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CET","username":"ArturoWolff","user_id":"232568","user_icon_file_name":"388449_ArturoWolff_cc.png","user_icon_url_large":"https://nl1.ib.metapix.net/usericons/large/388/388449_ArturoWolff_cc.png","user_icon_url_medium":"https://nl1.ib.metapix.net/usericons/medium/388/388449_ArturoWolff_cc.png","user_icon_url_small":"https://nl1.ib.metapix.net/usericons/small/388/388449_ArturoWolff_cc.png","file_name":"5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_full":"https://nl1.ib.metapix.net/files/full/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_screen":"https://nl1.ib.metapix.net/files/screen/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_preview":"https://nl1.ib.metapix.net/files/preview/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","thumbnail_url_huge":"https://nl1.ib.metapix.net/thumbnails/huge/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.jpg","thumbnail_url_large":"https://nl1.ib.metapix.net/thumbnails/large/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.jpg","thumbnail_url_medium":"https://nl1.ib.metapix.net/thumbnails/medium/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.jpg","thumb_huge_x":"212","thumb_huge_y":"300","thumb_large_x":"141","thumb_large_y":"200","thumb_medium_x":"85","thumb_medium_y":"120","files":[{"file_id":"5350777","file_name":"5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_full":"https://nl1.ib.metapix.net/files/full/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_screen":"https://nl1.ib.metapix.net/files/screen/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","file_url_preview":"https://nl1.ib.metapix.net/files/preview/5350/5350777_ArturoWolff_padre_e_hija_-_el_libro_-_cap3.txt","mimetype":"text/plain","submission_id":"3503425","user_id":"232568","submission_file_order":"0","full_size_x":null,"full_size_y":null,"screen_size_x":null,"screen_size_y":null,"preview_size_x":null,"preview_size_y":null,"initial_file_md5":"5452b969b531e8d2893e1ba4046b3a0e","full_file_md5":"5452b969b531e8d2893e1ba4046b3a0e","large_file_md5":"","small_file_md5":"","thumbnail_md5":"678ff3202b8d012eec5987a6200ec023","deleted":"f","create_datetime":"2024-12-19 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se impacienta esperando un heredero digno de Octavia. El nacimiento de su hijo es recibido con indiferencia. Paimón toma duras medidas para obligar al joven Stolas a demostrar su valía. Octavia lucha por proteger a su hijo de la crueldad de Paimón.\n\n[url=http://www.postybirb.com]Posted using PostyBirb[/url]","description_bbcode_parsed":"<span style='word-wrap: break-word;'>Paim&oacute;n se impacienta esperando un heredero digno de Octavia. El nacimiento de su hijo es recibido con indiferencia. Paim&oacute;n toma duras medidas para obligar al joven Stolas a demostrar su val&iacute;a. 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Y para combatir esas debilidades era que necesitaba de un verdadero heredero, Stolas; claro, era la primera opción que se presentó, pero con el lento progreso que veía en él y las altas expectativas que ponía en sus hombros –se veía a sí mismo en la necesidad de tener que intentarlo de nuevo, asegurarse de que detrás de él hubiera alguien digno. Y debía conseguirlo antes de que Octavia lo traicionara –si es que de verdad pensaba hacerlo.\n        Así Paimon le procuró a Octavia durante todo ese tiempo. Casi parecía que, si se lo proponía, podía ser un maravilloso esposo y excelente padre –pero después de tantos intentos, ya no engañaba a nadie en el palacio, y era simplemente asegurar que lo que sea que naciese de ese vientre, estuviese en las mejores condiciones –nada más.\n        Finalmente, el momento llegó.\n        De acuerdo a la cultura demoniaca, el nacimiento de un demonio de la realeza ameritaba fiesta, reunión y felicitaciones por doquier; toda una ceremonia llena de regalos y diversión, la esperanza de un futuro líder que con gran poder trajera orgullo a los demás y llevara el nombre del infierno en la sangre, si no era antes, entonces durante, o después del embarazo uno llevaría a cabo esta fiesta –era curioso ver entonces a Paimon tomar todo con máximo secreto mientras las parteras ayudaban a Octavia con su nuevo huevo. Como si de un crimen se tratara, juzgando en todo momento las acciones de todos en aquel lugar, incluso a la madre que sufría la peor parte –como si no tuviera permitido el dolor y debiera llevar su tarea con orgullo y honor, como si fuera su responsabilidad cumplir con expectativas vanas fuera de su control.\n        Además, la vida de un nuevo ser siempre ha sido motivo de felicidad, incluso en la adversidad se ve una y otra vez los efectos embellecedores de un nuevo amanecer; guerras terminando incluso a raíz del nacimiento de un nuevo rey. Pero ni en la mirada de Octavia ni la de Paimon había muestras de sentimientos positivos; o sentimientos en general. Solo una madre desolada y un padre desinteresado mientras imps limpiaban un huevo que parecía no existir para nadie de los que estaban allí. El padre sin molestarse en cerciorar su estado o consolar a su mujer, y la madre negándose el placer de sostener en sus brazos lo que en su vientre tanto tiempo había estado. Todavía no había quien para juzgar y ya parecían ambos estar decepcionados.\n        Solo quedaba pensar que podría causar tal desprecio, que debió haber pasado para descartar las cartas que aún no se han jugado. O era tal vez el hecho de que las cartas servidas, estaban aún esperando ser volteadas por su jugador.\n        Si acaso el pequeño Stolas; que se había despertado por los gritos y escándalos –lograba mostrarse con la más ligera curiosidad. Preocupado nuevamente por los lamentos de su madre. Aún sin entender el contexto de su alrededor; su instinto era puro y sincero en la intención de cuidar de su madre como ella había cuidado de él, y su corazón palpitaba en pena y dolor al no saber que hacer.\n        —¿Está listo el huevo? —Preguntaba Paimon—.\n        Todos los presentes estaban en silencio, como si eso respondiera la pregunta –incluso Octavia; quien había pasado por todo, se negaba a responder.\n        —Entonces llévenlo al trono.\n        Dicho esto, Paimon comenzó a alistarse, vistiendo sus hermosas prendas de costumbre –mientras Octavia se resignaba a descansar mientras los sirvientes se llevaban el huevo del lugar.\n        Y mientras la mirada de Paimon era seria e inquebrantable, la de Octavia poco a poco se fracturaba en la lucha contra el llanto –esperando que quizá el sueño la escondiese de tan cruel sentimiento. Pero era una batalla perdida, por más que la intentase ganar; pues al final sabía que fuese cual fuese el resultado por venir, la pesadilla que una vez pensó se había acabado, volvía desde la tumba para recuperar su lugar.\n        \n        ***\n        \n        El cuarto del trono era entonces alistado a órdenes del rey.\n        Ventanas cerradas, la luz de las velas siendo la única iluminación, y en el centro yacía el huevo esperando sobre un hermoso cojín que a su vez estaba sobre un pequeño altar. Por todas partes podías ver grabado el sello de Paimon –incluso en el suelo, donde el más grande de todos se encontraba.\n        Sin poder discernir palabras, se escuchaba el susurro de un canto espiritual y como si fuera una flauta; se podía escuchar al viento soplar por de entre las bisagras de los vitrales. Esto continuó hasta que Paimon envolvió a todos con su presencia. Entonces todo se volvió silencio.\n        —Está listo su alteza. —Con una reverencia le informaba el mayordomo—. Cuando de la orden.\n        Sin pensarlo un instante Paimon dio la señal de inicio y todos salieron del lugar excepto por él, y la poca iluminación que brindaban las velas desaparecía como si esta también tuviese prohibido ser testigo del ritual.\n        Ahora es donde dependo de tu imaginación, de tu habilidad de ver en la obscuridad. Imagina la figura de Paimon transformarse en una versión más oscura de sí mismo, donde el brillo de sus ojos se vuelve prominente y más intenso –pero que a pesar de este brillo todo es aún invisible. Trata de observar los sellos brillar y moverse contra las manecillas del reloj mientras uno más aparece en la superficie del cascaron. Las cortinas bailar con un viento que no existe y el calor aumentar a raíz de un fuego falso.\n        Cuando tengas todo esto en tu percepción entonces elimínalo y vuelve a la normalidad pues el ritual ha tenido lugar.\n        Ahora que la vista vuelve a nuestros ojos tomemos nota de las cortinas que vuelven a la calma, de las velas volverse a iluminar; de las ventanas abrirse y la luz del sol volver a entrar –mientras que Paimon se retira dejando el huevo atrás, siendo consumido por ceniza; dejando nada en su lugar. Excepto por la mirada decepcionada y molesta de un señor de la oscuridad.\n        Lo único que siguió fue a los sirvientes limpiando, dejando todo como lo encontraron –sin compartir palabras u opiniones, parecían acostumbrados a lo que acaba de pasar.\n        Pero hay algo más allá, la inevitable unión entre la madre y su creatura, una unión que nada puede cortar hasta que la muerte a alguno de los dos alcanza. Y quien vive después de esta muerte lo sabe y lo siente –y así es el caso de Octavia que sin estar presente ni enterada; podía percibir la conclusión. El resultado del ritual.\n        \n        ***\n        \n        —Otro fracaso, como tu excusa de hijo. —Reclamaba Paimon, azotando la puerta detrás de él—.\n        —Stolas también es tu hijo. —Octavia le respondía aún recostada—.\n        En su cara se veía el dolor del parto, el dolor de la despedida de la vida que no pudo ser, y el dolor de la confusión entre el sentirse aliviada de que todo había terminado por ahora; o el miedo de que en cualquier momento podría volver a suceder –y que tal vez, y solo tal vez, el resultado sea distinto.\n        Paimon se veía insultado por el comentario de Octavia –viéndola a los ojos con un porte de incredulidad, entendiendo su comentario como una forma de decir que en parte o en totalidad; no era culpa de ella. Ella era la madre, era su trabajo que su hijo estuviera a la mayor altura en todo momento. Para Paimon no había tiempo para cosas frívolas como la inocencia o la niñez –si en cualquier momento debía tomar su lugar, tenía que estar listo para hacerse cargo.\n        Pero Octavia era completamente lo opuesto, amaba a su hijo tal y como era, con su inocencia y su simplicidad –peleaba por que Stolas tuviera estos lujos como una consecuencia de que ella nunca los tuvo. Sabía que Stolas era más que capaz de tomar el mando cuando creciera y confiaba en su potencial.\n        —Y es por eso que debería parecerlo. —Paimon respondía insultado—. Pero en cambio tengo un niño que no sabe hablar.\n        —Es un niño. Se parece a lo que un niño parece. —Octavia sonaba cada vez más molesta—. Si Lucifer nos pidió ser virtuosos, te recuerdo que la paciencia es una de las principales virtudes.\n        —¡Mujer insolente!\n        Paimon se preparaba para dar una bofeteada a Octavia, pero se detuvo en el último momento, donde su mano alcanzaba el punto más alto en el aire antes de caer y asestar el golpe –quedando suspendida en el aire mientras ambos se veían fijamente a los ojos, tratando de penetrar al otro con su sola mirada, la ira de los dos luchando ferozmente por mostrarse superior. Quizá fue que Octavia hirió su orgullo, o tal vez hubo otra razón para tan repentino cambio de corazón en el rey (si es que tiene uno), pero finalmente el golpe nunca conectó.\n        El silencio entonces quedó a cargo de la escena mientras Paimon recuperaba su compostura y ocultaba sus manos dentro de su capa como era su costumbre.\n        —No sé qué es lo que intentas hacer con él, pero a partir de ahora estará a mi cargo. —Concluyó Paimon—.  Si resulta ser una causa perdida, más vale estés lista para entonces.\n        Paimon se retiraba de la habitación. Ya de inmediato pensaba en como él lidiaría con la crianza del príncipe, insatisfecho con los “resultados” del trabajo de Octavia; pareciendo más bien sabotaje a su legado –que crianza.\n        —Y seguiré dándote fracaso tras fracaso. —Octavia parecía rendirse mientras su voz cambiaba de un tono agresivo a uno defensivo entre palabras—.\n        Paimon, insatisfecho con darle la última palabra; la amenazó.\n        —Entonces buscare quien me de lo que deseo.\n        —¿Quién? ¿Tus concubinas? ¿El hijo del rey Paimon; un bastardo?\n        El comentario de Octavia terminó de encender la flama de la ira en Paimon, quien azotaba la puerta detrás de él; y tal vez como una muestra visual de la ironía, se dirigió a el ala del palacio donde vivían las concubinas.\n        A pesar de que para la época; para la sociedad, y la realeza demoniaca de ese momento un harem no era mal visto –e incluso era influenciado en su funcionamiento por las mismas reglas que aplicaban en la tierra (e incluso usando a estas mujeres como moneda), Paimon optaba por la discreción, inspirado por él orden y control del imperio Otomano, y por lo tanto tomaba influencias de este y adaptaba las reglas a su conveniencia (Por dar un ejemplo, mientras el sultán Otomano no tenía problemas en usar este edificio para eventos reales, o algunas fiestas, Paimon lo limitaba solamente al uso de su placer).\n        A las concubinas les prohibía el salir de sus aposentos, limitando quienes podían acceder a esta área, e incluso llenándolas de caprichos con la regla de conservar su lealtad y obediencia. Les ofrecía sabiduría académica e incluso la oportunidad de “renunciar” a su posición, pero el miedo a su ira y su poder, además de la ambición natural de estas creaturas por las riquezas causaban un efecto esperado –nadie se atrevía a escapar.\n        Incluso llegar al harem era total discreción, siendo este un segundo palacio unido al principal por calles y callejones que de la misma forma aparentaban ser caminos comunes y corrientes, transitados y usados por el pueblo; sin saber que inadvertidamente cruzaban por territorio real.