.\n\n-----------------------\n\nArnukak estaba en shock, su mente aún ardía de dolor por lo que había oído,”Rinak… ¿Los Fen les ordenaron arrasar mi aldea?” preguntó el joven, desesperanzado.\n\nEl jabalí miró a su esclavo y escupió al suelo,”Sí. Era parte del acuerdo para mantener la paz y salvar a mi tribu de esos monstruos.”\n\nLos ojos del hurón volvieron a llenarse de lágrimas,”¿Por qué?!” gritó, intentando liberal un gran dolor alojado en el fondo de su alma.\n\n“No lo sé! No me interesa tampoco. Pero, si Cephaktos no te mata al instante, podrás preguntárselo.” explicó el jabalí.\n\nAl poco andar, el grupo encontró el árbol de tributos, era un viejo fresno adornado con calaveras y antorchas apagadas. El jefe de los jabalíes ató fuertemente a Arnukak al árbol, y prendió las antorchas.\n\n“Buena suerte, pequeño, y espero que tu muerte sea rápida.” dijo Rinak, y se marchó junto con su grupo.\n\nArnukak observó a los jabalíes desaparecer en la espesura del bosque. Ahora estaba solo y atado, en territorio desconocido, con una jauría de dudas aullando en su cabeza. ¿Cómo podrían los Fen haber ordenado que masacraran a su gente? La alianza entre los lobos y los hurones era un hecho anterior a su nacimiento, y nunca habían tenido problema alguno.\n\nEl joven sobreviviente se sentó a los pies del gran árbol y tomó una siesta. Al abrir los ojos, el sol ya había empezado a esconderse en el horizonte, y junto a él habían tres grandes lobos, observándolo. Entre ellos, una enorme bestia blanca, Cephaktos.\n\n“Lleven nuestras presas a la aldea, yo disfrutaré de mi tributo,” gruñó el gran alfa.\n\nLos dos enormes lupinos asintieron, cargaron dos enormes ciervos en sus espaldas y se marcharon lentamente, haciendo crujir la nieve con sus mullidas patas.\n\nCephaktos se sentó frente al pequeño hurón y se quedó en silencio. Arnukak levantó la mirada y se encontró con dos enormes ojos dorados. Las lágrimas cayeron por la cara del mustélido.\n\n“¿Es verdad, Cephaktos?” preguntó el hurón.\n\n“Sí, fuimos la causa de la desaparición de tu gente,” respondió el lobo con su profunda voz característica.\n\n“¿Por qué? Pensé que éramos aliados, amigos…familia,” murmuró el mustélido.\n\n“El mundo está cambiando, los débiles ya no tienen lugar aquí. Les hicimos un favor y nos quitamos un peso de encima,” explicó Cephaktos.\n\n“Lo que dices es una locura…¡Creí que tu gente tenía honor!” gritó con furia el pequeño mamífero.\n\nEl gran lobo blanco gruñó, enseñando sus enormes colmillos,”Cuidado, Arnukak, no me costaría nada arrancarte el pecho.”\n\n“Haz lo que quieras, vine aquí con la esperanza de encontrar la única familia que me quedaba, ahora sé que eso ya no existe,” dijo el hurón.\n\n“Arnukak, mi padre le advirtió al tuyo sobre esto durante años. Cuando el anterior alfa murió, yo tuve que casarme con la matriarca de la otra tribu Fen para mantener la paz, y uno de los acuerdos para conseguir el matrimonio era terminar nuestra alianza con tu tribu,” continuó explicando el gran alfa.\n\nEl hurón se levantó y avanzó hacia su antiguo amigo hasta que la cuerda que sujetaba sus manos al árbol lo detuvieron en seco,”¡¿No había otra forma?!” gritó.\n\n“Si ustedes lograban repeler el primer ataque, yo habría estado dispuesto a reivindicarlos como aliados…” murmuró Cephaktos.\n\n“¡Monstruo desgraciado!¡Eramos amigos!¡Eras mi mejor amigo!” gritó Arnukak, llorando y estirando sus garras para intentar arañar al lupino.\n\nEl gran Fen se acercó aún más hacia su antiguo amigo hasta quedar al alcance de sus manos. El hurón clavó sus garras con furia en el hocico de Cephaktos, lo golpeó y arañó hasta el cansancio pero no consiguió atravesar la piel. Luego de usar toda su energía, Arnukak abrazó el gran hocico del lupino, hundió su cara en el blanco pelaje y lloró desconsolado hasta que ambos quedaron en silencio.\n\nIntentando controlar su respiración, Arnukak murmuró:”¿Vas a matarme?”\n\nCephaktos infló sus pulmones de aire y lo dejó salir lentamente por su nariz, calentando el pelaje de su viejo amigo, “¿Tú quieres morir?”\n\n“No, no quiero… Tenías razón, Cephaktos, soy débil y tengo miedo,” respondió con sinceridad el hurón.\n\n“¿Sabes que no puedo dejarte marchar libremente?” explicó el lobo.\n\nArnukak apretó con fuerza el hocico del gran alfa, “Lo se, solo… dejame vivir, aceptaré lo que dispongas.”\n\nEl lobo blanco suspiró,”Podrías volverte mi consorte…”\n\nEl hurón soltó el hocico del lupino y lo observó confundido,”¿Tú consorte? Pero… yo no puedo darte descendencia.”\n\n“Recuerdo bien los veranos en los que nos bañábamos juntos en el río, tú hermoso y delicado cuerpo, se que no eres una hembra,” murmuró el gran alfa, observando a su amigo a los ojos con esas enormes y penetrantes esferas doradas.\n\nArnukak se ruborizó, “Gracias… tú también eres un gran macho, lo recuerdo…”\n\n“Entonces vuélvete mi consorte, no serás un esclavo, no irás a la guerra, nadie te lastimará, no te faltará nada,” ofreció Cephaktos, moviendo su cola frenéticamente.\n\nEl hurón se arrodilló e inclinó su cabeza hacia el suelo,”Yo acepto entonces. Pero… ¿Qué debo hacer?”\n\n“Pues…debo reclamarte como mío y, en un futuro, mis hijos también podrán poseerte,” explicó el gran lupino.\n\n“Cephaktos… yo nunca…” murmuró Arnukak.\n\nEl gran lobo blanco acercó su hocico a las ataduras del hurón y, con sus filosos colmillos, cortó fácilmente la cuerda, liberando a su pequeño amigo del árbol. Arnukak acarició sus muñecas, intentando aliviar la incómoda marca de sus ataduras, y se quedó observando a su amigo.\n\n“¿Qué debo hacer?” preguntó algo incómodo el mustélido.\n\nCephaktos se sentó y enderezó su espalda, dejando ver su enorme tamaño, “En primer lugar, te dirigirás a mí como alfa o amo, deja mi nombre solo para momentos en los que estemos solos. En segundo lugar, debes quitarte esas pieles andrajosas, los Fen solo vestimos pequeños adornos pero nunca cubrimos nuestros genitales. Y por último, hasta que mi prole se haga mayor, tú eres solo mío, yo te protegeré, alimentaré e intentaré preñarte igual que a mi esposa,” explicó detalladamente el gran lobo.