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  "description": "Hola, otra historia más para vosotros, mis fieles lectores. Un amigo muy querido me pidió este, algo picante en un espacio público. Fue un reto, pero he quedado bastante contento con el resultado. Y es muy posible que cuente con segunda parte jeje.\n\n\nTiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Dante, tratando de resolver sus problemas monetarios, accede a ir a un club nocturno \"especial\". Nada va como se espera, ni siquiera esta historia.\n\n¡Disfrutad la lectura!",
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  "writing": "[b]TESTEANDO NUEVOS HORIZONTES[/b]\npor Alas Negras\n\n\n[i]¿De verdad voy a hacer esto?[/i]\n\nParado en mitad de la calle, el burro dudaba. Su pelaje crema reflejaba con intensidad las luces de neón del club. Nuevos Horizontes, rezaba el rótulo. Debajo, un cartel mostraba un tigre tumbado en pose sugerente, con un atuendo aún más sugerente. De vez en cuando alguien salía desde la penumbra, buscando la entrada del local. Vio también salir a unos pocos y en ambos casos todos compartían miradas esquivas y un profundo halo de vergüenza.\n\n\tEl burro sintió la rojez en sus propias mejillas. Había salido de fiesta muchas veces y conocía muchas discotecas, pero este tipo de locales nunca los había visitado. No estaba seguro de lo que encontraría y tampoco estaba seguro de querer imaginarlo. Se ajustó el polo rosa y los vaqueros, incómodo. Sabía que tocaría entrar en algún momento, pero quería evitarlo todo lo posible. A fin de cuentas, no estaba allí por voluntad propia. \n\nNo del todo. \n\n\t¡La culpa era de los obreros! El piso nuevo solo necesitaba un par de reformas para quedar a su gusto, solo eso. Tratando de ahorrar dinero, había pagado a un grupo que parecía de confianza y no le hacía factura. Que error. En una semana, la pared de aislamiento que habían colocado se vino abajo, la pintura se descascarillaba y la toma de agua del lavabo saltó por tener juntas del tamaño incorrecto. Resultado: todo el piso inundado, con un ambiente de película de terror.\n\n[i]Nunca más volveré a pagar en negro.[/i]\n\nSí, se había quejado, pero ninguno de los obreros se lo tomó en serio. El capataz, un toro negro que casi llegaba al techo, le había pedido más dinero por arreglar el destrozo. Por supuesto, no lo tenía, ni tenía a nadie a quien pedírselo. Con el agua llegando al salón, no podía esperar a mañana y el tipo no iba a moverse hasta que lo tuviera. Y ahí es cuando vino la oferta.\n\n—Eh, chaval, escucha: tengo un pequeño club. Uno de mis chicos me ha dejao tirao, el muy cabronazo. Haz unas horitas allí y nos olvidamos del lío, ¿sí?\n\nTres horas después, costaba imaginar que el desastre había ocurrido y él tenía un compromiso el sábado. Aquella misma noche investigó el club; todo apuntaba  a que no estaría sirviendo copas precisamente. La idea de negarse y no aparecer cruzó su cabeza, pero aún quedaba instalar el nuevo váter y sudaba solo de imaginar el desastre que le harían si no cumplía. \n\nEse recuerdo rompió su indecisión. Avanzó, plantándose ante el guardia con una sonrisa confiada. El oso lo miró como si fuera un filete y llevase días sin comer. No era un buen augurio, aunque no dejó que eso lo afectara.\n\n—Vengo de parte de Dimitri -dijo, levantando bien el cuello para mirarlo a los ojos-. Soy Dante.\n—Ah, sí, ya me dijo que vendría un canijo. Ven conmigo, estrella.