\n        También la seguridad; aunque parte de la guardia real, se vestía como guardia común en afán de mantener la fachada –y Paimon ocultaba su identidad con metamorfosis si así lo requería. Por donde lo vieras, había una mentira y una ilusión cubriendo dicha mentira en lo que era su camino a este lugar.\n        Lo único que no pasaba desapercibido era la arquitectura como tal, pero en un círculo donde todo se veía provenir de riquezas; ocultarse a plena vista no era de lo más difícil. Permitiendo así completar la fachada.\n        Por dentro, el harem era tan organizado como el palacio, con la sala principal saludándote al llegar. Sillones a los lados en un piso elevado, en el centro un jarrón decorativo y en las esquinas dos puertas; una de cada lado, llevando a nuevos corredores repletos de misterio y discreción.\n        El corredor izquierdo te llevaba a los baños y la piscina, mientras el derecho te llevaba a cada alcoba de cada una de estas mujeres, una seguida de la otra como un establo ordena los cubículos de sus caballos. Finalmente, ambos caminos conectaban en una habitación del mismo tamaño que la sala principal pero donde solo había una gran cama y la más hermosa decoración. Si todo el lugar desbordaba estatus y riquezas, este cuarto lo hacía lucir como un humilde hostal, solamente comparable con el palacio principal –claro, estoy hablando de la habitación de Paimon para disfrutar de estas mujeres a capricho y decisión.\n        \n        ***\n        \n        —Patra.\n        La voz de Paimon decir este nombre al entrar era regla suficiente. Patra era una súcubo. De aspecto no muy distinto al de los imps; las súcubo y los íncubos son creaturas de apariencia semihumana. A diferencia de los imps, estas creaturas conservaron sus alas, pero, igual que con los imps –su uso era casi nulo después de la guerra. Por esto sus alas eran relativamente pequeñas; diminutas incluso, si se les compara con lo que solían ser.\n        Además, sus cuernos eran distintos, a diferencia de los imps estos podían variar de muchas más formas, además de que normalmente conservaban el color de la piel de este. Si su piel era rosa, los cuernos serían rosas, por ejemplo. En otros casos tendrían marcas negras, o en otros, completamente negros. También variaba un cuerno del otro; los dos podían ser simétricos y del mismo color, o uno podía ser más grande que el otro, uno negro y otro del color de su piel, etc.\n        Podríamos decir que estas creaturas eran de las más caóticas a la hora de describirlas y era imposible generalizarlas. Si un día estás por el infierno, te recomendaría leer “Los Encuentros Oscuros: Relatos de Súcubos e Íncubos” de Giacomo Casanova. Como fue en vida, como fue en el infierno –solían decir de él antes de que fuera asesinado en el círculo del infierno a manos del mismísimo Asmodeus; que a pesar de adorar ver a condenados sucumbir a sus placeres, dejó muy en claro que había límites a lo que podías joder con él.\n        Patra de hecho es mencionada en más de una ocasión y la describe como lo haré yo ahora: «Una mujer que la palabra hermosa no alcanza a cubrir ni la más pequeña fibra de su cabello seductor; que con un olor exquisito cautiva tu sentido del olfato y lo arrebata para quedarse con él.\n        Todo en ella suave como las telas más finas de Asía, su cabello negro y cuerpo de un rosa cenizo sobrecargan tu sistema nervioso (cómo si aún tuviésemos uno) hasta apagarlo, robando también el tacto.\n        Su voz es tan suave y seductora que calman tu corazón a la vez que lo aceleran; si es que eso es posible. Su tonada tan penetrante como su mirada que arrebata el sentido del oído y quedas sordo a todo lo que no sea su encantador canto.\n        Su cuerpo perfecto, exactamente como a mí me gusta; y te lo dice un hombre que de toda mujer disfrutó en su vida –era como un millón de cuerpos en uno solo y podía haber incluso más. Imagina a la mujer más bella y multiplícalo por miles –y quédate con esa imagen pues ya para entonces también habrá robado tu vista.\n        El gusto lo pierdes al final; cuando ya estás en sus encantos y te besa con esos labios sabor a miel. Lo último que saborearas en tu vida, o en mi caso la eternidad. ¡Agradecería a Dios por esta maravillosa oportunidad, pero sería pecar! ¡Maldición si es que estamos en el infierno qué más da, gracias, Dios por esta mujer hermosamente mortal!»\n        Patra era sin lugar a dudas la súcubo entre las súcubo y en el harem de Paimon era la principal y un tanto su protegida –pues la libraba de todas las responsabilidades de satisfacerle, además de dejarla a cargo del harem como tal. Su vestimenta aludía a su posición al ser de la más alta calidad y muchísimo más ostentosa a comparación de lo que una concubina traería normalmente. O al menos en el sistema que manejaba Paimon.\n        —Alteza.\n        Respondía Patra mientras hacía su reverencia y marchaba al ala habitacional, avisando a las demás; que el amo acababa de llegar.\n        Cuando llegó Paimon a su alcoba, ya estaban sus otras cinco mujeres y Patra.\n        —Para usted, mi señor. —Patra hacía una referencia y extendía sus manos—.\n        Mostrando a las demás; como un vendedor muestra su tienda a la gente que veía pasar, para después retirarse de los aposentos, dejando a las demás con su rey.\n        De izquierda a derecha tenías 3 hellhounds, una chica imp, y otra que parecía una mescla de imp y súcubo. En el mismo orden sus nombres eran Livia, Cornelia, Faria, Mella y Mirra.\n        Livia era de pelaje blanco como la primera nieve del invierno, como todos los de su especie, sus corneas eran rojas como la sangre fresca y sus ojos blancos con negras pupilas –de las 5 la más alta, parecía pertenecer a una especie de lobo invernal; sus orejas eran largas y puntiagudas y su pelo largo y hermoso, llegando a su cintura por detrás y cubriendo la mitad de su rostro por enfrente. Su cola era peluda y parecía ser una nube suave y esponjosa. Su cuerpo como el reloj de arena, sus senos pequeños pero preciosos y trasero grande. A pesar de su estilo de vida en el harem de Paimon, era siempre positiva –quizá por ser más joven que las demás.\n        Cornelia tenía el pelaje en todas las escalas de gris conocidas por el hombre y otras dos más. De figura un poco más ancha que la de Livia, pero más acentuada de sus pechos; parecía que lo que faltaba a una lo tenía la otra. Curioso cuando tomabas en cuenta lo cercanas que eran; incluso en este momento –que estaban una junto a la otra. A pesar de haber entrado al harem junto a Livia y Faria; era la menos experimentada pues desde un principio le aterrorizaba Paimon.\n        Faria era la menos alta de las 3; también su cuerpo era más conservador, algo que le causaba revuelo cuando era la mayor entre Livia y Cornelia –por lo que solía siempre estar a cierta distancia de las dos en un afán de no ser molestada por las demás.\n        Su pelaje era el mismo que el de un lobo mexicano, con tonos de café y sombras de negro y gris. Era casi imposible no confundirla con un coyote; más aún cuando su personalidad era tan agresiva como la de uno.\n        Mella, relativamente alta para la estatura promedio de los imps de la época, de cuernos pequeños y rayados con piel de un rojo intenso. También era de cuerpo conservador –pero no por eso menos sensual, sus ojos amarillos aparentaban ternura mientras que su cola roja; larga y puntiaguda, la mostraba violenta como un alacrán.\n        Mirra, quizá la más descuidada de las cinco; el resultado de la noche de pasión entre un imp y una súcubo. Por esto mismo era más alta que Mella, pero por su posición defensiva era un tanto obvio que era acostada por las demás. Sus proporciones eran las más grandes de todas y su figura la más atractiva –herencia de su madre. Su piel un tono entre rojo y rosa mexicano, con un cuerno rayado como el de un imp y el otro rosado como el de una súcubo.\n        Todas vestían igual, una tela ligera que apenas servía para cubrir el cuerpo desnudo. Cada una de un color distinto; rojo, azul, morado, blanco y negro.\n        —Bienvenido, amo. —Todas decían al unísono—.\n        Paimon se mantenía en silencio mientras con su magia se desnudaba frente a ellas –depositando su ropa en los brazos de Patra, quien se las llevó una vez había terminado él de desvestirse.\n        Las cinco concubinas se apresuraron a acostarse con Paimon; Livia con actitud alegre y emocionada, Cornelia con un tanto de nerviosismo, Faria con una mirada más seria que las demás y así sucesivamente, con ligeras risas de tonada infantil o gestos. A pesar de su adulta edad parecían disfrutar de mostrar entre ellas y con él, cierto aire de inocencia y sumisión –delatando placer de finalmente poder someterse a los caprichos de su señor.\n        —Alteza. lo que desee, haremos por usted. —Livia decía seductora—.\n        Con la actitud más extrovertida de todas, fue la primera en abrazarse a Paimon –de su costado izquierdo, abrazándose contra él mientras Mella se apoderaba del lado derecho.\n        —Y lo que desee, puede hacer con nosotras. —Continuaba Mella—.\n        Paimon las observaba a los ojos con indiferencia, pero disfrutaba de admirar sus cuerpos, tenerlas encima era suficiente para excitarlo mientras ellas sin problema presionaban sus pechos contra él. Cornelia, Faria y Mirra; que eran las menos asertivas del grupo, quedaban sentadas de rodillas en la cama –Faria y Mirra del lado derecho y Cornelia del izquierdo.\n        Livia y Mella parecían hacer todo el trabajo mientras besaban el cuello y las mejillas de Paimon, quien ocasionalmente volteaba a verlas para que besaran sus labios. Poco a poco Paimon ventilaba su rabieta de la mañana rasguñándolas o apretándoles una nalga –a lo que ellas respondían con suaves gemidos de placer, además de un incontrolable meno de sus colas.\n        Pero para solo divertirse con ellas dos no era necesario haber llamado a todas; así que no vio alternativa más que incitarlas a la acción él mismo. Durante uno de los meneos de Livia; le tomó la cola por la raíz y la jaló hacia si mismo –cosa que Livia reaccionó con un gemido que disfrazaba dolor.\n        El movimiento repentino la obligó a menear un poco sus nalgas y flexionar sus piernas como una forma de reducir la intensidad de su molestia, algo que Paimon aprovechó para pasar sus dedos por sobre sus labios vaginales. Pasar del dolor al placer de nuevo comenzaba a encelar a Mella, Faria y Mirra, mientras que Cornelia seguía inerte y a demostrar una pica de temor.\n        Mella no tardó en actuar, recorriendo su delgada pero larga cola alrededor del brazo de Paimon –incitándolo a jalarla también. Pero la mirada de Paimon parecía ahora fija en Cornelia, encelando aún más a Mella.\n        Después de pasar sus dedos por la entrepierna de Livia ya varias veces, Paimon habló:\n        —Cornelia, levanta la pata de tu hermana.\n        Todas voltearon a ver a Cornelia mientras ella temerosa tomaba la pata de Livia, quien la miraba a los ojos y ella le devolvía la mirada. Livia sabía que su hermana era de todas la más miedosa y ayudaba a darle valor el verla a los ojos cuando pasaba algo a su alrededor que la aterrorizara.\n        Pero Paimon insistiría en jugar con ella un rato más.\n        —La mirada abajo, observa. —Le ordenaba—.\n        Poco a poco ella obedecía y miraba como Paimon le presentaba su hermana, con sus garras abriendo la vulva de Livia; quien contenía sus quejidos (nuevamente en afán de no asustar más a su hermana).\n        —Tengo a cinco de ustedes que atender, ayúdame con Livia.\n        Cornelia comenzaba a titubear.\n        —Debemos obedecer, hermana. —Con una voz dulce reafirmaba Livia—.\n        Al pasar de unos segundos y una fuerte toma de valor, obedeció –practicándole sexo oral a su hermana y lamiendo los dedos mojados de Paimon.\n        Livia no quería sentir placer con esto, pero su cuerpo era más fuerte que ella e inevitablemente continuaría gimiendo de placer con las caricias de Paimon y los juegos de lengua de su hermana mayor.\n        Era poco común ver que la hermana menor fuera el soporte emocional, pero la vida que habían tenido antes de la seguridad del harem había hecho que la inocencia de la menor fuera el resguardo de la mayor. Faria; que era la de en medio, cumplía con el cliché mejor que Cornelia, al ser más sobreprotectora –los celos que estaba sintiendo hasta ahora no era por querer tomar su lugar, si no por querer evitar que algún daño llegara a ella, prefiriendo tomar su puesto como forma de defesa.\n        Mella y Mirra, que no tenían ningún pertenezco entre ellas o con las hellhound, solamente veían esto como muestra de inmadurez.\n        Cuando finalmente Paimon se vio satisfecho con el acto, las dejó continuar mientras finalmente cumplía el capricho de Mella, jalando su cola –pero a diferencia de lo que hacía con Livia, insertaba sus garras en su ano, haciéndola gritar.\n        —Faria, ponte a lamer si no vas a hacer nada.\n        Paimon ya sabía que Faria estaba más preocupada por Cornelia que por hacer su trabajo, aunque tampoco era mala para hacerlo –aunque fuese necesario darle órdenes directas para que no pareciera una simple estatua de marfil.\n        Quizá era algo de los hellhound al tener un hocico largo y lenguas largas; además de un aliento caliente peculiar, que hacía que el sexo oral fuese una experiencia única para quien lo recibiera –y a Paimon le fascinaba.\n        Al final quedaría Mirra observando mientras trataba de encontrar su lugar en la orgía –otra a la que Paimon adoraba atormentar; pues siendo una mezcla de raza, el complejo de inferioridad era siempre presente –pero con una de cada lado y con Faria entre sus piernas chupándole el pene, poco quedaba por hacer; lo que siempre le tocaba hacer.