\n\nArnukak procedió a desvestirse, sacándose de encima esas viejas pieles que le habían dado los jabalíes. Ahora estaba completamente desnudo frente al gran depredador, que doblaba fácilmente su tamaño.\n\n“Ponte en cuatro patas, te tomaré como si fueras un miembro de mi tribu, porque luego de que deje mi semilla en tu interior eso es lo que serás, un Fen,” ordenó el lupino.\n\nEl hurón se arrodilló y apoyó sus manos sobre la nieve, levantando su cola y exponiendo sus partes, observando al suelo mientras oía las enormes pisadas de su antiguo amigo y una enorme sombra lo cubría, “¿Dolerá?” preguntó Arnukak algo nervioso pero intentando aceptar su destino.\n\nCephaktos observó el pequeño y rosado ano del mustélido, “Bastante… las relaciones entre machos son más salvajes que las tradicionales,” respondió el lobo, acercando su hocico a la entrada trasera del hurón. Olía tan bien, igual que hace tantos años. Realmente sería el primero en reclamar el cuerpo de su amado amigo.\n\n“¿Alguna vez has estado con otro macho?” preguntó el hurón, tratando de desviar su mente de ese cálido aliento que acariciaba sus genitales.\n\n“Sí, he reclamado a varios machos de mi aldea. Es la única forma de demostrar el poder de un alfa sin llegar a herirlos realmente, debes romper su orgullo y demostrar que ellos están al mismo nivel que las demás hembras,” dijo Cephaktos, recordando los aullidos de dolor de los demás lobos jóvenes que tuvo que poner en su lugar el primer invierno que él asumió como alfa. Algunos de esos machos orgullosos regresaron varias noches luego de su primera derrota, para tomar el lugar de una hembra bajo los potentes genitales del gran lupino blanco.\n\nArnukak dio un gran suspiro y cerró sus ojos, “Bien…adelante, mi alfa, espero poder cumplir con sus expectativas.”\n\n“Yo sé que lo harás,” dijo Cephaktos, posicionándose sobre su nueva hembra.\n\nArnukak sintió como las dos enormes patas del lobo lo abrazaban por la cintura, sujetándolo firmemente mientras los cuartos traseros del Fen se balanceaban, haciendo chocar ciegamente la caliente púa de carne que asomaba de su vaina lupina, humedeciendo su trasero y parte de su espalda.\n\nCephaktos soltó un gruñido y bajó un poco sus caderas, era difícil encontrar su objetivo siendo tanta la diferencia de tamaño entre ambos machos. Luego de un suspiro, el lobo intentó tranquilizarse y en lugar de seguir con sus frenéticas embestidas, acercó lentamente su miembro, que cada vez estaba más afuera de su funda, apoyando la punta en la entrada de Arnukak y, con un poco de presión logró perforar al mustélido.\n\nLos ojos del hurón se abrieron ampliamente al mismo tiempo que soltaba un estridente chillido, indicando la pérdida de su virginidad. Arnukak se sacudió intentando liberarse, pero las patas de su nuevo amante le impedían cualquier movimiento, haciendo que la desesperación del joven lo llevase a arañar frenéticamente el suelo.\n\n“Duele!! Me duele!! Cephaktos, eres muy grande para mi!” gritó el mustélido.\n\nEl enorme lobo suspiró pesadamente sobre la cabeza de su consorte,” Resístelo, Arnukak, es tu deber de ahora en adelante satisfacer a todos los machos de mi casa.”\n\nEl miembro del Fen se hundió un poco más en el desflorado ano del hurón provocando otro fuerte y largo grito de dolor hasta que el chico tapó su boca con ambas manos para intentar ocultar en vano el sufrimiento que le estaba produciendo su primera vez con su nuevo amo.\n\nCephaktos gimió de placer mientras embestía al pequeño bípedo más fuerte, sintiendo como las cálidas entrañas del mustélido abrazaban su enorme miembro lupino, que escupía viscosos chorros de precum, lubricando el apretado recorrido por el que se abría paso. \n\nA Arnukak se le caían las lágrimas mientras su pequeño cuerpo era sacudido contra el suelo. Mientras el hurón apretaba los dientes, intentando resistir en silencio, recordó cómo había sido la primera vez de su hermana mayor, quién había sido ofrecida al chamán de la tribu de los alces. El enorme cérvido aceptó gustoso su ofrenda y realizó un ritual público de preñez, el pequeño Arnukak apenas tenía seis inviernos cuando eso había ocurrido. Ahora era su turno de yacer debajo de un alfa dominante que lo penetraba salvajemente como a otra de sus hembras.\n\nEl poderoso alfa de los Fens se balanceaba enérgico sobre su amado, sacando y metiendo todo su falo en el joven hurón sin piedad, gruñendo y babeando sobre el pelaje blanco de su hembra, “Pronto Arnu… ya falta poco… Dime, ¿Recuerdas el último festival que pasamos juntos? ¿Recuerdas nuestra pequeña competencia?” preguntó agitado el gran lobo.\n\nArnukak cerró los ojos e intentó recordar para desviar la atención de su ano, que parecía abrirse cada vez más fácil con cada embestida sucesiva para albergar gustoso el miembro de su amante. \n\nEl recuerdo del último festival que habían compartido ambos jóvenes estaba fresco en la mente del hurón. Ya caída la noche, y desinhibidos por el cálido licor de miel que los dos amigos habían bebido en exceso esa velada, decidieron apartarse a un lugar más cómodo e íntimo en el que poder masturbarse juntos, como acostumbran a hacer los hermanos que no comparten la misma sangre. En mitad de la diversión, Cephaktos retó a Arnukak a competir para descubrir cuál de los dos podía eyacular más cantidad dentro de las jarras de madera que habían estado usando para beber licor. Arnukak soltó una risotada, pues estaba muy claro quién ganaría, pero a pesar del obvio desenlace el hurón aceptó, y cuando estaban a punto de llegar terminar con su diversión, ambos apuntaron a sus respectivas jarras, disparando sus semillas dentro. Cuando el semen dejó de brotar, ambos jóvenes, aún jadeantes por la actividad, observaron dentro de la jarra de su rival. La jarra de Arnukak apenas tenía unas pocas líneas de jugo masculino que se escurrían lentamente hacia el fondo del recipiente, mientras que la jarra de Cephaktos se había rebalsado del abundante líquido, blanco, cálido y viscoso que parecía una bebida exótica recién servida y lista para degustar.