\n        Sin que Paimon diera la orden se subió a él y puso sus nalgas lo más cerca que pudo de su pene y el hocico de Faria. El trabajo de Faria pasaría a ser: continuar con el sexo oral, pero haciendo ciertas pausas para que al soltarlo; su pene caería entre las nalgas de Mirra.\n        Para cuando le tocara volverlo a meter en su boca, tendría que forzosamente quitarla de su camino. Lo que disfrutaba Mirra sería sentir la nariz húmeda de Faria que trataba de hacerla a un lado para recuperar el pene de Paimon y por consecuente, las caricias de la misma mientras Faria movía su boca de arriba para abajo.\n        Era como si jugara con las personalidades de cada una, abusando sus fortalezas y sus debilidades. Quizá obtenía más placer al hacer eso que con el mismo sexo en sí.\n        Las primeras veces; era un pandemónium, se criticaban unas a las otras mientras trataban de complacer al rey, y Paimon debía ser más violento para enseñarles su lugar. Al poco tiempo y con la guía de Patra se obtendría el orden deseado –y Paimon poco se salía del guion que el mismo implementó; siendo estos casos cuando solo solicitaba a una, dos, o alguna combinación de su antojo.\n        Si era las tres hermanas, era seguro que pondría a Cornelia a hacer algo humillante, a Faria la usaba para sustituir a Cornelia y siempre empezaba por Livia.\n        Si eran Mella y Mirra, jugaba con Mella, pero empezaba con Mirra.\n        Pero sin importar la mezcla siempre incluía a Cornelia o a Mirra –cosa que las otras veían como si fuesen sus favoritas. Esto provocaba más de una riña después de sus visitas.\n        Lo mismo pasaría más tarde, pues al dar la orden Faria dejaría de actuar y obligaría a Mirra a ser penetrada por Paimon; aunque obligar no era exactamente la palabra indicada cuando Mirra disfrutaba ser usada y Faria disfrutaba de usarla; con su supuesto favoritismo como excusa, la hacía sentarse con fuerza o hacer que Paimon la penetrara de forma anal de forma repentina y luego volver a una penetración vaginal –cualquier cosa que implicara fuerza, molestia o las dos; Faria estaría a cargo.\n        Paimon también disfrutaba de fomentar esta falsa jerarquía, verlas desquitarse entre ellas o “boicotearse” era parte del placer para él.\n        Los gemidos de Mirra no se hacían esperar tampoco, su cuerpo trabajaba con el de Faria de forma voluntaria mientras se tomaba de las garras de la hellhound; que más fuerza aplicaban contra ella mientras más lo disfrutaba, por consecuencia también disfrutando del dolor que ella le causaba.\n        Cornelia, que su lengua se empezaba a secar de tanto lamer era quién seguía tan pronto se detuviera a descansar; como una señal de Paimon para decirle que no podía detenerse hasta que el dijera. El ser arrebatada excitaba a Mirra, y Cornelia al ser penetrada apenas y podía gemir con la falta de aire y una lengua de fuera ya casi adormilada –pero su trabajo sería recompensado al recibir el primer orgasmo de Paimon.\n        De allí se quedarían a ver mientras seguía una luego de la otra. Mella, Faria y al final Livia, con quien duraría más, pues al ya no tener a todas encima podía dedicarse más a jugar; disfrutaba de apretar sus nalgas y hostigarla con la sensibilidad de sus pezones, si el subtexto fuera visible; casi podrías discernir la verdadera favorita del rey.\n        Cuando se dio por satisfecho, Paimon les ordenó irse a limpiar, y como castigo por no seguir su orden de inmediato –excluyo de esta indicación a Cornelia, quien tendría que limpiarlo a él. Nuevamente ella y Livia se vieron fijamente a los ojos mientras unas se iban a lavar y Cornelia seguía a Paimon a su baño personal.\n        \n        ***\n        \n        —¿Y cómo se encuentra la reina, su majestad? —Preguntaba la joven mientras tallaba uno de los brazos de Paimon—.\n        —Ella está bien.\n        —¿Y el príncipe?\n        —En perfecto estado. —Paimon sonaba un tanto molesto con un interrogatorio—. Pero creo que el estado de mi esposa e hijo no son de la incumbencia tuya. No olvides tu lugar.\n        Al finalizar la tarde y acercarse el anochecer, Paimon volvió al palacio a descansar, e indicar a todos que a partir del día de mañana estaría a cargo del Príncipe de manera personal. La pregunta de Cornelia le tenía un tanto molesto de justamente lo que había ido a olvidar; el niño parecía una deshonra; comparado con lo que él quería que fuese.\n        Pero Paimon no quería un hijo, quería un sustituto –y la espera para saber si sería digno era la peor parte y la que más le preocupaba al final.\n        \n        ***\n        \n        —Alteza Octavia, buenos días. —Decía Rym al oír abrirse la puerta del cuarto de Stolas—.\n        No pudo concluir sus buenos días cuando se percató de que era Paimon quien entraba y no Octavia. A pesar de la orden dada; aún se desconocía que tan involucrado estaría él –y por lo aparente, sería por completo suplantar a Octavia, dejándola dedicarse solamente a la burocracia que ya llevaba realizando todo este tiempo.\n        —Vengo por el niño.\n        Rym entregó a Stolas en los brazos de Paimon, quien sorpresivamente sabía perfectamente como cargar a un bebé.\n        Pero Stolas no se sentía seguro en sus brazos, al contrario –en sus ojos había miedo, inseguridad, y un instinto de querer huir. Cuando Paimon lo alzó para analizarlo detenidamente respecto a su estado físico; en vez de emocionarse como lo hacía con su madre, no dejaba de ver al suelo y agitar sus pies pensando que le dejaría caer.\n        —Esto es ridículo. —Se decía Paimon a sí mismo, usando su telekinesis para dejarlo en el suelo—.\n        A todo esto, Rym quedaba observando, un tanto por su propio instinto protector hacía el príncipe y otro tanto por curiosidad y morbo al ver a su señor tomar la batuta –una vista que jamás creyó llegar a tener.\n        Cuando Stolas tocó el suelo inmediatamente se puso en posición de gateo, pero con las garras de su pata, Paimon lo levantó, poniéndolo de pie. Stolas nuevamente cayó al suelo y se colocó en pose de gateo.\n        Esto continuó por al menos 3 ocasiones, pues en esta última Stolas no puso sus manos para detener su propia caída –golpeando el suelo con su pico y rompiendo en llanto, el cual duró poco al darse cuenta él de que su padre le veía con una mirada despectiva y de desprecio, pero sobre todo de decepción.\n        Finalmente, Rym se retiró pues no podía permitirse el ver al niño pasar por semejante abuso y no tener más opción que no intervenir.\n        Para el cuarto intento, fue el mismo Stolas quien se trató de poner de pie, cayendo de nalgas y terminando con la paciencia de su padre; quien con su magia lo levanto perpetuamente lo suficiente para que siguiera de pie, pero no terminara nuevamente en el suelo –y a partir de allí salió de su cuarto.\n        —Caminarás a la mesa si piensas comer. —Amenazaba Paimon al salir—.\n        El pequeño Stolas no entendía la situación en la que se encontraba, él esperaba los brazos de su madre para que lo cargaran y mimaran; y que allí lo llevaran a desayunar como lo habían hecho los días anteriores. Incluso gradualmente fue aprendiendo un poco de la etiqueta usada en la mesa –principalmente no embarrarse la comida en la cara ¡Pero era un avance!\n        Ahora se veía a si mismo casi de pie, el hechizo de Paimon solamente ayudándole a conservar su equilibrio y soportar el peso que sus pequeñas patas no podían por cuenta propia. Y la figura de su padre desaparecía, preocupando a Stolas aún más mientras trataba instintivamente de alcanzarlo.\n        Como era de costumbre, Octavia; que había madrugado para realizar sus tareas adecuadamente, ya esperaba en la mesa –y veía a Paimon con rencor.\n        A Paimon no le importaba, más interesado en saber si Stolas llegaría o no a la mesa.\n        —¿Y Stolas? —Octavia preguntaba con molestia—.\n        —Si tiene hambre, debe de estar en camino.\n        Octavia sabía perfectamente que sus patas eran aún muy débiles para soportar su peso y que de caminar lo haría torpemente. La preocupación la invadió de inmediato obligándola a levantarse rápidamente. Para esto Paimon le ordenó no hacer nada:\n        —Mi regla está en pie mujer. —Amenazaba—. No intervendrás en su crecimiento.\n        Y en efecto, Stolas se movía torpemente hacía adelante, durante toda la discusión apenas y se había movido y Paimon podía observarlo casi de reojo. Decepcionado por tal demostración de incompetencia le molestaba; y con señas, ordenaba que uno de los mayordomos fuese a recogerlo –traerlo a la mesa y lo sentara en su periquera.\n        Era nuevamente la misma escena que al principio, Stolas sentado en una mesa donde Paimon no lo recibía; y ahora el pequeño príncipe avergonzado, sin saber realmente porqué. Bastaba sentir el rechazo de su padre para notarlo.\n        La mirada que tenía Octavia hacia Paimon también podía sentirse con desdén. Quería burlarse de él o hacer algún comentario sarcástico, pero su preocupación por Stolas era mayor que todo su odio.\n        Mientras tanto, Stolas comía tímidamente bocado a bocado; observando a los dos entre uno y otro, con la esperanza de no ser corregido por su forma de tomar o morder su comida.\n        En definitiva, ninguno disfrutó de su desayuno esa mañana.\n        \n        ***\n        \n        Al avanzar el día, Paimon seguía tratando de hacer a Stolas caminar, obligándolo a seguirle de un lado a otro mientras trabajaba. Stolas; que por simple necesidad aprendió a ser astuto, descubrió que podía tirarse en la capa de su padre y ser llevado por él. Su peso era tan insignificante comparado con la fuerza de su padre; y la magia que había conjurado para levantarle, que era casi tan ligero como una pluma.\n        Los sirvientes del palacio trataban de no reír o avisar al rey de esto; de cierta forma tomando el lado de la reina y atesorando la inocencia del pequeño. Los plebeyos u otros personajes que visitaban o veían de lejos a estos dos, inadvertidamente tomaban la misma postura del callar –pensando que de no hacerlo enojarían a Paimon de alguna forma.\n        La fortuna de alguna forma había tomado el lado del pequeño, y su padre nunca lo notó. El dio la orden a Stolas de caminar y él la estaba siguiendo; para lo que Paimon concertaba, la humillación en la mañana había sido suficiente motivación –y ahora Stolas le seguía el ritmo sin chistar.\n        En un momento Octavia también lo notó; ella fue la que más problemas tuvo para aguantar la carcajada, y ver su sonrisa de orgullo era suficiente para que Stolas se sintiera cómodo con lo que hacía –como si de cierta forma su madre le estuviera dando permiso de su maldad.\n        \n        ***\n        \n        Al acercarse el atardecer, Paimon sentía ya haber superado a Octavia con creces, pero aún había algo que le molestaba.\n        Stolas seguía sin hablar. Se acercaba el fin del ciclo; poco después seguiría su tercer cumpleaños, ya era hora de que pudiera hacerlo sin chistar.\n        Así que se llevó a Stolas; aún sentado en su larga capa como lo había hecho todo el día, a su estudio. Stolas dio un pequeño salto para fingir que había caminado, y Paimon lo subió a su escritorio como subes a un animal; o a una planta. Respiró hondo y comenzó:\n        —Pa-i-mon. —Le decía a Stolas lentamente—. Dilo, Pa-i-mon.\n        Stolas se quedaba en silencio y lo observaba carismáticamente, parecía que su juego con él lo había arrebatado de todo el miedo que hasta entonces había formado.\n        —PA-I-MON.\n        El pequeño seguía sin responderle, si acaso balbuceaba al ritmo del acento de su padre –lo más cercano que había estado a la idea del habla. Así como Paimon había mencionado a Crocell; Stolas parecía negarse a hablar si no había nada bueno que decir.\n        Un tanto molesto incluso bajó la dificultad:\n        —Paaa- —Decía Paimon, alargando la vocal—.\n        Ni una palabra. Stolas ya estaba más interesado en los libros y artilugios en el escritorio de su padre que en su padre en sí, estirándose y tratando de agarrar todo lo que podía alcanzar.\n        Y Paimon le quitaba una y otra vez las cosas; la pluma, el tintero, etc.\n        —Habla! —Le gritaba enfurecido, golpeando su puño contra la mesa—.\n        Stolas de inmediato se llenó de miedo hacia su padre nuevamente. Quiso saltar, pero al ya no tener la ayuda de la magia de su padre solo pudo hacer su peso hacia atrás, casi callándose de espaldas de no ser por una lampara detrás de él.\n        —Eres un inútil. —Paimon no dejaba de insultarle—.\n        Al pasar de los intentos Paimon perdía la paciencia y gritaba aún más al pobre Stolas; que a la par que los gritos aumentaban, su miedo crecía y menos ruido hacía –y por lo tanto menos obedecía. Cuando Paimon parecía llegar al punto más alto de su rabia, Stolas estaba cohibido y se abrazaba a sí mismo, su cabeza inclinada hacia abajo, pero sus ojos viendo hacía su padre.\n        Entonces Paimon tomó aire y volviendo a su tono tranquilo se levantó y se preparó para abandonar la habitación. Paimon había tratado con varias palabras, que él consideraba más fáciles de decir o ciertamente imposible de decirlas mal; así que cuando se marchaba dejó a Stolas sobre su escritorio, quien conforme su padre se alejaba; dejaba su posición defensiva y volvía a estirar su cuerpecito. Pero nunca sin dejarle de ver.\n        —Si quieres bajar de allí, tendrás que pedirlo. —Paimon dijo al cruzar la puerta y cerrarla detrás de él.\n        Convenientemente un sirviente iba cruzando el pasillo y vio la escena llevarse a cabo, por lo que redobló su paso tan pronto entendió el contexto de la situación. Para su suerte Paimon parecía haberle ignorado pues no le amenazó ni habló en general después de cerrar la puerta.\n        El sirviente, un imp de piel mitad roja mitad blanca, que lo dividía de forma vertical perfectamente en dos partes iguales, pelo blanco recortado y bien arreglado además de cuernos negros pequeños. Tan pronto salió del campo de visión del rey, corrió a ver a la reina; sabía que no podía sacarlo sin molestar a Paimon, pero sabía que ella podría al menos persuadirlo –o en todo caso, desafiarlo.\n        —Su alteza! —El imp imploraba la atención de Octavia—. Hay algo que debe saber respecto al príncipe.\n        Octavia estaba arreglando las plantas del jardín trasero, algo que normalmente hacía con Stolas para entretenerlo. Tan pronto escuchó que algo le sucedía a su hijo no dudó en dejar lo que hacía.\n        —¡¿Qué sucede con Stolas?!\n        —Su alteza, por favor le ruego discreción. —Le murmuraba agachando la cabeza—. Vi a su alteza; el rey, encerrar al príncipe Stolas en su estudio. Al parecer-\n        No pudo terminar de explicar la situación cuando Octavia ya estaba de pie y en marcha. El sirviente le seguía implorando que no fuera tan indiscreta pues lo delataría de inmediato y temía por la ira del rey –pero Octavia ya tenía esto en mente por cuenta propia, debía caminar en todas direcciones del palacio hasta dar con Paimon o con su hijo. Lamentablemente para su fortuna; pasó la primera, viendo a su marido, el imp rápidamente se retiró sin dejar rastro. Contener la rabia fue realmente su reto más difícil en ese momento.\n        —¿Y Stolas?\n        —No es de tu incumbencia.\n        —Es mi hijo, eso lo hace de mi incumbencia.\n        —Lo verás cuando esté listo.\n        Octavia no aceptaba un no por respuesta, y mostrando poco a poco su humor real, siguió caminando a paso veloz.\n        Abriendo puerta tras puerta de varias habitaciones le hacía parecer que lo buscaba; pero sabía bien a donde dirigirse y como no dejar a Paimon sospechar nada.\n        —¡Te prohibí interactuar con el niño, y cumplirás esa orden!\n        Ella se negaba a responder, caminando cada vez más deprisa hasta llegar al estudio de Paimon.\n        Los pasos veloces de Octavia hacia la puerta poco a poco alertaban al pequeño, que como si fuera un sexto sentido; ya podía discernir que quien corría era su madre.\n        Todo el tiempo que estuvo solo no se había movido ni un centímetro de su lugar y hasta comenzaba a preocuparse de que nadie lo rescatara de allí, pero sentir a su madre acercarse provocó en él un impulso de valentía equivalente a la del caballero más bizarro de la corte del Rey Arturo o del ejército de Alejandro Magno, gateando de inmediato hacía la silla de Paimon (dando algo así a un salto de fe) y de allí al suelo.\n        Claro que, al ser un pequeño, ambos movimientos fueron recibidos con un golpe; y al segundo le fue imposible no llorar, y esto fue la motivación final que necesitaba Octavia para abrir la puerta y rescatarle de inmediato.\n        —¡Eres un bárbaro desgraciado! —Octavia le gritaba mientras corría para cargar a Stolas en sus brazos—. ¿Qué clase de padre hace esto?\n        —La excusa que llamas hijo no puede ni decir su nombre, aunque su vida dependiera de ello. —Paimon respondía molesto—. Menos con una madre que le solapa todo.\n        Octavia ni se molestó en contestarle, dedicando mejor su concentración a los llantos de su hijo; tratando de calmarlo como fuera posible, pero nada funcionaba. Así como perdía las esperanzas de reconfortarlo, intentaba otras formas de hacerlo sentir seguro; como pegarlo a su pecho y abrazarlo.\n        Paimon se encontraba cada vez más furioso con respecto a Octavia, estaba seguro de que era esa actitud protectora lo que frenaba el crecimiento del niño. Por lo que solo le quedaba recurrir a la intimidación.\n        Sin titubearlo un segundo y en un acto violento digno de él, le arrebató al niño de sus brazos; intensificando los gritos del pequeño, y terminando de invocar la ira de su esposa.\n        —¡Suelta a Stolas! —Le ordenaba Octavia—.\n        Paimon; mientras cargaba de las ropas al niño, con su mano libre abofeteó a Octavia con fuerza.\n        —Bastante has interrumpido e ignorado mis órdenes. —Le refutaba—.\n        Listo para dar a entender su mensaje; y mientras Octavia se reponía del primer asalto, al tomo del cuello –comenzando a ahorcarla y levantarla del mismo cuello.\n        —Ahora escogerás, ¿Él o tu? —Le amenazaba mientras alzaba a Stolas tan alto como lo permitía su mano—.\n        Los llantos de Stolas no paraban durante toda la discusión y el pánico de Octavia por evitar que su hijo sufriera algún daño eran más fuertes que su rebeldía, tan pronto pudo negociar su bienestar por el de él no dudó en aceptar el trato.\n        No hizo falta que respondiera a la pregunta tampoco, dejando su cuerpo soltarse le comunicaba su decisión.\n        Con una risa macabra que apenas y se pudo escuchar, la soltó. Stolas que seguía suspendido en el aire trataba de alcanzarla estirando sus brazos, pero sin éxito alguno. Paimon entonces lo acercó por su propia cuenta a ella y dictaminó su última regla:\n        —Vuelves a poner tus manos en él y será su fin. —Luego se dirigió a Stolas directamente—. Esto es lo que pasa a quien no sigue mis ordenes, mocoso.\n        Stolas estaba aterrado mientras Octavia trataba de no mirar a su hijo a los ojos, con el temor de que el contacto visual fuera suficiente excusa para provocar a Paimon.\n        Y mientras él se lo llevaba, Octavia simplemente se quedaba de rodillas en el suelo; pensando cómo es que todo había acabado tan mal.\n        \n        ***\n        \n        El resto de la noche Stolas lo pasó con Rym, quien también fue amenazada de si quiera informarle a Octavia del estado del niño. Y Paimon pasó esa noche y las demás solo en su habitación –Octavia no volvería a dormir a su lado a partir de ese momento.\n        En esa época ciertamente existían los divorcios, pero eran tan mal vistos y una vergüenza total para cualquier parte envuelta en la situación; pero ciertamente se llegaban a suscitar casos donde era más que inevitable. La única forma en la que se podía llevar a cabo esta separación sin ser ceremonial era el hecho de vivir sus vidas tan separados como fuese posible; Octavia dejando de dormir al lado de Paimon sería el mejor ejemplo de esto. Octavia se había divorciado de Paimon si acaso de palabra; pero nunca de manera oficial.\n        Para empeorar las cosas, divorciarse solo daría una excusa más a Paimon para alejarla de Stolas o deshacerse de él por completo pues se quedaría a cargo de él de manera total y ella perdería toda oportunidad de intervenir.\n        Además del estigma social; que perjudicaba más a la mujer que al hombre al igual que a sus familias, dándole la imagen de mujer defectuosa o problemática.\n        Cualquiera en su situación sabía que lo mejor para los dos; y para el niño, era conservar el matrimonio, por más cruel que este fuera.\n        Esta separación también era visible en otros ámbitos, como al comer –dónde Octavia se sentaba hasta el otro lado de la mesa; lejos de los dos, o en el cuarto del trono con Stolas sentado a la derecha de su padre.\n        Las apariciones públicas fueron la única excepción por los meses siguientes (pues esto se había ido para largo), precisamente por las razones que acabo de explicar. Pero aun así podías ver ciertas señales que anunciaban que algo andaba mal.\n        La mirada de Octavia, el ahora fúnebre silencio de Stolas y la firmeza de Paimon a la hora de caminar.\n        Esto y más demostraban una imagen de la familia que ni los mismos plebeyos estaban acostumbrados.\n        De alguna forma, todos comenzaban a suponer que algo estaba por terminar muy mal.\n","writing_bbcode_parsed":"<span style='word-wrap: break-word;'>Rituales de sangre y vida<br /><br /><br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon; que tuvo que esperar hasta que se confirmara la venida de un nuevo posible heredero, se volv&iacute;a impaciente con cada una de estas noches &ndash;alguien que normalmente era sereno y pod&iacute;a tomar su tiempo para actuar y que reconoc&iacute;a la eternidad como un concepto, m&aacute;s que como una unidad m&eacute;trica, no pod&iacute;a esperar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&Eacute;l sab&iacute;a bien de su propia fuerza, de su propio poder &ndash;pero conocer tu fortaleza es tambi&eacute;n reconocer tus debilidades y saber que incluso en la inmortalidad existen limitantes. Y para combatir esas debilidades era que necesitaba de un verdadero heredero, Stolas; claro, era la primera opci&oacute;n que se present&oacute;, pero con el lento progreso que ve&iacute;a en &eacute;l y las altas expectativas que pon&iacute;a en sus hombros &ndash;se ve&iacute;a a s&iacute; mismo en la necesidad de tener que intentarlo de nuevo, asegurarse de que detr&aacute;s de &eacute;l hubiera alguien digno. Y deb&iacute;a conseguirlo antes de que Octavia lo traicionara &ndash;si es que de verdad pensaba hacerlo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; Paimon le procur&oacute; a Octavia durante todo ese tiempo. Casi parec&iacute;a que, si se lo propon&iacute;a, pod&iacute;a ser un maravilloso esposo y excelente padre &ndash;pero despu&eacute;s de tantos intentos, ya no enga&ntilde;aba a nadie en el palacio, y era simplemente asegurar que lo que sea que naciese de ese vientre, estuviese en las mejores condiciones &ndash;nada m&aacute;s.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente, el momento lleg&oacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De acuerdo a la cultura demoniaca, el nacimiento de un demonio de la realeza ameritaba fiesta, reuni&oacute;n y felicitaciones por doquier; toda una ceremonia llena de regalos y diversi&oacute;n, la esperanza de un futuro l&iacute;der que con gran poder trajera orgullo a los dem&aacute;s y llevara el nombre del infierno en la sangre, si no era antes, entonces durante, o despu&eacute;s del embarazo uno llevar&iacute;a a cabo esta fiesta &ndash;era curioso ver entonces a Paimon tomar todo con m&aacute;ximo secreto mientras las parteras ayudaban a Octavia con su nuevo huevo. Como si de un crimen se tratara, juzgando en todo momento las acciones de todos en aquel lugar, incluso a la madre que sufr&iacute;a la peor parte &ndash;como si no tuviera permitido el dolor y debiera llevar su tarea con orgullo y honor, como si fuera su responsabilidad cumplir con expectativas vanas fuera de su control.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem&aacute;s, la vida de un nuevo ser siempre ha sido motivo de felicidad, incluso en la adversidad se ve una y otra vez los efectos embellecedores de un nuevo amanecer; guerras terminando incluso a ra&iacute;z del nacimiento de un nuevo rey. Pero ni en la mirada de Octavia ni la de Paimon hab&iacute;a muestras de sentimientos positivos; o sentimientos en general. Solo una madre desolada y un padre desinteresado mientras imps limpiaban un huevo que parec&iacute;a no existir para nadie de los que estaban all&iacute;. El padre sin molestarse en cerciorar su estado o consolar a su mujer, y la madre neg&aacute;ndose el placer de sostener en sus brazos lo que en su vientre tanto tiempo hab&iacute;a estado. Todav&iacute;a no hab&iacute;a quien para juzgar y ya parec&iacute;an ambos estar decepcionados.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Solo quedaba pensar que podr&iacute;a causar tal desprecio, que debi&oacute; haber pasado para descartar las cartas que a&uacute;n no se han jugado. O era tal vez el hecho de que las cartas servidas, estaban a&uacute;n esperando ser volteadas por su jugador.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si acaso el peque&ntilde;o Stolas; que se hab&iacute;a despertado por los gritos y esc&aacute;ndalos &ndash;lograba mostrarse con la m&aacute;s ligera curiosidad. Preocupado nuevamente por los lamentos de su madre. A&uacute;n sin entender el contexto de su alrededor; su instinto era puro y sincero en la intenci&oacute;n de cuidar de su madre como ella hab&iacute;a cuidado de &eacute;l, y su coraz&oacute;n palpitaba en pena y dolor al no saber que hacer.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Est&aacute; listo el huevo? &mdash;Preguntaba Paimon&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos los presentes estaban en silencio, como si eso respondiera la pregunta &ndash;incluso Octavia; quien hab&iacute;a pasado por todo, se negaba a responder.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Entonces ll&eacute;venlo al trono.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho esto, Paimon comenz&oacute; a alistarse, vistiendo sus hermosas prendas de costumbre &ndash;mientras Octavia se resignaba a descansar mientras los sirvientes se llevaban el huevo del lugar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y mientras la mirada de Paimon era seria e inquebrantable, la de Octavia poco a poco se fracturaba en la lucha contra el llanto &ndash;esperando que quiz&aacute; el sue&ntilde;o la escondiese de tan cruel sentimiento. Pero era una batalla perdida, por m&aacute;s que la intentase ganar; pues al final sab&iacute;a que fuese cual fuese el resultado por venir, la pesadilla que una vez pens&oacute; se hab&iacute;a acabado, volv&iacute;a desde la tumba para recuperar su lugar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cuarto del trono era entonces alistado a &oacute;rdenes del rey.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ventanas cerradas, la luz de las velas siendo la &uacute;nica iluminaci&oacute;n, y en el centro yac&iacute;a el huevo esperando sobre un hermoso coj&iacute;n que a su vez estaba sobre un peque&ntilde;o altar. Por todas partes pod&iacute;as ver grabado el sello de Paimon &ndash;incluso en el suelo, donde el m&aacute;s grande de todos se encontraba.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin poder discernir palabras, se escuchaba el susurro de un canto espiritual y como si fuera una flauta; se pod&iacute;a escuchar al viento soplar por de entre las bisagras de los vitrales. Esto continu&oacute; hasta que Paimon envolvi&oacute; a todos con su presencia. Entonces todo se volvi&oacute; silencio.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Est&aacute; listo su alteza. &mdash;Con una reverencia le informaba el mayordomo&mdash;. Cuando de la orden.