\n\n“Te ofrecí beberlo ¿Recuerdas?” gruñó el lobo.\n\nArnukak gimió, el dolor había cesado, ahora una profunda necesidad de seguir siendo penetrado crecía lentamente en su interior, “Sí… lo recuerdo.”\n\n“Yo habría matado por verte tragar toda mi semilla… ahora inundaré tu interior de ella, dormirás con mi jugo en tus entrañas, olerás a mi, y toda la tribu será testigo nuevamente de mi virilidad,” susurró Cephaktos con su grave voz en los oídos de su hembra.\n\n“Tómame… preñame, mi amado alfa!” gritó el hurón.\n\n“Aúlla conmigo, mi amado Arnukak!” ordenó el alfa Fen con un potente ladrido antes de dar una última y brutal embestida.\n\nCon un húmedo y sonoro plop, el grueso nudo de Cephaktos forzó su entrada en Arnukak, llevando su esfínter al límite. Arnukak soltó un chillido de dolor como si hubiera perdido su virginidad por segunda vez ese mismo día, pero inmediatamente la voz del hurón fue tapada por el potente aullido triunfal de Cephaktos, que parecía hacer temblar la tierra y resquebrajar el cielo. Lentamente, un bombeo espeso y cálido, que parecía infinito, llenó las entrañas del mustélido e hinchó su vientre del más preciado semen lupino. \n\nArnukak acarició su estómago repleto. Su abdomen distendido se sentía cálido y turgente, como si cargara en su interior con los cachorros de su amo. El hurón suspiró, ésta sería su vida de ahora en adelante, el destino no paraba de sorprenderlo, y la confusión reinaba sobre su alma.\n\nCephaktos se relamió el hocico y empezó a caminar en dirección a la aldea, con su nuevo consorte aún atado a él, “Eres la mejor hembra que he tenido en toda mi vida!” exclamó feliz el enorme lobo.\n\n“Espera… ¿A dónde vamos?” preguntó Arnukak algo preocupado.\n\n“A casa, celebraremos tu nuevo puesto a mi lado,” dijo Cephaktos.\n\n“¿Así? ¡Es una locura!” chillón el mustélido.\n\n“Será un buen comienzo para ti con el resto de la tribu. Es un honor ser tomado por el alfa de la manada, todos te respetarán,” explicó el lupino.\n\n“Supongo que está bien entonces…” suspiró el hurón.\n\nCephaktos soltó una risita, “Arnu, ya no supones, ahora solo obedeces.”\n",
  "writing_bbcode_parsed": "<span style='word-wrap: break-word;'>El hacha de Rinak cay&oacute; pesadamente sobre la cabeza del &uacute;ltimo hombre anciano del lugar, haciendo que la sonriente cara del vikingo se manchara de sangre. Alrededor del guerrero jabal&iacute;, todo el pueblo ard&iacute;a en llamas, la madera y la paja de las casas cruj&iacute;a con el fuego, y los gritos de los sobrevivientes se mezclaban con el clamor de los asaltantes y el humo. <br /><br />La pr&oacute;spera aldea de los hurones se consum&iacute;a hasta sus cimientos mientras los jabal&iacute;es celebraban la victoria, cargando carretas con cereales, pieles, y nuevos esclavos. Una abundante cosecha para el invierno, pieles lujosas de criaturas ferales para confeccionar prendas y armaduras, y al menos treinta esclavos j&oacute;venes para trabajar, divertirse o vender, entre ellos hombres y mujeres.<br /><br />El jefe de la incursi&oacute;n, Rinak, un enorme jabal&iacute; de dos metros de alto y una barriga del tama&ntilde;o de un tonel de vino, avanzaba hacia sus hombres que estaban cargando el bot&iacute;n. En su mano derecha, su gran hacha a&uacute;n goteando sangre, y en su mano izquierda, una larga cabellera blanca y sedosa, perteneciente a un joven muchacho inconsciente, vestido con un fino tapado de pieles, y debajo un pelaje blanco como la nieve cubr&iacute;a el cuerpo del muchacho.<br /><br />Rinak lanz&oacute; al hur&oacute;n a los pies de una de las jaulas y gru&ntilde;&oacute; a sus hombres:&quot;Ese es el hijo del jefe de la tribu, ahora es m&iacute;o, y si alguien le pone un dedo encima sin mi permiso, lo partir&eacute; en dos junto con toda su familia!&quot;<br /><br />Los hombres asintieron y pusieron al joven hur&oacute;n en una jaula aparte. El miedo que produc&iacute;an las amenazas de su jefe de guerra no eran infundadas, el gran Rinak le daba much&iacute;simo valor a sus trofeos de guerra, tanto que una vez lleg&oacute; a cortarle un brazo a uno de sus hijos por tomar prestada un hacha que &eacute;l hab&iacute;a ganado en un combate.<br /><br />-----------------------<br /><br />Con el regreso de los conquistadores, tuvieron grandes fiestas en la tribu de los jabal&iacute;es. Si bien, el saqueo era una haza&ntilde;a digna de celebrar, esta vez celebraban el doble pues la destrucci&oacute;n de los hurones hab&iacute;a sido un encargo de otra tribu a cambio de firmar la paz. Un a&ntilde;o atr&aacute;s, los jabal&iacute;es hab&iacute;an sido aplastados en una guerra contra la tribu de los huargos, enormes lobos ferales pero inteligentes, y para evitar la destrucci&oacute;n total, los huargos les encargaron aniquilar a los hurones. La tarea estaba completa, y ahora pod&iacute;an estar a salvo de la ira de esa tribu tan terrible que jam&aacute;s debieron molestar.<br /><br />La gran hoguera en el centro de la aldea ard&iacute;a tan ferozmente que su llama parec&iacute;a alcanzar las nubes. Los guerreros chocaban sus jarras llenas de cerveza, y met&iacute;an sus enormes manos en los costales de grano robado para llevarse pu&ntilde;ados inmensos de comida a sus bocas. Las mujeres solteras danzaban al rededor del fuego junto a la chamana, que siempre andaba completamente pintada de color azul y llevaba sus enormes pechos al descubierto, mientras que las casadas serv&iacute;an m&aacute;s bebida a sus hombres y atend&iacute;an a sus hijos. Los j&oacute;venes, que a&uacute;n no ten&iacute;an edad para salir a las incursiones junto con los adultos, luchaban desnudos y desarmados para demostrar su fuerza y habilidad frente a toda la tribu.