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin pensarlo un instante Paimon dio la se&ntilde;al de inicio y todos salieron del lugar excepto por &eacute;l, y la poca iluminaci&oacute;n que brindaban las velas desaparec&iacute;a como si esta tambi&eacute;n tuviese prohibido ser testigo del ritual.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora es donde dependo de tu imaginaci&oacute;n, de tu habilidad de ver en la obscuridad. Imagina la figura de Paimon transformarse en una versi&oacute;n m&aacute;s oscura de s&iacute; mismo, donde el brillo de sus ojos se vuelve prominente y m&aacute;s intenso &ndash;pero que a pesar de este brillo todo es a&uacute;n invisible. Trata de observar los sellos brillar y moverse contra las manecillas del reloj mientras uno m&aacute;s aparece en la superficie del cascaron. Las cortinas bailar con un viento que no existe y el calor aumentar a ra&iacute;z de un fuego falso.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando tengas todo esto en tu percepci&oacute;n entonces elim&iacute;nalo y vuelve a la normalidad pues el ritual ha tenido lugar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora que la vista vuelve a nuestros ojos tomemos nota de las cortinas que vuelven a la calma, de las velas volverse a iluminar; de las ventanas abrirse y la luz del sol volver a entrar &ndash;mientras que Paimon se retira dejando el huevo atr&aacute;s, siendo consumido por ceniza; dejando nada en su lugar. Excepto por la mirada decepcionada y molesta de un se&ntilde;or de la oscuridad.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo &uacute;nico que sigui&oacute; fue a los sirvientes limpiando, dejando todo como lo encontraron &ndash;sin compartir palabras u opiniones, parec&iacute;an acostumbrados a lo que acaba de pasar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero hay algo m&aacute;s all&aacute;, la inevitable uni&oacute;n entre la madre y su creatura, una uni&oacute;n que nada puede cortar hasta que la muerte a alguno de los dos alcanza. Y quien vive despu&eacute;s de esta muerte lo sabe y lo siente &ndash;y as&iacute; es el caso de Octavia que sin estar presente ni enterada; pod&iacute;a percibir la conclusi&oacute;n. El resultado del ritual.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Otro fracaso, como tu excusa de hijo. &mdash;Reclamaba Paimon, azotando la puerta detr&aacute;s de &eacute;l&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Stolas tambi&eacute;n es tu hijo. &mdash;Octavia le respond&iacute;a a&uacute;n recostada&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En su cara se ve&iacute;a el dolor del parto, el dolor de la despedida de la vida que no pudo ser, y el dolor de la confusi&oacute;n entre el sentirse aliviada de que todo hab&iacute;a terminado por ahora; o el miedo de que en cualquier momento podr&iacute;a volver a suceder &ndash;y que tal vez, y solo tal vez, el resultado sea distinto.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon se ve&iacute;a insultado por el comentario de Octavia &ndash;vi&eacute;ndola a los ojos con un porte de incredulidad, entendiendo su comentario como una forma de decir que en parte o en totalidad; no era culpa de ella. Ella era la madre, era su trabajo que su hijo estuviera a la mayor altura en todo momento. Para Paimon no hab&iacute;a tiempo para cosas fr&iacute;volas como la inocencia o la ni&ntilde;ez &ndash;si en cualquier momento deb&iacute;a tomar su lugar, ten&iacute;a que estar listo para hacerse cargo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Octavia era completamente lo opuesto, amaba a su hijo tal y como era, con su inocencia y su simplicidad &ndash;peleaba por que Stolas tuviera estos lujos como una consecuencia de que ella nunca los tuvo. Sab&iacute;a que Stolas era m&aacute;s que capaz de tomar el mando cuando creciera y confiaba en su potencial.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Y es por eso que deber&iacute;a parecerlo. &mdash;Paimon respond&iacute;a insultado&mdash;. Pero en cambio tengo un ni&ntilde;o que no sabe hablar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Es un ni&ntilde;o. Se parece a lo que un ni&ntilde;o parece. &mdash;Octavia sonaba cada vez m&aacute;s molesta&mdash;. Si Lucifer nos pidi&oacute; ser virtuosos, te recuerdo que la paciencia es una de las principales virtudes.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iexcl;Mujer insolente!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon se preparaba para dar una bofeteada a Octavia, pero se detuvo en el &uacute;ltimo momento, donde su mano alcanzaba el punto m&aacute;s alto en el aire antes de caer y asestar el golpe &ndash;quedando suspendida en el aire mientras ambos se ve&iacute;an fijamente a los ojos, tratando de penetrar al otro con su sola mirada, la ira de los dos luchando ferozmente por mostrarse superior. Quiz&aacute; fue que Octavia hiri&oacute; su orgullo, o tal vez hubo otra raz&oacute;n para tan repentino cambio de coraz&oacute;n en el rey (si es que tiene uno), pero finalmente el golpe nunca conect&oacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El silencio entonces qued&oacute; a cargo de la escena mientras Paimon recuperaba su compostura y ocultaba sus manos dentro de su capa como era su costumbre.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;No s&eacute; qu&eacute; es lo que intentas hacer con &eacute;l, pero a partir de ahora estar&aacute; a mi cargo. &mdash;Concluy&oacute; Paimon&mdash;.&nbsp;&nbsp;Si resulta ser una causa perdida, m&aacute;s vale est&eacute;s lista para entonces.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon se retiraba de la habitaci&oacute;n. Ya de inmediato pensaba en como &eacute;l lidiar&iacute;a con la crianza del pr&iacute;ncipe, insatisfecho con los &ldquo;resultados&rdquo; del trabajo de Octavia; pareciendo m&aacute;s bien sabotaje a su legado &ndash;que crianza.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Y seguir&eacute; d&aacute;ndote fracaso tras fracaso. &mdash;Octavia parec&iacute;a rendirse mientras su voz cambiaba de un tono agresivo a uno defensivo entre palabras&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon, insatisfecho con darle la &uacute;ltima palabra; la amenaz&oacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Entonces buscare quien me de lo que deseo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &iquest;Tus concubinas? &iquest;El hijo del rey Paimon; un bastardo?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El comentario de Octavia termin&oacute; de encender la flama de la ira en Paimon, quien azotaba la puerta detr&aacute;s de &eacute;l; y tal vez como una muestra visual de la iron&iacute;a, se dirigi&oacute; a el ala del palacio donde viv&iacute;an las concubinas.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de que para la &eacute;poca; para la sociedad, y la realeza demoniaca de ese momento un harem no era mal visto &ndash;e incluso era influenciado en su funcionamiento por las mismas reglas que aplicaban en la tierra (e incluso usando a estas mujeres como moneda), Paimon optaba por la discreci&oacute;n, inspirado por &eacute;l orden y control del imperio Otomano, y por lo tanto tomaba influencias de este y adaptaba las reglas a su conveniencia (Por dar un ejemplo, mientras el sult&aacute;n Otomano no ten&iacute;a problemas en usar este edificio para eventos reales, o algunas fiestas, Paimon lo limitaba solamente al uso de su placer).<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A las concubinas les prohib&iacute;a el salir de sus aposentos, limitando quienes pod&iacute;an acceder a esta &aacute;rea, e incluso llen&aacute;ndolas de caprichos con la regla de conservar su lealtad y obediencia. Les ofrec&iacute;a sabidur&iacute;a acad&eacute;mica e incluso la oportunidad de &ldquo;renunciar&rdquo; a su posici&oacute;n, pero el miedo a su ira y su poder, adem&aacute;s de la ambici&oacute;n natural de estas creaturas por las riquezas causaban un efecto esperado &ndash;nadie se atrev&iacute;a a escapar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Incluso llegar al harem era total discreci&oacute;n, siendo este un segundo palacio unido al principal por calles y callejones que de la misma forma aparentaban ser caminos comunes y corrientes, transitados y usados por el pueblo; sin saber que inadvertidamente cruzaban por territorio real.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi&eacute;n la seguridad; aunque parte de la guardia real, se vest&iacute;a como guardia com&uacute;n en af&aacute;n de mantener la fachada &ndash;y Paimon ocultaba su identidad con metamorfosis si as&iacute; lo requer&iacute;a. Por donde lo vieras, hab&iacute;a una mentira y una ilusi&oacute;n cubriendo dicha mentira en lo que era su camino a este lugar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo &uacute;nico que no pasaba desapercibido era la arquitectura como tal, pero en un c&iacute;rculo donde todo se ve&iacute;a provenir de riquezas; ocultarse a plena vista no era de lo m&aacute;s dif&iacute;cil. Permitiendo as&iacute; completar la fachada.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por dentro, el harem era tan organizado como el palacio, con la sala principal salud&aacute;ndote al llegar. Sillones a los lados en un piso elevado, en el centro un jarr&oacute;n decorativo y en las esquinas dos puertas; una de cada lado, llevando a nuevos corredores repletos de misterio y discreci&oacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El corredor izquierdo te llevaba a los ba&ntilde;os y la piscina, mientras el derecho te llevaba a cada alcoba de cada una de estas mujeres, una seguida de la otra como un establo ordena los cub&iacute;culos de sus caballos. Finalmente, ambos caminos conectaban en una habitaci&oacute;n del mismo tama&ntilde;o que la sala principal pero donde solo hab&iacute;a una gran cama y la m&aacute;s hermosa decoraci&oacute;n. Si todo el lugar desbordaba estatus y riquezas, este cuarto lo hac&iacute;a lucir como un humilde hostal, solamente comparable con el palacio principal &ndash;claro, estoy hablando de la habitaci&oacute;n de Paimon para disfrutar de estas mujeres a capricho y decisi&oacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Patra.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La voz de Paimon decir este nombre al entrar era regla suficiente. Patra era una s&uacute;cubo. De aspecto no muy distinto al de los imps; las s&uacute;cubo y los &iacute;ncubos son creaturas de apariencia semihumana. A diferencia de los imps, estas creaturas conservaron sus alas, pero, igual que con los imps &ndash;su uso era casi nulo despu&eacute;s de la guerra. Por esto sus alas eran relativamente peque&ntilde;as; diminutas incluso, si se les compara con lo que sol&iacute;an ser.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem&aacute;s, sus cuernos eran distintos, a diferencia de los imps estos pod&iacute;an variar de muchas m&aacute;s formas, adem&aacute;s de que normalmente conservaban el color de la piel de este. Si su piel era rosa, los cuernos ser&iacute;an rosas, por ejemplo. En otros casos tendr&iacute;an marcas negras, o en otros, completamente negros. Tambi&eacute;n variaba un cuerno del otro; los dos pod&iacute;an ser sim&eacute;tricos y del mismo color, o uno pod&iacute;a ser m&aacute;s grande que el otro, uno negro y otro del color de su piel, etc.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Podr&iacute;amos decir que estas creaturas eran de las m&aacute;s ca&oacute;ticas a la hora de describirlas y era imposible generalizarlas. Si un d&iacute;a est&aacute;s por el infierno, te recomendar&iacute;a leer &ldquo;Los Encuentros Oscuros: Relatos de S&uacute;cubos e &Iacute;ncubos&rdquo; de Giacomo Casanova. Como fue en vida, como fue en el infierno &ndash;sol&iacute;an decir de &eacute;l antes de que fuera asesinado en el c&iacute;rculo del infierno a manos del mism&iacute;simo Asmodeus; que a pesar de adorar ver a condenados sucumbir a sus placeres, dej&oacute; muy en claro que hab&iacute;a l&iacute;mites a lo que pod&iacute;as joder con &eacute;l.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Patra de hecho es mencionada en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n y la describe como lo har&eacute; yo ahora: &laquo;Una mujer que la palabra hermosa no alcanza a cubrir ni la m&aacute;s peque&ntilde;a fibra de su cabello seductor; que con un olor exquisito cautiva tu sentido del olfato y lo arrebata para quedarse con &eacute;l.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo en ella suave como las telas m&aacute;s finas de As&iacute;a, su cabello negro y cuerpo de un rosa cenizo sobrecargan tu sistema nervioso (c&oacute;mo si a&uacute;n tuvi&eacute;semos uno) hasta apagarlo, robando tambi&eacute;n el tacto.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su voz es tan suave y seductora que calman tu coraz&oacute;n a la vez que lo aceleran; si es que eso es posible. Su tonada tan penetrante como su mirada que arrebata el sentido del o&iacute;do y quedas sordo a todo lo que no sea su encantador canto.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su cuerpo perfecto, exactamente como a m&iacute; me gusta; y te lo dice un hombre que de toda mujer disfrut&oacute; en su vida &ndash;era como un mill&oacute;n de cuerpos en uno solo y pod&iacute;a haber incluso m&aacute;s. Imagina a la mujer m&aacute;s bella y multipl&iacute;calo por miles &ndash;y qu&eacute;date con esa imagen pues ya para entonces tambi&eacute;n habr&aacute; robado tu vista.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gusto lo pierdes al final; cuando ya est&aacute;s en sus encantos y te besa con esos labios sabor a miel. Lo &uacute;ltimo que saborearas en tu vida, o en mi caso la eternidad. &iexcl;Agradecer&iacute;a a Dios por esta maravillosa oportunidad, pero ser&iacute;a pecar! &iexcl;Maldici&oacute;n si es que estamos en el infierno qu&eacute; m&aacute;s da, gracias, Dios por esta mujer hermosamente mortal!&raquo;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Patra era sin lugar a dudas la s&uacute;cubo entre las s&uacute;cubo y en el harem de Paimon era la principal y un tanto su protegida &ndash;pues la libraba de todas las responsabilidades de satisfacerle, adem&aacute;s de dejarla a cargo del harem como tal. Su vestimenta alud&iacute;a a su posici&oacute;n al ser de la m&aacute;s alta calidad y much&iacute;simo m&aacute;s ostentosa a comparaci&oacute;n de lo que una concubina traer&iacute;a normalmente. O al menos en el sistema que manejaba Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Alteza.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Respond&iacute;a Patra mientras hac&iacute;a su reverencia y marchaba al ala habitacional, avisando a las dem&aacute;s; que el amo acababa de llegar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando lleg&oacute; Paimon a su alcoba, ya estaban sus otras cinco mujeres y Patra.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Para usted, mi se&ntilde;or. &mdash;Patra hac&iacute;a una referencia y extend&iacute;a sus manos&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mostrando a las dem&aacute;s; como un vendedor muestra su tienda a la gente que ve&iacute;a pasar, para despu&eacute;s retirarse de los aposentos, dejando a las dem&aacute;s con su rey.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De izquierda a derecha ten&iacute;as 3 hellhounds, una chica imp, y otra que parec&iacute;a una mescla de imp y s&uacute;cubo. En el mismo orden sus nombres eran Livia, Cornelia, Faria, Mella y Mirra.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Livia era de pelaje blanco como la primera nieve del invierno, como todos los de su especie, sus corneas eran rojas como la sangre fresca y sus ojos blancos con negras pupilas &ndash;de las 5 la m&aacute;s alta, parec&iacute;a pertenecer a una especie de lobo invernal; sus orejas eran largas y puntiagudas y su pelo largo y hermoso, llegando a su cintura por detr&aacute;s y cubriendo la mitad de su rostro por enfrente. Su cola era peluda y parec&iacute;a ser una nube suave y esponjosa. Su cuerpo como el reloj de arena, sus senos peque&ntilde;os pero preciosos y trasero grande. A pesar de su estilo de vida en el harem de Paimon, era siempre positiva &ndash;quiz&aacute; por ser m&aacute;s joven que las dem&aacute;s.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelia ten&iacute;a el pelaje en todas las escalas de gris conocidas por el hombre y otras dos m&aacute;s. De figura un poco m&aacute;s ancha que la de Livia, pero m&aacute;s acentuada de sus pechos; parec&iacute;a que lo que faltaba a una lo ten&iacute;a la otra. Curioso cuando tomabas en cuenta lo cercanas que eran; incluso en este momento &ndash;que estaban una junto a la otra. A pesar de haber entrado al harem junto a Livia y Faria; era la menos experimentada pues desde un principio le aterrorizaba Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Faria era la menos alta de las 3; tambi&eacute;n su cuerpo era m&aacute;s conservador, algo que le causaba revuelo cuando era la mayor entre Livia y Cornelia &ndash;por lo que sol&iacute;a siempre estar a cierta distancia de las dos en un af&aacute;n de no ser molestada por las dem&aacute;s.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su pelaje era el mismo que el de un lobo mexicano, con tonos de caf&eacute; y sombras de negro y gris. Era casi imposible no confundirla con un coyote; m&aacute;s a&uacute;n cuando su personalidad era tan agresiva como la de uno.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mella, relativamente alta para la estatura promedio de los imps de la &eacute;poca, de cuernos peque&ntilde;os y rayados con piel de un rojo intenso. Tambi&eacute;n era de cuerpo conservador &ndash;pero no por eso menos sensual, sus ojos amarillos aparentaban ternura mientras que su cola roja; larga y puntiaguda, la mostraba violenta como un alacr&aacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mirra, quiz&aacute; la m&aacute;s descuidada de las cinco; el resultado de la noche de pasi&oacute;n entre un imp y una s&uacute;cubo. Por esto mismo era m&aacute;s alta que Mella, pero por su posici&oacute;n defensiva era un tanto obvio que era acostada por las dem&aacute;s. Sus proporciones eran las m&aacute;s grandes de todas y su figura la m&aacute;s atractiva &ndash;herencia de su madre. Su piel un tono entre rojo y rosa mexicano, con un cuerno rayado como el de un imp y el otro rosado como el de una s&uacute;cubo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todas vest&iacute;an igual, una tela ligera que apenas serv&iacute;a para cubrir el cuerpo desnudo. Cada una de un color distinto; rojo, azul, morado, blanco y negro.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Bienvenido, amo. &mdash;Todas dec&iacute;an al un&iacute;sono&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon se manten&iacute;a en silencio mientras con su magia se desnudaba frente a ellas &ndash;depositando su ropa en los brazos de Patra, quien se las llev&oacute; una vez hab&iacute;a terminado &eacute;l de desvestirse.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las cinco concubinas se apresuraron a acostarse con Paimon; Livia con actitud alegre y emocionada, Cornelia con un tanto de nerviosismo, Faria con una mirada m&aacute;s seria que las dem&aacute;s y as&iacute; sucesivamente, con ligeras risas de tonada infantil o gestos. A pesar de su adulta edad parec&iacute;an disfrutar de mostrar entre ellas y con &eacute;l, cierto aire de inocencia y sumisi&oacute;n &ndash;delatando placer de finalmente poder someterse a los caprichos de su se&ntilde;or.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Alteza. lo que desee, haremos por usted. &mdash;Livia dec&iacute;a seductora&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con la actitud m&aacute;s extrovertida de todas, fue la primera en abrazarse a Paimon &ndash;de su costado izquierdo, abraz&aacute;ndose contra &eacute;l mientras Mella se apoderaba del lado derecho.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Y lo que desee, puede hacer con nosotras. &mdash;Continuaba Mella&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon las observaba a los ojos con indiferencia, pero disfrutaba de admirar sus cuerpos, tenerlas encima era suficiente para excitarlo mientras ellas sin problema presionaban sus pechos contra &eacute;l. Cornelia, Faria y Mirra; que eran las menos asertivas del grupo, quedaban sentadas de rodillas en la cama &ndash;Faria y Mirra del lado derecho y Cornelia del izquierdo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Livia y Mella parec&iacute;an hacer todo el trabajo mientras besaban el cuello y las mejillas de Paimon, quien ocasionalmente volteaba a verlas para que besaran sus labios. Poco a poco Paimon ventilaba su rabieta de la ma&ntilde;ana rasgu&ntilde;&aacute;ndolas o apret&aacute;ndoles una nalga &ndash;a lo que ellas respond&iacute;an con suaves gemidos de placer, adem&aacute;s de un incontrolable meno de sus colas.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero para solo divertirse con ellas dos no era necesario haber llamado a todas; as&iacute; que no vio alternativa m&aacute;s que incitarlas a la acci&oacute;n &eacute;l mismo. Durante uno de los meneos de Livia; le tom&oacute; la cola por la ra&iacute;z y la jal&oacute; hacia si mismo &ndash;cosa que Livia reaccion&oacute; con un gemido que disfrazaba dolor.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El movimiento repentino la oblig&oacute; a menear un poco sus nalgas y flexionar sus piernas como una forma de reducir la intensidad de su molestia, algo que Paimon aprovech&oacute; para pasar sus dedos por sobre sus labios vaginales. Pasar del dolor al placer de nuevo comenzaba a encelar a Mella, Faria y Mirra, mientras que Cornelia segu&iacute;a inerte y a demostrar una pica de temor.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mella no tard&oacute; en actuar, recorriendo su delgada pero larga cola alrededor del brazo de Paimon &ndash;incit&aacute;ndolo a jalarla tambi&eacute;n. Pero la mirada de Paimon parec&iacute;a ahora fija en Cornelia, encelando a&uacute;n m&aacute;s a Mella.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu&eacute;s de pasar sus dedos por la entrepierna de Livia ya varias veces, Paimon habl&oacute;:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Cornelia, levanta la pata de tu hermana.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todas voltearon a ver a Cornelia mientras ella temerosa tomaba la pata de Livia, quien la miraba a los ojos y ella le devolv&iacute;a la mirada. Livia sab&iacute;a que su hermana era de todas la m&aacute;s miedosa y ayudaba a darle valor el verla a los ojos cuando pasaba algo a su alrededor que la aterrorizara.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Paimon insistir&iacute;a en jugar con ella un rato m&aacute;s.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;La mirada abajo, observa. &mdash;Le ordenaba&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco a poco ella obedec&iacute;a y miraba como Paimon le presentaba su hermana, con sus garras abriendo la vulva de Livia; quien conten&iacute;a sus quejidos (nuevamente en af&aacute;n de no asustar m&aacute;s a su hermana).<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Tengo a cinco de ustedes que atender, ay&uacute;dame con Livia.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelia comenzaba a titubear.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Debemos obedecer, hermana. &mdash;Con una voz dulce reafirmaba Livia&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al pasar de unos segundos y una fuerte toma de valor, obedeci&oacute; &ndash;practic&aacute;ndole sexo oral a su hermana y lamiendo los dedos mojados de Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Livia no quer&iacute;a sentir placer con esto, pero su cuerpo era m&aacute;s fuerte que ella e inevitablemente continuar&iacute;a gimiendo de placer con las caricias de Paimon y los juegos de lengua de su hermana mayor.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era poco com&uacute;n ver que la hermana menor fuera el soporte emocional, pero la vida que hab&iacute;an tenido antes de la seguridad del harem hab&iacute;a hecho que la inocencia de la menor fuera el resguardo de la mayor. Faria; que era la de en medio, cumpl&iacute;a con el clich&eacute; mejor que Cornelia, al ser m&aacute;s sobreprotectora &ndash;los celos que estaba sintiendo hasta ahora no era por querer tomar su lugar, si no por querer evitar que alg&uacute;n da&ntilde;o llegara a ella, prefiriendo tomar su puesto como forma de defesa.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mella y Mirra, que no ten&iacute;an ning&uacute;n pertenezco entre ellas o con las hellhound, solamente ve&iacute;an esto como muestra de inmadurez.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando finalmente Paimon se vio satisfecho con el acto, las dej&oacute; continuar mientras finalmente cumpl&iacute;a el capricho de Mella, jalando su cola &ndash;pero a diferencia de lo que hac&iacute;a con Livia, insertaba sus garras en su ano, haci&eacute;ndola gritar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Faria, ponte a lamer si no vas a hacer nada.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon ya sab&iacute;a que Faria estaba m&aacute;s preocupada por Cornelia que por hacer su trabajo, aunque tampoco era mala para hacerlo &ndash;aunque fuese necesario darle &oacute;rdenes directas para que no pareciera una simple estatua de marfil.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiz&aacute; era algo de los hellhound al tener un hocico largo y lenguas largas; adem&aacute;s de un aliento caliente peculiar, que hac&iacute;a que el sexo oral fuese una experiencia &uacute;nica para quien lo recibiera &ndash;y a Paimon le fascinaba.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final quedar&iacute;a Mirra observando mientras trataba de encontrar su lugar en la org&iacute;a &ndash;otra a la que Paimon adoraba atormentar; pues siendo una mezcla de raza, el complejo de inferioridad era siempre presente &ndash;pero con una de cada lado y con Faria entre sus piernas chup&aacute;ndole el pene, poco quedaba por hacer; lo que siempre le tocaba hacer.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin que Paimon diera la orden se subi&oacute; a &eacute;l y puso sus nalgas lo m&aacute;s cerca que pudo de su pene y el hocico de Faria. El trabajo de Faria pasar&iacute;a a ser: continuar con el sexo oral, pero haciendo ciertas pausas para que al soltarlo; su pene caer&iacute;a entre las nalgas de Mirra.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para cuando le tocara volverlo a meter en su boca, tendr&iacute;a que forzosamente quitarla de su camino. Lo que disfrutaba Mirra ser&iacute;a sentir la nariz h&uacute;meda de Faria que trataba de hacerla a un lado para recuperar el pene de Paimon y por consecuente, las caricias de la misma mientras Faria mov&iacute;a su boca de arriba para abajo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era como si jugara con las personalidades de cada una, abusando sus fortalezas y sus debilidades. Quiz&aacute; obten&iacute;a m&aacute;s placer al hacer eso que con el mismo sexo en s&iacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las primeras veces; era un pandem&oacute;nium, se criticaban unas a las otras mientras trataban de complacer al rey, y Paimon deb&iacute;a ser m&aacute;s violento para ense&ntilde;arles su lugar. Al poco tiempo y con la gu&iacute;a de Patra se obtendr&iacute;a el orden deseado &ndash;y Paimon poco se sal&iacute;a del guion que el mismo implement&oacute;; siendo estos casos cuando solo solicitaba a una, dos, o alguna combinaci&oacute;n de su antojo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si era las tres hermanas, era seguro que pondr&iacute;a a Cornelia a hacer algo humillante, a Faria la usaba para sustituir a Cornelia y siempre empezaba por Livia.