<br /><br />Desde una jaula solitaria, un joven hur&oacute;n observaba el desagradable espect&aacute;culo. Arnukak, hijo del asesinado jefe de la tribu de los hurones, ve&iacute;a como sus nuevos due&ntilde;os se regodeaban de su cobarde haza&ntilde;a. La tribu de Arnukak era pac&iacute;fica, recolectores y crianceros de ferales, que no deseaban el mal a nadie y prefer&iacute;an vivir una existencia espiritual y amistosa. Las &uacute;nicas armas que pose&iacute;an los hurones eran largas antorchas para ahuyentar a las bestias peligrosas del bosque, y los cuchillos de piedra que usaban para cortar la lana de sus ovejas. No hab&iacute;a ning&uacute;n honor en atacarlos, no hab&iacute;a nada que celebrar por ganarle a un enemigo indefenso. La desolaci&oacute;n de la p&eacute;rdida y la amargura de la violencia sufrida eran tan grandes que en el alma de Arnukak no hab&iacute;a espacio para odiar a esos salvajes asesinos.<br /><br />Un fuerte golpe sac&oacute; a Arnukak de su trance. Una joven muchacha de la misma tribu que el hur&oacute;n hab&iacute;a sido lanzada con fuerza contra la jaula, el hur&oacute;n la reconoci&oacute;, ella era Mararke, la hija del cham&aacute;n de la tribu, apenas ten&iacute;a dieciocho inviernos, igual que &eacute;l. La joven, vestida s&oacute;lo con harapos, magullada por todos lados y con un gesto de terror, hizo lo mejor que pudo para defenderse de un enorme jabal&iacute; que se abalanz&oacute; sobre ella con un ansia feral de poseerla.<br /><br />La polla del gran guerrero era fina, puntuda y larga, engros&aacute;ndose en la base, de forma helicoidal, y bastante h&uacute;meda. Lo m&aacute;s llamativo del hombre eran sus enormes test&iacute;culos, un par de bolas peludas que colgaban entre sus piernas, casi compitiendo con el tama&ntilde;o de la cabeza de&nbsp;&nbsp;Arnukak.<br /><br />Con su enorme mano, el porcino arranc&oacute; las humildes prendas de Mararke, la levant&oacute; del suelo y la volte&oacute;, presion&aacute;ndola contra los barrotes de ca&ntilde;a de la jaula de Arnukak, y sin mediar palabra, penetr&oacute; a la joven bruscamente. Los ojos de la chica se llenaron de l&aacute;grimas, y sus gritos ensordecieron al joven hur&oacute;n, las manos de la hembra apretaron los barrotes con fuerza mientras el inmenso macho la desfloraba.<br /><br />Arnukak tap&oacute; sus o&iacute;dos y cerr&oacute; sus ojos, los gritos de dolor eran desgarradores, los dientes apretados, la saliva chorreaba por las comisuras de su peque&ntilde;a boca, la madera se astillaba y lastimaba la piel de sus manos. Pobre Mararke, &eacute;l no pod&iacute;a hacer nada para ayudarla, solo llorar y rogar que el enorme bruto se detenga pronto, pero eso no pasar&iacute;a, porque el macho estaba deseoso de pre&ntilde;ar a una hembra, y su virilidad lo desbordaba de energ&iacute;a, haciendo que los gritos y llantos duraran toda la noche.<br /><br />-----------------------<br /><br />El hur&oacute;n pas&oacute; una semana entera en la tribu de los jabal&iacute;es; lo despojaron de sus pieles, dej&aacute;ndole solo un viejo taparrabos y una manta de tela sucia; lo alimentaron con una ins&iacute;pida sopa hecha con los granos robados a su propia aldea. Nunca lo dejaron salir de la jaula, y los guerreros nunca perd&iacute;an la oportunidad de burlarse de su prisionero cada vez que caminaban junto al trofeo de su cacique.<br /><br />Nadie se hab&iacute;a atrevido a lastimar a Arnukak, su terrible nuevo due&ntilde;o a&uacute;n no se hab&iacute;a acercado a verlo. El chico, luego de observar el destino de la joven Mararke, se hab&iacute;a resignado a que pronto correr&iacute;a la misma suerte a manos del gran jefe jabal&iacute;. Pero nada ocurri&oacute;.<br /><br />Al primer d&iacute;a de la segunda semana de cautiverio, dos jabal&iacute;s lo sacaron de su prisi&oacute;n y ataron fuertemente sus manos.<br /><br />&ldquo;Vamos a hacer un peque&ntilde;o viaje, y t&uacute; vendr&aacute;s con nosotros,&rdquo; explic&oacute; uno de los guerreros.<br /><br />&ldquo;&iquest;Hacia d&oacute;nde vamos?&rdquo; se atrevi&oacute; a preguntar Arnukak.<br /><br />&ldquo;Vamos al norte, a la tribu de los Fenrehir,&rdquo; respondi&oacute; el jabal&iacute;.<br /><br />En ese momento, al joven hur&oacute;n se le dibuj&oacute; una gran sonrisa en el rostro. La tribu de los Fenrehir, hijos directos del linaje de Fenrir, eran un clan de enormes y feroces lobos ferales, las &uacute;nicas criaturas cuadr&uacute;pedas inteligentes de la regi&oacute;n. Los Fen constru&iacute;an, comerciaban, ten&iacute;an rituales y lenguajes propios, y lo mejor de todo: eran aliados de la tribu de Arnukak. <br /><br />Los jabal&iacute;s le dieron al hur&oacute;n nuevas pieles para cubrirse y lo llevaron junto al grupo que estaba por partir. La delegaci&oacute;n era grande, alrededor de veinte jabal&iacute;s cargados de regalos se preparaban para marchar hacia el fr&iacute;o norte. Parec&iacute;a ser una misi&oacute;n diplom&aacute;tica, una ofrenda de paz para mejorar su relaci&oacute;n con la tribu m&aacute;s peligrosa del lugar. Los jabal&iacute;s revisaron todo su equipaje, aseguraron a su &uacute;nico prisionero, formaron una fila y se marcharon.<br /><br />-----------------------<br /><br />Los vientos fr&iacute;o chocaban fren&eacute;ticamente contra los abrigos de piel, las botas de pelaje se hund&iacute;an levemente y cruj&iacute;an en la nieve. El camino al norte consist&iacute;a en estrechos y empinados caminos, terribles tormentas de nieve, avalanchas que arrastraban rocas y &aacute;rboles, y muy escasos lugares para acampar.<br /><br />Durante el trayecto, Arnukak escuch&oacute; varias conversaciones. Al parecer, los jabal&iacute;s iniciaron una guerra imposible con los Fen hace dos inviernos, y luego de ser masacrados en todas las batallas, en primavera rogaron piedad y lograron pactar la paz. Ahora viajaban para entregar un tributo de pieles y grano, el cu&aacute;l deb&iacute;an honrar por los pr&oacute;ximos tres inviernos.