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si eran Mella y Mirra, jugaba con Mella, pero empezaba con Mirra.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero sin importar la mezcla siempre inclu&iacute;a a Cornelia o a Mirra &ndash;cosa que las otras ve&iacute;an como si fuesen sus favoritas. Esto provocaba m&aacute;s de una ri&ntilde;a despu&eacute;s de sus visitas.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo mismo pasar&iacute;a m&aacute;s tarde, pues al dar la orden Faria dejar&iacute;a de actuar y obligar&iacute;a a Mirra a ser penetrada por Paimon; aunque obligar no era exactamente la palabra indicada cuando Mirra disfrutaba ser usada y Faria disfrutaba de usarla; con su supuesto favoritismo como excusa, la hac&iacute;a sentarse con fuerza o hacer que Paimon la penetrara de forma anal de forma repentina y luego volver a una penetraci&oacute;n vaginal &ndash;cualquier cosa que implicara fuerza, molestia o las dos; Faria estar&iacute;a a cargo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon tambi&eacute;n disfrutaba de fomentar esta falsa jerarqu&iacute;a, verlas desquitarse entre ellas o &ldquo;boicotearse&rdquo; era parte del placer para &eacute;l.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los gemidos de Mirra no se hac&iacute;an esperar tampoco, su cuerpo trabajaba con el de Faria de forma voluntaria mientras se tomaba de las garras de la hellhound; que m&aacute;s fuerza aplicaban contra ella mientras m&aacute;s lo disfrutaba, por consecuencia tambi&eacute;n disfrutando del dolor que ella le causaba.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelia, que su lengua se empezaba a secar de tanto lamer era qui&eacute;n segu&iacute;a tan pronto se detuviera a descansar; como una se&ntilde;al de Paimon para decirle que no pod&iacute;a detenerse hasta que el dijera. El ser arrebatada excitaba a Mirra, y Cornelia al ser penetrada apenas y pod&iacute;a gemir con la falta de aire y una lengua de fuera ya casi adormilada &ndash;pero su trabajo ser&iacute;a recompensado al recibir el primer orgasmo de Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De all&iacute; se quedar&iacute;an a ver mientras segu&iacute;a una luego de la otra. Mella, Faria y al final Livia, con quien durar&iacute;a m&aacute;s, pues al ya no tener a todas encima pod&iacute;a dedicarse m&aacute;s a jugar; disfrutaba de apretar sus nalgas y hostigarla con la sensibilidad de sus pezones, si el subtexto fuera visible; casi podr&iacute;as discernir la verdadera favorita del rey.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando se dio por satisfecho, Paimon les orden&oacute; irse a limpiar, y como castigo por no seguir su orden de inmediato &ndash;excluyo de esta indicaci&oacute;n a Cornelia, quien tendr&iacute;a que limpiarlo a &eacute;l. Nuevamente ella y Livia se vieron fijamente a los ojos mientras unas se iban a lavar y Cornelia segu&iacute;a a Paimon a su ba&ntilde;o personal.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se encuentra la reina, su majestad? &mdash;Preguntaba la joven mientras tallaba uno de los brazos de Paimon&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Ella est&aacute; bien.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Y el pr&iacute;ncipe?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;En perfecto estado. &mdash;Paimon sonaba un tanto molesto con un interrogatorio&mdash;. Pero creo que el estado de mi esposa e hijo no son de la incumbencia tuya. No olvides tu lugar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al finalizar la tarde y acercarse el anochecer, Paimon volvi&oacute; al palacio a descansar, e indicar a todos que a partir del d&iacute;a de ma&ntilde;ana estar&iacute;a a cargo del Pr&iacute;ncipe de manera personal. La pregunta de Cornelia le ten&iacute;a un tanto molesto de justamente lo que hab&iacute;a ido a olvidar; el ni&ntilde;o parec&iacute;a una deshonra; comparado con lo que &eacute;l quer&iacute;a que fuese.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Paimon no quer&iacute;a un hijo, quer&iacute;a un sustituto &ndash;y la espera para saber si ser&iacute;a digno era la peor parte y la que m&aacute;s le preocupaba al final.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Alteza Octavia, buenos d&iacute;as. &mdash;Dec&iacute;a Rym al o&iacute;r abrirse la puerta del cuarto de Stolas&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No pudo concluir sus buenos d&iacute;as cuando se percat&oacute; de que era Paimon quien entraba y no Octavia. A pesar de la orden dada; a&uacute;n se desconoc&iacute;a que tan involucrado estar&iacute;a &eacute;l &ndash;y por lo aparente, ser&iacute;a por completo suplantar a Octavia, dej&aacute;ndola dedicarse solamente a la burocracia que ya llevaba realizando todo este tiempo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Vengo por el ni&ntilde;o.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rym entreg&oacute; a Stolas en los brazos de Paimon, quien sorpresivamente sab&iacute;a perfectamente como cargar a un beb&eacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Stolas no se sent&iacute;a seguro en sus brazos, al contrario &ndash;en sus ojos hab&iacute;a miedo, inseguridad, y un instinto de querer huir. Cuando Paimon lo alz&oacute; para analizarlo detenidamente respecto a su estado f&iacute;sico; en vez de emocionarse como lo hac&iacute;a con su madre, no dejaba de ver al suelo y agitar sus pies pensando que le dejar&iacute;a caer.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Esto es rid&iacute;culo. &mdash;Se dec&iacute;a Paimon a s&iacute; mismo, usando su telekinesis para dejarlo en el suelo&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A todo esto, Rym quedaba observando, un tanto por su propio instinto protector hac&iacute;a el pr&iacute;ncipe y otro tanto por curiosidad y morbo al ver a su se&ntilde;or tomar la batuta &ndash;una vista que jam&aacute;s crey&oacute; llegar a tener.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Stolas toc&oacute; el suelo inmediatamente se puso en posici&oacute;n de gateo, pero con las garras de su pata, Paimon lo levant&oacute;, poni&eacute;ndolo de pie. Stolas nuevamente cay&oacute; al suelo y se coloc&oacute; en pose de gateo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto continu&oacute; por al menos 3 ocasiones, pues en esta &uacute;ltima Stolas no puso sus manos para detener su propia ca&iacute;da &ndash;golpeando el suelo con su pico y rompiendo en llanto, el cual dur&oacute; poco al darse cuenta &eacute;l de que su padre le ve&iacute;a con una mirada despectiva y de desprecio, pero sobre todo de decepci&oacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente, Rym se retir&oacute; pues no pod&iacute;a permitirse el ver al ni&ntilde;o pasar por semejante abuso y no tener m&aacute;s opci&oacute;n que no intervenir.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para el cuarto intento, fue el mismo Stolas quien se trat&oacute; de poner de pie, cayendo de nalgas y terminando con la paciencia de su padre; quien con su magia lo levanto perpetuamente lo suficiente para que siguiera de pie, pero no terminara nuevamente en el suelo &ndash;y a partir de all&iacute; sali&oacute; de su cuarto.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Caminar&aacute;s a la mesa si piensas comer. &mdash;Amenazaba Paimon al salir&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El peque&ntilde;o Stolas no entend&iacute;a la situaci&oacute;n en la que se encontraba, &eacute;l esperaba los brazos de su madre para que lo cargaran y mimaran; y que all&iacute; lo llevaran a desayunar como lo hab&iacute;an hecho los d&iacute;as anteriores. Incluso gradualmente fue aprendiendo un poco de la etiqueta usada en la mesa &ndash;principalmente no embarrarse la comida en la cara &iexcl;Pero era un avance!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora se ve&iacute;a a si mismo casi de pie, el hechizo de Paimon solamente ayud&aacute;ndole a conservar su equilibrio y soportar el peso que sus peque&ntilde;as patas no pod&iacute;an por cuenta propia. Y la figura de su padre desaparec&iacute;a, preocupando a Stolas a&uacute;n m&aacute;s mientras trataba instintivamente de alcanzarlo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como era de costumbre, Octavia; que hab&iacute;a madrugado para realizar sus tareas adecuadamente, ya esperaba en la mesa &ndash;y ve&iacute;a a Paimon con rencor.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Paimon no le importaba, m&aacute;s interesado en saber si Stolas llegar&iacute;a o no a la mesa.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Y Stolas? &mdash;Octavia preguntaba con molestia&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Si tiene hambre, debe de estar en camino.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavia sab&iacute;a perfectamente que sus patas eran a&uacute;n muy d&eacute;biles para soportar su peso y que de caminar lo har&iacute;a torpemente. La preocupaci&oacute;n la invadi&oacute; de inmediato oblig&aacute;ndola a levantarse r&aacute;pidamente. Para esto Paimon le orden&oacute; no hacer nada:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Mi regla est&aacute; en pie mujer. &mdash;Amenazaba&mdash;. No intervendr&aacute;s en su crecimiento.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en efecto, Stolas se mov&iacute;a torpemente hac&iacute;a adelante, durante toda la discusi&oacute;n apenas y se hab&iacute;a movido y Paimon pod&iacute;a observarlo casi de reojo. Decepcionado por tal demostraci&oacute;n de incompetencia le molestaba; y con se&ntilde;as, ordenaba que uno de los mayordomos fuese a recogerlo &ndash;traerlo a la mesa y lo sentara en su periquera.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era nuevamente la misma escena que al principio, Stolas sentado en una mesa donde Paimon no lo recib&iacute;a; y ahora el peque&ntilde;o pr&iacute;ncipe avergonzado, sin saber realmente porqu&eacute;. Bastaba sentir el rechazo de su padre para notarlo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mirada que ten&iacute;a Octavia hacia Paimon tambi&eacute;n pod&iacute;a sentirse con desd&eacute;n. Quer&iacute;a burlarse de &eacute;l o hacer alg&uacute;n comentario sarc&aacute;stico, pero su preocupaci&oacute;n por Stolas era mayor que todo su odio.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras tanto, Stolas com&iacute;a t&iacute;midamente bocado a bocado; observando a los dos entre uno y otro, con la esperanza de no ser corregido por su forma de tomar o morder su comida.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En definitiva, ninguno disfrut&oacute; de su desayuno esa ma&ntilde;ana.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al avanzar el d&iacute;a, Paimon segu&iacute;a tratando de hacer a Stolas caminar, oblig&aacute;ndolo a seguirle de un lado a otro mientras trabajaba. Stolas; que por simple necesidad aprendi&oacute; a ser astuto, descubri&oacute; que pod&iacute;a tirarse en la capa de su padre y ser llevado por &eacute;l. Su peso era tan insignificante comparado con la fuerza de su padre; y la magia que hab&iacute;a conjurado para levantarle, que era casi tan ligero como una pluma.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los sirvientes del palacio trataban de no re&iacute;r o avisar al rey de esto; de cierta forma tomando el lado de la reina y atesorando la inocencia del peque&ntilde;o. Los plebeyos u otros personajes que visitaban o ve&iacute;an de lejos a estos dos, inadvertidamente tomaban la misma postura del callar &ndash;pensando que de no hacerlo enojar&iacute;an a Paimon de alguna forma.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La fortuna de alguna forma hab&iacute;a tomado el lado del peque&ntilde;o, y su padre nunca lo not&oacute;. El dio la orden a Stolas de caminar y &eacute;l la estaba siguiendo; para lo que Paimon concertaba, la humillaci&oacute;n en la ma&ntilde;ana hab&iacute;a sido suficiente motivaci&oacute;n &ndash;y ahora Stolas le segu&iacute;a el ritmo sin chistar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En un momento Octavia tambi&eacute;n lo not&oacute;; ella fue la que m&aacute;s problemas tuvo para aguantar la carcajada, y ver su sonrisa de orgullo era suficiente para que Stolas se sintiera c&oacute;modo con lo que hac&iacute;a &ndash;como si de cierta forma su madre le estuviera dando permiso de su maldad.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al acercarse el atardecer, Paimon sent&iacute;a ya haber superado a Octavia con creces, pero a&uacute;n hab&iacute;a algo que le molestaba.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Stolas segu&iacute;a sin hablar. Se acercaba el fin del ciclo; poco despu&eacute;s seguir&iacute;a su tercer cumplea&ntilde;os, ya era hora de que pudiera hacerlo sin chistar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; que se llev&oacute; a Stolas; a&uacute;n sentado en su larga capa como lo hab&iacute;a hecho todo el d&iacute;a, a su estudio. Stolas dio un peque&ntilde;o salto para fingir que hab&iacute;a caminado, y Paimon lo subi&oacute; a su escritorio como subes a un animal; o a una planta. Respir&oacute; hondo y comenz&oacute;:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Pa-i-mon. &mdash;Le dec&iacute;a a Stolas lentamente&mdash;. Dilo, Pa-i-mon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Stolas se quedaba en silencio y lo observaba carism&aacute;ticamente, parec&iacute;a que su juego con &eacute;l lo hab&iacute;a arrebatado de todo el miedo que hasta entonces hab&iacute;a formado.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;PA-I-MON.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El peque&ntilde;o segu&iacute;a sin responderle, si acaso balbuceaba al ritmo del acento de su padre &ndash;lo m&aacute;s cercano que hab&iacute;a estado a la idea del habla. As&iacute; como Paimon hab&iacute;a mencionado a Crocell; Stolas parec&iacute;a negarse a hablar si no hab&iacute;a nada bueno que decir.