<br /><br />El joven hur&oacute;n pens&oacute; que quiz&aacute;s el l&iacute;der jabal&iacute; quer&iacute;a ofrecerles a los Fenrehir un prisionero de guerra como muestra de buena f&eacute;. Los hijos de Fenrir le dar&iacute;an cobijo y lo ayudar&iacute;an a reconstruir su aldea y reunir a su gente, la memoria de su padre no morir&iacute;a en las ruinas humeantes de su antiguo hogar.<br /><br />Faltaba poco para llegar a su destino, esta ser&iacute;a la &uacute;ltima noche que dormir&iacute;a en una carpa jabal&iacute;, junto a los asesinos de su pueblo. Arnukak suspir&oacute; y cerr&oacute; sus ojos, imaginando como ma&ntilde;ana, bajo el sol de la ma&ntilde;ana, correr&iacute;a hacia las patas de Cephaktos y volver&iacute;a a sentirse a salvo.<br /><br />Cephaktos era el hijo del gran alfa de los Fenrehir, desde su m&aacute;s tierna infancia ya era inmenso, una bola de pelaje blanco y ojos dorados. Arnukak pas&oacute; muchos veranos felices con el gran lobo mientras los adultos celebraban la temporada del crecimiento de los r&iacute;os. Por las noches, los dos ni&ntilde;os compart&iacute;an carpa y dorm&iacute;an acurrucados, volvi&eacute;ndose un mismo ser, un manto de nieve que respiraba, ten&iacute;a orejas y dos colas. Pero el tiempo es tirano y se encarga de sepultar los hermosos recuerdos con hechos menos deseados.<br /><br />Hac&iacute;an ya cinco veranos que los amigos no se encontraban, las &uacute;ltimas noticias que hab&iacute;an llegado al joven hur&oacute;n eran que el padre de Cephaktos hab&iacute;a muerto y ahora el gran lobo blanco era el nuevo alfa de la manada, un detalle que ser&iacute;a crucial para recuperar el futuro de la tribu de los hurones.<br /><br />-----------------------<br /><br />La caravana de jabal&iacute;es llegaron a las puertas del poblado Fenrehir, las madrigueras de la monta&ntilde;a Fen. Dos grandes &aacute;rboles adornados de calaveras marcaban la entrada, y junto a ellos hab&iacute;a tres enormes guardias lupinos vigilando. Los lobos Fen eran criaturas temibles, casi del mismo tama&ntilde;o de los corceles que usaban las tribus humanas del lejano sur, con una habilidad f&iacute;sica que superaba ampliamente a los jabal&iacute;es, y su orgullo giraba entorno a las proezas de la manada y su alfa, por lo que nunca luchaban solos.<br /><br />Rinak levant&oacute; su mano, saludando a los vigilantes e inmediatamente uno de los tres lobos levant&oacute; su gran hocico al cielo y aull&oacute;. No se intercambi&oacute; palabra alguna, y un momento despu&eacute;s, una gran loba negra se acerc&oacute; hasta la entrada del pueblo, acompa&ntilde;ada por un peque&ntilde;o s&eacute;quito.<br /><br />La loba negra era un poco m&aacute;s grande que los guardias, su mirada era profunda y sus ojos rojos parec&iacute;an estar cargados de odio, dos largas trenzas ca&iacute;an por el lado izquierdo de su cabeza, cuatro brazaletes de cuero adornaban sus patas, y una gran barriga que indicaba lo enorme que se volver&iacute;a su manada dentro de poco.<br /><br />Rinak se arrodill&oacute; frente a la loba y habl&oacute;: &ldquo;Oh! Gran Shu&rsquo;alka, vengo a traerles el tributo acordado por tu esposo y gran alfa para mantener la paz.&rdquo;<br /><br />Shu&rsquo;alka dio dos pasos hacia adelante, acortando su distancia con los visitantes, &ldquo;Rinak, que desgracia para mis ojos tener que ver tu pat&eacute;tica cara a las puertas de mi hogar. Dejen el tributo y ret&iacute;rense de nuestras tierras, no quiero que mis hijos se confundan ante tan d&eacute;biles criaturas.&rdquo;<br /><br />&ldquo;Lamento que mi presencia sea un inconveniente para usted, pero adem&aacute;s del tributo, traigo noticias sobre el encargo que me hab&iacute;an pedido: la tribu de los hurones ha sido erradicada y como regalo, les ofrezco el hijo del jefe hur&oacute;n,&rdquo; explic&oacute; el jabal&iacute;, y tirando de la soga de&nbsp;&nbsp;Arnukak, lo acerc&oacute; hacia la loba como si de un trofeo se tratase.<br /><br />Arnukak cay&oacute; de rodillas y los ojos se le llenaron de l&aacute;grimas al o&iacute;r lo que estaba ocurriendo, &lsquo;el encargo&rsquo;.<br /><br />Shu&rsquo;alka se acerc&oacute; al peque&ntilde;o hur&oacute;n y lo olfate&oacute;, &ldquo;Huele a humo y sangre, bien hecho. Mi marido apreciar&aacute; este regalo.&rdquo;<br /><br />&ldquo;&iquest;D&oacute;nde se encuentra el gran Cephaktos? Quisiera entregarle a su nuevo esclavo en persona,&rdquo; pregunt&oacute; Rinak.<br /><br />La loba negra gru&ntilde;&oacute; y eriz&oacute; todo el pelo de su lomo, &ldquo;El alfa sali&oacute; de caza, volver&aacute; hoy a la puesta del sol. Pero ustedes se van ahora mismo, si deseas que tu regalo llegue a &eacute;l de forma m&aacute;s personal, puedes amarrar a esta miserable criatura en el &aacute;rbol de ofrendas al sur de aqu&iacute;.&rdquo; orden&oacute; Shu&rsquo;alka.<br /><br />Rinak trag&oacute; saliva, se puso de pi&eacute;, orden&oacute; a sus hombres que dejaran el tributo, y se marcharon al sur.<br /><br />-----------------------<br /><br />Arnukak estaba en shock, su mente a&uacute;n ard&iacute;a de dolor por lo que hab&iacute;a o&iacute;do,&rdquo;Rinak&hellip; &iquest;Los Fen les ordenaron arrasar mi aldea?&rdquo; pregunt&oacute; el joven, desesperanzado.<br /><br />El jabal&iacute; mir&oacute; a su esclavo y escupi&oacute; al suelo,&rdquo;S&iacute;. Era parte del acuerdo para mantener la paz y salvar a mi tribu de esos monstruos.&rdquo;<br /><br />Los ojos del hur&oacute;n volvieron a llenarse de l&aacute;grimas,&rdquo;&iquest;Por qu&eacute;?!&rdquo; grit&oacute;, intentando liberal un gran dolor alojado en el fondo de su alma.<br /><br />&ldquo;No lo s&eacute;! No me interesa tampoco. Pero, si Cephaktos no te mata al instante, podr&aacute;s pregunt&aacute;rselo.&rdquo; explic&oacute; el jabal&iacute;.<br /><br />Al poco andar, el grupo encontr&oacute; el &aacute;rbol de tributos, era un viejo fresno adornado con calaveras y antorchas apagadas. El jefe de los jabal&iacute;es at&oacute; fuertemente a Arnukak al &aacute;rbol, y prendi&oacute; las antorchas.<br /><br />&ldquo;Buena suerte, peque&ntilde;o, y espero que tu muerte sea r&aacute;pida.&rdquo; dijo Rinak, y se march&oacute; junto con su grupo.<br /><br />Arnukak observ&oacute; a los jabal&iacute;es desaparecer en la espesura del bosque. Ahora estaba solo y atado, en territorio desconocido, con una jaur&iacute;a de dudas aullando en su cabeza. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;an los Fen haber ordenado que masacraran a su gente? La alianza entre los lobos y los hurones era un hecho anterior a su nacimiento, y nunca hab&iacute;an tenido problema alguno.<br /><br />El joven sobreviviente se sent&oacute; a los pies del gran &aacute;rbol y tom&oacute; una siesta. Al abrir los ojos, el sol ya hab&iacute;a empezado a esconderse en el horizonte, y junto a &eacute;l hab&iacute;an tres grandes lobos, observ&aacute;ndolo. Entre ellos, una enorme bestia blanca, Cephaktos.<br /><br />&ldquo;Lleven nuestras presas a la aldea, yo disfrutar&eacute; de mi tributo,&rdquo; gru&ntilde;&oacute; el gran alfa.<br /><br />Los dos enormes lupinos asintieron, cargaron dos enormes ciervos en sus espaldas y se marcharon lentamente, haciendo crujir la nieve con sus mullidas patas.<br /><br />Cephaktos se sent&oacute; frente al peque&ntilde;o hur&oacute;n y se qued&oacute; en silencio. Arnukak levant&oacute; la mirada y se encontr&oacute; con dos enormes ojos dorados. Las l&aacute;grimas cayeron por la cara del must&eacute;lido.<br /><br />&ldquo;&iquest;Es verdad, Cephaktos?&rdquo; pregunt&oacute; el hur&oacute;n.<br /><br />&ldquo;S&iacute;, fuimos la causa de la desaparici&oacute;n de tu gente,&rdquo; respondi&oacute; el lobo con su profunda voz caracter&iacute;stica.<br /><br />&ldquo;&iquest;Por qu&eacute;? Pens&eacute; que &eacute;ramos aliados, amigos&hellip;familia,&rdquo; murmur&oacute; el must&eacute;lido.<br /><br />&ldquo;El mundo est&aacute; cambiando, los d&eacute;biles ya no tienen lugar aqu&iacute;. Les hicimos un favor y nos quitamos un peso de encima,&rdquo; explic&oacute; Cephaktos.<br /><br />&ldquo;Lo que dices es una locura&hellip;&iexcl;Cre&iacute; que tu gente ten&iacute;a honor!&rdquo; grit&oacute; con furia el peque&ntilde;o mam&iacute;fero.<br /><br />El gran lobo blanco gru&ntilde;&oacute;, ense&ntilde;ando sus enormes colmillos,&rdquo;Cuidado, Arnukak, no me costar&iacute;a nada arrancarte el pecho.&rdquo;<br /><br />&ldquo;Haz lo que quieras, vine aqu&iacute; con la esperanza de encontrar la &uacute;nica familia que me quedaba, ahora s&eacute; que eso ya no existe,&rdquo; dijo el hur&oacute;n.<br /><br />&ldquo;Arnukak, mi padre le advirti&oacute; al tuyo sobre esto durante a&ntilde;os. Cuando el anterior alfa muri&oacute;, yo tuve que casarme con la matriarca de la otra tribu Fen para mantener la paz, y uno de los acuerdos para conseguir el matrimonio era terminar nuestra alianza con tu tribu,&rdquo; continu&oacute; explicando el gran alfa.<br /><br />El hur&oacute;n se levant&oacute; y avanz&oacute; hacia su antiguo amigo hasta que la cuerda que sujetaba sus manos al &aacute;rbol lo detuvieron en seco,&rdquo;&iexcl;&iquest;No hab&iacute;a otra forma?!&rdquo; grit&oacute;.<br /><br />&ldquo;Si ustedes lograban repeler el primer ataque, yo habr&iacute;a estado dispuesto a reivindicarlos como aliados&hellip;&rdquo; murmur&oacute; Cephaktos.<br /><br />&ldquo;&iexcl;Monstruo desgraciado!&iexcl;Eramos amigos!&iexcl;Eras mi mejor amigo!&rdquo; grit&oacute; Arnukak, llorando y estirando sus garras para intentar ara&ntilde;ar al lupino.<br /><br />El gran Fen se acerc&oacute; a&uacute;n m&aacute;s hacia su antiguo amigo hasta quedar al alcance de sus manos. El hur&oacute;n clav&oacute; sus garras con furia en el hocico de Cephaktos, lo golpe&oacute; y ara&ntilde;&oacute; hasta el cansancio pero no consigui&oacute; atravesar la piel. Luego de usar toda su energ&iacute;a, Arnukak abraz&oacute; el gran hocico del lupino, hundi&oacute; su cara en el blanco pelaje y llor&oacute; desconsolado hasta que ambos quedaron en silencio.<br /><br />Intentando controlar su respiraci&oacute;n, Arnukak murmur&oacute;:&rdquo;&iquest;Vas a matarme?&rdquo;<br /><br />Cephaktos infl&oacute; sus pulmones de aire y lo dej&oacute; salir lentamente por su nariz, calentando el pelaje de su viejo amigo, &ldquo;&iquest;T&uacute; quieres morir?&rdquo;<br /><br />&ldquo;No, no quiero&hellip; Ten&iacute;as raz&oacute;n, Cephaktos, soy d&eacute;bil y tengo miedo,&rdquo; respondi&oacute; con sinceridad el hur&oacute;n.<br /><br />&ldquo;&iquest;Sabes que no puedo dejarte marchar libremente?&rdquo; explic&oacute; el lobo.<br /><br />Arnukak apret&oacute; con fuerza el hocico del gran alfa, &ldquo;Lo se, solo&hellip; dejame vivir, aceptar&eacute; lo que dispongas.&rdquo;<br /><br />El lobo blanco suspir&oacute;,&rdquo;Podr&iacute;as volverte mi consorte&hellip;&rdquo;<br /><br />El hur&oacute;n solt&oacute; el hocico del lupino y lo observ&oacute; confundido,&rdquo;&iquest;T&uacute; consorte? Pero&hellip; yo no puedo darte descendencia.&rdquo;<br /><br />&ldquo;Recuerdo bien los veranos en los que nos ba&ntilde;&aacute;bamos juntos en el r&iacute;o, t&uacute; hermoso y delicado cuerpo, se que no eres una hembra,&rdquo; murmur&oacute; el gran alfa, observando a su amigo a los ojos con esas enormes y penetrantes esferas doradas.<br /><br />Arnukak se ruboriz&oacute;, &ldquo;Gracias&hellip; t&uacute; tambi&eacute;n eres un gran macho, lo recuerdo&hellip;&rdquo;<br /><br />&ldquo;Entonces vu&eacute;lvete mi consorte, no ser&aacute;s un esclavo, no ir&aacute;s a la guerra, nadie te lastimar&aacute;, no te faltar&aacute; nada,&rdquo; ofreci&oacute; Cephaktos, moviendo su cola fren&eacute;ticamente.