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un tanto molesto incluso baj&oacute; la dificultad:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Paaa- &mdash;Dec&iacute;a Paimon, alargando la vocal&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni una palabra. Stolas ya estaba m&aacute;s interesado en los libros y artilugios en el escritorio de su padre que en su padre en s&iacute;, estir&aacute;ndose y tratando de agarrar todo lo que pod&iacute;a alcanzar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y Paimon le quitaba una y otra vez las cosas; la pluma, el tintero, etc.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Habla! &mdash;Le gritaba enfurecido, golpeando su pu&ntilde;o contra la mesa&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Stolas de inmediato se llen&oacute; de miedo hacia su padre nuevamente. Quiso saltar, pero al ya no tener la ayuda de la magia de su padre solo pudo hacer su peso hacia atr&aacute;s, casi call&aacute;ndose de espaldas de no ser por una lampara detr&aacute;s de &eacute;l.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Eres un in&uacute;til. &mdash;Paimon no dejaba de insultarle&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al pasar de los intentos Paimon perd&iacute;a la paciencia y gritaba a&uacute;n m&aacute;s al pobre Stolas; que a la par que los gritos aumentaban, su miedo crec&iacute;a y menos ruido hac&iacute;a &ndash;y por lo tanto menos obedec&iacute;a. Cuando Paimon parec&iacute;a llegar al punto m&aacute;s alto de su rabia, Stolas estaba cohibido y se abrazaba a s&iacute; mismo, su cabeza inclinada hacia abajo, pero sus ojos viendo hac&iacute;a su padre.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces Paimon tom&oacute; aire y volviendo a su tono tranquilo se levant&oacute; y se prepar&oacute; para abandonar la habitaci&oacute;n. Paimon hab&iacute;a tratado con varias palabras, que &eacute;l consideraba m&aacute;s f&aacute;ciles de decir o ciertamente imposible de decirlas mal; as&iacute; que cuando se marchaba dej&oacute; a Stolas sobre su escritorio, quien conforme su padre se alejaba; dejaba su posici&oacute;n defensiva y volv&iacute;a a estirar su cuerpecito. Pero nunca sin dejarle de ver.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Si quieres bajar de all&iacute;, tendr&aacute;s que pedirlo. &mdash;Paimon dijo al cruzar la puerta y cerrarla detr&aacute;s de &eacute;l.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Convenientemente un sirviente iba cruzando el pasillo y vio la escena llevarse a cabo, por lo que redobl&oacute; su paso tan pronto entendi&oacute; el contexto de la situaci&oacute;n. Para su suerte Paimon parec&iacute;a haberle ignorado pues no le amenaz&oacute; ni habl&oacute; en general despu&eacute;s de cerrar la puerta.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El sirviente, un imp de piel mitad roja mitad blanca, que lo divid&iacute;a de forma vertical perfectamente en dos partes iguales, pelo blanco recortado y bien arreglado adem&aacute;s de cuernos negros peque&ntilde;os. Tan pronto sali&oacute; del campo de visi&oacute;n del rey, corri&oacute; a ver a la reina; sab&iacute;a que no pod&iacute;a sacarlo sin molestar a Paimon, pero sab&iacute;a que ella podr&iacute;a al menos persuadirlo &ndash;o en todo caso, desafiarlo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Su alteza! &mdash;El imp imploraba la atenci&oacute;n de Octavia&mdash;. Hay algo que debe saber respecto al pr&iacute;ncipe.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavia estaba arreglando las plantas del jard&iacute;n trasero, algo que normalmente hac&iacute;a con Stolas para entretenerlo. Tan pronto escuch&oacute; que algo le suced&iacute;a a su hijo no dud&oacute; en dejar lo que hac&iacute;a.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iexcl;&iquest;Qu&eacute; sucede con Stolas?!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Su alteza, por favor le ruego discreci&oacute;n. &mdash;Le murmuraba agachando la cabeza&mdash;. Vi a su alteza; el rey, encerrar al pr&iacute;ncipe Stolas en su estudio. Al parecer-<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No pudo terminar de explicar la situaci&oacute;n cuando Octavia ya estaba de pie y en marcha. El sirviente le segu&iacute;a implorando que no fuera tan indiscreta pues lo delatar&iacute;a de inmediato y tem&iacute;a por la ira del rey &ndash;pero Octavia ya ten&iacute;a esto en mente por cuenta propia, deb&iacute;a caminar en todas direcciones del palacio hasta dar con Paimon o con su hijo. Lamentablemente para su fortuna; pas&oacute; la primera, viendo a su marido, el imp r&aacute;pidamente se retir&oacute; sin dejar rastro. Contener la rabia fue realmente su reto m&aacute;s dif&iacute;cil en ese momento.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iquest;Y Stolas?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;No es de tu incumbencia.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Es mi hijo, eso lo hace de mi incumbencia.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Lo ver&aacute;s cuando est&eacute; listo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavia no aceptaba un no por respuesta, y mostrando poco a poco su humor real, sigui&oacute; caminando a paso veloz.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abriendo puerta tras puerta de varias habitaciones le hac&iacute;a parecer que lo buscaba; pero sab&iacute;a bien a donde dirigirse y como no dejar a Paimon sospechar nada.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iexcl;Te prohib&iacute; interactuar con el ni&ntilde;o, y cumplir&aacute;s esa orden!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella se negaba a responder, caminando cada vez m&aacute;s deprisa hasta llegar al estudio de Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los pasos veloces de Octavia hacia la puerta poco a poco alertaban al peque&ntilde;o, que como si fuera un sexto sentido; ya pod&iacute;a discernir que quien corr&iacute;a era su madre.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo el tiempo que estuvo solo no se hab&iacute;a movido ni un cent&iacute;metro de su lugar y hasta comenzaba a preocuparse de que nadie lo rescatara de all&iacute;, pero sentir a su madre acercarse provoc&oacute; en &eacute;l un impulso de valent&iacute;a equivalente a la del caballero m&aacute;s bizarro de la corte del Rey Arturo o del ej&eacute;rcito de Alejandro Magno, gateando de inmediato hac&iacute;a la silla de Paimon (dando algo as&iacute; a un salto de fe) y de all&iacute; al suelo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Claro que, al ser un peque&ntilde;o, ambos movimientos fueron recibidos con un golpe; y al segundo le fue imposible no llorar, y esto fue la motivaci&oacute;n final que necesitaba Octavia para abrir la puerta y rescatarle de inmediato.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iexcl;Eres un b&aacute;rbaro desgraciado! &mdash;Octavia le gritaba mientras corr&iacute;a para cargar a Stolas en sus brazos&mdash;. &iquest;Qu&eacute; clase de padre hace esto?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;La excusa que llamas hijo no puede ni decir su nombre, aunque su vida dependiera de ello. &mdash;Paimon respond&iacute;a molesto&mdash;. Menos con una madre que le solapa todo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavia ni se molest&oacute; en contestarle, dedicando mejor su concentraci&oacute;n a los llantos de su hijo; tratando de calmarlo como fuera posible, pero nada funcionaba. As&iacute; como perd&iacute;a las esperanzas de reconfortarlo, intentaba otras formas de hacerlo sentir seguro; como pegarlo a su pecho y abrazarlo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon se encontraba cada vez m&aacute;s furioso con respecto a Octavia, estaba seguro de que era esa actitud protectora lo que frenaba el crecimiento del ni&ntilde;o. Por lo que solo le quedaba recurrir a la intimidaci&oacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin titubearlo un segundo y en un acto violento digno de &eacute;l, le arrebat&oacute; al ni&ntilde;o de sus brazos; intensificando los gritos del peque&ntilde;o, y terminando de invocar la ira de su esposa.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&iexcl;Suelta a Stolas! &mdash;Le ordenaba Octavia&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paimon; mientras cargaba de las ropas al ni&ntilde;o, con su mano libre abofete&oacute; a Octavia con fuerza.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Bastante has interrumpido e ignorado mis &oacute;rdenes. &mdash;Le refutaba&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Listo para dar a entender su mensaje; y mientras Octavia se repon&iacute;a del primer asalto, al tomo del cuello &ndash;comenzando a ahorcarla y levantarla del mismo cuello.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Ahora escoger&aacute;s, &iquest;&Eacute;l o tu? &mdash;Le amenazaba mientras alzaba a Stolas tan alto como lo permit&iacute;a su mano&mdash;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los llantos de Stolas no paraban durante toda la discusi&oacute;n y el p&aacute;nico de Octavia por evitar que su hijo sufriera alg&uacute;n da&ntilde;o eran m&aacute;s fuertes que su rebeld&iacute;a, tan pronto pudo negociar su bienestar por el de &eacute;l no dud&oacute; en aceptar el trato.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hizo falta que respondiera a la pregunta tampoco, dejando su cuerpo soltarse le comunicaba su decisi&oacute;n.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con una risa macabra que apenas y se pudo escuchar, la solt&oacute;. Stolas que segu&iacute;a suspendido en el aire trataba de alcanzarla estirando sus brazos, pero sin &eacute;xito alguno. Paimon entonces lo acerc&oacute; por su propia cuenta a ella y dictamin&oacute; su &uacute;ltima regla:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;Vuelves a poner tus manos en &eacute;l y ser&aacute; su fin. &mdash;Luego se dirigi&oacute; a Stolas directamente&mdash;. Esto es lo que pasa a quien no sigue mis ordenes, mocoso.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Stolas estaba aterrado mientras Octavia trataba de no mirar a su hijo a los ojos, con el temor de que el contacto visual fuera suficiente excusa para provocar a Paimon.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y mientras &eacute;l se lo llevaba, Octavia simplemente se quedaba de rodillas en el suelo; pensando c&oacute;mo es que todo hab&iacute;a acabado tan mal.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El resto de la noche Stolas lo pas&oacute; con Rym, quien tambi&eacute;n fue amenazada de si quiera informarle a Octavia del estado del ni&ntilde;o. Y Paimon pas&oacute; esa noche y las dem&aacute;s solo en su habitaci&oacute;n &ndash;Octavia no volver&iacute;a a dormir a su lado a partir de ese momento.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esa &eacute;poca ciertamente exist&iacute;an los divorcios, pero eran tan mal vistos y una verg&uuml;enza total para cualquier parte envuelta en la situaci&oacute;n; pero ciertamente se llegaban a suscitar casos donde era m&aacute;s que inevitable. La &uacute;nica forma en la que se pod&iacute;a llevar a cabo esta separaci&oacute;n sin ser ceremonial era el hecho de vivir sus vidas tan separados como fuese posible; Octavia dejando de dormir al lado de Paimon ser&iacute;a el mejor ejemplo de esto. Octavia se hab&iacute;a divorciado de Paimon si acaso de palabra; pero nunca de manera oficial.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para empeorar las cosas, divorciarse solo dar&iacute;a una excusa m&aacute;s a Paimon para alejarla de Stolas o deshacerse de &eacute;l por completo pues se quedar&iacute;a a cargo de &eacute;l de manera total y ella perder&iacute;a toda oportunidad de intervenir.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem&aacute;s del estigma social; que perjudicaba m&aacute;s a la mujer que al hombre al igual que a sus familias, d&aacute;ndole la imagen de mujer defectuosa o problem&aacute;tica.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cualquiera en su situaci&oacute;n sab&iacute;a que lo mejor para los dos; y para el ni&ntilde;o, era conservar el matrimonio, por m&aacute;s cruel que este fuera.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta separaci&oacute;n tambi&eacute;n era visible en otros &aacute;mbitos, como al comer &ndash;d&oacute;nde Octavia se sentaba hasta el otro lado de la mesa; lejos de los dos, o en el cuarto del trono con Stolas sentado a la derecha de su padre.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las apariciones p&uacute;blicas fueron la &uacute;nica excepci&oacute;n por los meses siguientes (pues esto se hab&iacute;a ido para largo), precisamente por las razones que acabo de explicar. Pero aun as&iacute; pod&iacute;as ver ciertas se&ntilde;ales que anunciaban que algo andaba mal.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mirada de Octavia, el ahora f&uacute;nebre silencio de Stolas y la firmeza de Paimon a la hora de caminar.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto y m&aacute;s demostraban una imagen de la familia que ni los mismos plebeyos estaban acostumbrados.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De alguna forma, todos comenzaban a suponer que algo estaba por terminar muy mal.<br /></span>","pools_count":1,"title":"Padre e Hija (El libro) | Capítulo 3","deleted":"f","public":"t","mimetype":"text/plain","pagecount":"1","rating_id":"2","rating_name":"Adult","ratings":[{"content_tag_id":"4","name":"Sexual Themes","description":"Erotic imagery, sexual activity or arousal","rating_id":"2"}],"submission_type_id":"12","type_name":"Writing - Document","guest_block":"f","friends_only":"f","comments_count":"0","views":"13"}