<br /><br />El hur&oacute;n se arrodill&oacute; e inclin&oacute; su cabeza hacia el suelo,&rdquo;Yo acepto entonces. Pero&hellip; &iquest;Qu&eacute; debo hacer?&rdquo;<br /><br />&ldquo;Pues&hellip;debo reclamarte como m&iacute;o y, en un futuro, mis hijos tambi&eacute;n podr&aacute;n poseerte,&rdquo; explic&oacute; el gran lupino.<br /><br />&ldquo;Cephaktos&hellip; yo nunca&hellip;&rdquo; murmur&oacute; Arnukak.<br /><br />El gran lobo blanco acerc&oacute; su hocico a las ataduras del hur&oacute;n y, con sus filosos colmillos, cort&oacute; f&aacute;cilmente la cuerda, liberando a su peque&ntilde;o amigo del &aacute;rbol. Arnukak acarici&oacute; sus mu&ntilde;ecas, intentando aliviar la inc&oacute;moda marca de sus ataduras, y se qued&oacute; observando a su amigo.<br /><br />&ldquo;&iquest;Qu&eacute; debo hacer?&rdquo; pregunt&oacute; algo inc&oacute;modo el must&eacute;lido.<br /><br />Cephaktos se sent&oacute; y enderez&oacute; su espalda, dejando ver su enorme tama&ntilde;o, &ldquo;En primer lugar, te dirigir&aacute;s a m&iacute; como alfa o amo, deja mi nombre solo para momentos en los que estemos solos. En segundo lugar, debes quitarte esas pieles andrajosas, los Fen solo vestimos peque&ntilde;os adornos pero nunca cubrimos nuestros genitales. Y por &uacute;ltimo, hasta que mi prole se haga mayor, t&uacute; eres solo m&iacute;o, yo te proteger&eacute;, alimentar&eacute; e intentar&eacute; pre&ntilde;arte igual que a mi esposa,&rdquo; explic&oacute; detalladamente el gran lobo.<br /><br />Arnukak procedi&oacute; a desvestirse, sac&aacute;ndose de encima esas viejas pieles que le hab&iacute;an dado los jabal&iacute;es. Ahora estaba completamente desnudo frente al gran depredador, que doblaba f&aacute;cilmente su tama&ntilde;o.<br /><br />&ldquo;Ponte en cuatro patas, te tomar&eacute; como si fueras un miembro de mi tribu, porque luego de que deje mi semilla en tu interior eso es lo que ser&aacute;s, un Fen,&rdquo; orden&oacute; el lupino.<br /><br />El hur&oacute;n se arrodill&oacute; y apoy&oacute; sus manos sobre la nieve, levantando su cola y exponiendo sus partes, observando al suelo mientras o&iacute;a las enormes pisadas de su antiguo amigo y una enorme sombra lo cubr&iacute;a, &ldquo;&iquest;Doler&aacute;?&rdquo; pregunt&oacute; Arnukak algo nervioso pero intentando aceptar su destino.<br /><br />Cephaktos observ&oacute; el peque&ntilde;o y rosado ano del must&eacute;lido, &ldquo;Bastante&hellip; las relaciones entre machos son m&aacute;s salvajes que las tradicionales,&rdquo; respondi&oacute; el lobo, acercando su hocico a la entrada trasera del hur&oacute;n. Ol&iacute;a tan bien, igual que hace tantos a&ntilde;os. Realmente ser&iacute;a el primero en reclamar el cuerpo de su amado amigo.<br /><br />&ldquo;&iquest;Alguna vez has estado con otro macho?&rdquo; pregunt&oacute; el hur&oacute;n, tratando de desviar su mente de ese c&aacute;lido aliento que acariciaba sus genitales.<br /><br />&ldquo;S&iacute;, he reclamado a varios machos de mi aldea. Es la &uacute;nica forma de demostrar el poder de un alfa sin llegar a herirlos realmente, debes romper su orgullo y demostrar que ellos est&aacute;n al mismo nivel que las dem&aacute;s hembras,&rdquo; dijo Cephaktos, recordando los aullidos de dolor de los dem&aacute;s lobos j&oacute;venes que tuvo que poner en su lugar el primer invierno que &eacute;l asumi&oacute; como alfa. Algunos de esos machos orgullosos regresaron varias noches luego de su primera derrota, para tomar el lugar de una hembra bajo los potentes genitales del gran lupino blanco.<br /><br />Arnukak dio un gran suspiro y cerr&oacute; sus ojos, &ldquo;Bien&hellip;adelante, mi alfa, espero poder cumplir con sus expectativas.&rdquo;<br /><br />&ldquo;Yo s&eacute; que lo har&aacute;s,&rdquo; dijo Cephaktos, posicion&aacute;ndose sobre su nueva hembra.<br /><br />Arnukak sinti&oacute; como las dos enormes patas del lobo lo abrazaban por la cintura, sujet&aacute;ndolo firmemente mientras los cuartos traseros del Fen se balanceaban, haciendo chocar ciegamente la caliente p&uacute;a de carne que asomaba de su vaina lupina, humedeciendo su trasero y parte de su espalda.<br /><br />Cephaktos solt&oacute; un gru&ntilde;ido y baj&oacute; un poco sus caderas, era dif&iacute;cil encontrar su objetivo siendo tanta la diferencia de tama&ntilde;o entre ambos machos. Luego de un suspiro, el lobo intent&oacute; tranquilizarse y en lugar de seguir con sus fren&eacute;ticas embestidas, acerc&oacute; lentamente su miembro, que cada vez estaba m&aacute;s afuera de su funda, apoyando la punta en la entrada de Arnukak y, con un poco de presi&oacute;n logr&oacute; perforar al must&eacute;lido.<br /><br />Los ojos del hur&oacute;n se abrieron ampliamente al mismo tiempo que soltaba un estridente chillido, indicando la p&eacute;rdida de su virginidad. Arnukak se sacudi&oacute; intentando liberarse, pero las patas de su nuevo amante le imped&iacute;an cualquier movimiento, haciendo que la desesperaci&oacute;n del joven lo llevase a ara&ntilde;ar fren&eacute;ticamente el suelo.<br /><br />&ldquo;Duele!! Me duele!! Cephaktos, eres muy grande para mi!&rdquo; grit&oacute; el must&eacute;lido.<br /><br />El enorme lobo suspir&oacute; pesadamente sobre la cabeza de su consorte,&rdquo; Res&iacute;stelo, Arnukak, es tu deber de ahora en adelante satisfacer a todos los machos de mi casa.&rdquo;<br /><br />El miembro del Fen se hundi&oacute; un poco m&aacute;s en el desflorado ano del hur&oacute;n provocando otro fuerte y largo grito de dolor hasta que el chico tap&oacute; su boca con ambas manos para intentar ocultar en vano el sufrimiento que le estaba produciendo su primera vez con su nuevo amo.<br /><br />Cephaktos gimi&oacute; de placer mientras embest&iacute;a al peque&ntilde;o b&iacute;pedo m&aacute;s fuerte, sintiendo como las c&aacute;lidas entra&ntilde;as del must&eacute;lido abrazaban su enorme miembro lupino, que escup&iacute;a viscosos chorros de precum, lubricando el apretado recorrido por el que se abr&iacute;a paso. <br /><br />A Arnukak se le ca&iacute;an las l&aacute;grimas mientras su peque&ntilde;o cuerpo era sacudido contra el suelo. Mientras el hur&oacute;n apretaba los dientes, intentando resistir en silencio, record&oacute; c&oacute;mo hab&iacute;a sido la primera vez de su hermana mayor, qui&eacute;n hab&iacute;a sido ofrecida al cham&aacute;n de la tribu de los alces. El enorme c&eacute;rvido acept&oacute; gustoso su ofrenda y realiz&oacute; un ritual p&uacute;blico de pre&ntilde;ez, el peque&ntilde;o Arnukak apenas ten&iacute;a seis inviernos cuando eso hab&iacute;a ocurrido. Ahora era su turno de yacer debajo de un alfa dominante que lo penetraba salvajemente como a otra de sus hembras.<br /><br />El poderoso alfa de los Fens se balanceaba en&eacute;rgico sobre su amado, sacando y metiendo todo su falo en el joven hur&oacute;n sin piedad, gru&ntilde;endo y babeando sobre el pelaje blanco de su hembra, &ldquo;Pronto Arnu&hellip; ya falta poco&hellip; Dime, &iquest;Recuerdas el &uacute;ltimo festival que pasamos juntos? &iquest;Recuerdas nuestra peque&ntilde;a competencia?&rdquo; pregunt&oacute; agitado el gran lobo.<br /><br />Arnukak cerr&oacute; los ojos e intent&oacute; recordar para desviar la atenci&oacute;n de su ano, que parec&iacute;a abrirse cada vez m&aacute;s f&aacute;cil con cada embestida sucesiva para albergar gustoso el miembro de su amante. <br /><br />El recuerdo del &uacute;ltimo festival que hab&iacute;an compartido ambos j&oacute;venes estaba fresco en la mente del hur&oacute;n. Ya ca&iacute;da la noche, y desinhibidos por el c&aacute;lido licor de miel que los dos amigos hab&iacute;an bebido en exceso esa velada, decidieron apartarse a un lugar m&aacute;s c&oacute;modo e &iacute;ntimo en el que poder masturbarse juntos, como acostumbran a hacer los hermanos que no comparten la misma sangre. En mitad de la diversi&oacute;n, Cephaktos ret&oacute; a Arnukak a competir para descubrir cu&aacute;l de los dos pod&iacute;a eyacular m&aacute;s cantidad dentro de las jarras de madera que hab&iacute;an estado usando para beber licor. Arnukak solt&oacute; una risotada, pues estaba muy claro qui&eacute;n ganar&iacute;a, pero a pesar del obvio desenlace el hur&oacute;n acept&oacute;, y cuando estaban a punto de llegar terminar con su diversi&oacute;n, ambos apuntaron a sus respectivas jarras, disparando sus semillas dentro. Cuando el semen dej&oacute; de brotar, ambos j&oacute;venes, a&uacute;n jadeantes por la actividad, observaron dentro de la jarra de su rival. La jarra de Arnukak apenas ten&iacute;a unas pocas l&iacute;neas de jugo masculino que se escurr&iacute;an lentamente hacia el fondo del recipiente, mientras que la jarra de Cephaktos se hab&iacute;a rebalsado del abundante l&iacute;quido, blanco, c&aacute;lido y viscoso que parec&iacute;a una bebida ex&oacute;tica reci&eacute;n servida y lista para degustar.<br /><br />&ldquo;Te ofrec&iacute; beberlo &iquest;Recuerdas?&rdquo; gru&ntilde;&oacute; el lobo.<br /><br />Arnukak gimi&oacute;, el dolor hab&iacute;a cesado, ahora una profunda necesidad de seguir siendo penetrado crec&iacute;a lentamente en su interior, &ldquo;S&iacute;&hellip; lo recuerdo.&rdquo;<br /><br />&ldquo;Yo habr&iacute;a matado por verte tragar toda mi semilla&hellip; ahora inundar&eacute; tu interior de ella, dormir&aacute;s con mi jugo en tus entra&ntilde;as, oler&aacute;s a mi, y toda la tribu ser&aacute; testigo nuevamente de mi virilidad,&rdquo; susurr&oacute; Cephaktos con su grave voz en los o&iacute;dos de su hembra.<br /><br />&ldquo;T&oacute;mame&hellip; pre&ntilde;ame, mi amado alfa!&rdquo; grit&oacute; el hur&oacute;n.<br /><br />&ldquo;A&uacute;lla conmigo, mi amado Arnukak!&rdquo; orden&oacute; el alfa Fen con un potente ladrido antes de dar una &uacute;ltima y brutal embestida.<br /><br />Con un h&uacute;medo y sonoro plop, el grueso nudo de Cephaktos forz&oacute; su entrada en Arnukak, llevando su esf&iacute;nter al l&iacute;mite. Arnukak solt&oacute; un chillido de dolor como si hubiera perdido su virginidad por segunda vez ese mismo d&iacute;a, pero inmediatamente la voz del hur&oacute;n fue tapada por el potente aullido triunfal de Cephaktos, que parec&iacute;a hacer temblar la tierra y resquebrajar el cielo. Lentamente, un bombeo espeso y c&aacute;lido, que parec&iacute;a infinito, llen&oacute; las entra&ntilde;as del must&eacute;lido e hinch&oacute; su vientre del m&aacute;s preciado semen lupino. <br /><br />Arnukak acarici&oacute; su est&oacute;mago repleto. Su abdomen distendido se sent&iacute;a c&aacute;lido y turgente, como si cargara en su interior con los cachorros de su amo. El hur&oacute;n suspir&oacute;, &eacute;sta ser&iacute;a su vida de ahora en adelante, el destino no paraba de sorprenderlo, y la confusi&oacute;n reinaba sobre su alma.<br /><br />Cephaktos se relami&oacute; el hocico y empez&oacute; a caminar en direcci&oacute;n a la aldea, con su nuevo consorte a&uacute;n atado a &eacute;l, &ldquo;Eres la mejor hembra que he tenido en toda mi vida!&rdquo; exclam&oacute; feliz el enorme lobo.<br /><br />&ldquo;Espera&hellip; &iquest;A d&oacute;nde vamos?&rdquo; pregunt&oacute; Arnukak algo preocupado.<br /><br />&ldquo;A casa, celebraremos tu nuevo puesto a mi lado,&rdquo; dijo Cephaktos.<br /><br />&ldquo;&iquest;As&iacute;? &iexcl;Es una locura!&rdquo; chill&oacute;n el must&eacute;lido.<br /><br />&ldquo;Ser&aacute; un buen comienzo para ti con el resto de la tribu. Es un honor ser tomado por el alfa de la manada, todos te respetar&aacute;n,&rdquo; explic&oacute; el lupino.<br /><br />&ldquo;Supongo que est&aacute; bien entonces&hellip;&rdquo; suspir&oacute; el hur&oacute;n.<br /><br />Cephaktos solt&oacute; una risita, &ldquo;Arnu, ya no supones, ahora solo obedeces.&rdquo;<br /></span>",
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