\n\nCanijo lo que te cuelga entre las piernas, pensó. Siguió al oso a través de varios pasillos con pobre iluminación, notando como la música tecno era cada vez más potente. Cruzando una puerta, se encontró en lo que debía ser la antesala de un escenario. Una cebra con un abrigo morado lleno de lentejuelas y purpurina corrió hacia él. \n\n—¡Te estaba esperando, loca! Ains, quítate esos ropajes horteras y deja que Dina te vea. \n—¿Eh?\n—Venga cosito, el acto está a punto de empezar y necesito ver con que trabajo.\n\n\tQuizás porque ya se lo temía o porque la voz del tipo hacía que todo pareciera irreal, Dante obedeció, despacio, empezando a quitarse el polo mientras los otros dos lo examinaban. Un gruñido del oso a sus espaldas lo convenció de ir más rápido, quedando al fin en ropa interior. Espero que no me pidan que me quite el resto.\n\n—Oish, Calvin Klein, que ordinario. Da una vuelta. ¡Menos sonrisa! Sí, no está mal, no está mal. Si tan solo tuviera tiempo para prepararte un poco más...\n—¿Lo llevo con el resto? -preguntó el oso.\n—Sí, sí. En fin, tendrá que valer, que pintas, ya ni me avisan con tiempo, ¡quiero di-mi-tir! \n\nDina sacó un abanico y se fue, haciendo grandes aspavientos al tiempo que murmura algo que Dante no llegó a procesar. Todos los sonidos se sentían débiles y sus movimientos eran torpes. Cada latido rebotaba con fuerza en sus oídos. ¿Qué estoy haciendo? La sonrisa en su rostro era tan forzada que se sentía como una mueca. Tardó en darse cuenta de que el oso lo había llevado al escenario, agarrado por el brazo. Hay otros dos machos, aunque todo está tan oscuro que es difícil distinguirlos. Un nuevo gruñido del oso lo devuelve a la realidad. Este ahora lleva una cuerda en las manos.\n\n\t—Junta las manos sobre tu cabeza. \n\t—¿Perdón?\n\t—Ya me has oído. No creo que seas idiota, así que colabora.\n\t—¡Nadie me avisó de que iba a haber cuerdas! —protestó Dante, aunque de los nervios la voz le salió algo aguda y débil.\n\t—Lo estoy haciendo ahora. Así que obedece o te aseguro que te arrepentirás de haberme hecho perder el tiempo. \n\t\n\tDante se quedó paralizado, sabiendo que la amenaza era real. Lo había visto antes: tipos como el oso no eran de los que pensaban en las consecuencias. Primero actuaban y si eso implicaba golpear, mejor. Con su altura y sus garras las cosas se pondrían mal para él muy pronto, así que obedeció mientras trataba de mantener una sonrisa conciliadora. Haciendo alarde de mucha experiencia, el tipo solo necesitó unos minutos para acabar. La ligadura era prieta y no se veía con claridad por donde deshacerla. Como toque final, el oso alargó la mano y amarró el nudo a un gancho que colgaba del techo, fuera de la visión de Dante.\n\n—Tranquilo, novato. Tú solo deja que te vean. Mis amigos y yo no dejaremos que se pasen contigo. Disfruta. Y no grites demasiado —le susurró al oído, antes de darle un suave azote mientras caminaba hacia atrás—, eso les gusta.\n\nDante quiso replicar, pero tenía la boca seca. Al contrario que antes, el tiempo cruzaba como veloces impulsos ante la perspectiva de lo que iba a pasar. Las piernas le temblaban. Tenía que salir de allí, todo esto había sido muy mala idea, no podía hacerlo, se disculparía con el toro, pediría un préstamo, le pagaría el doble, tenía que gritar, tenía que llamarlos y decir que era un error, tenía que salir de allí, ¡tenían que dejarle salir de allí!\n\nEl telón se abrió de golpe. La luz roja, aunque tenue, le obligó a entrecerrar los ojos. Una nueva música empezó a sonar; más lenta, acariciando la piel como un suave ronroneo. La sala tenía todas las mesas repletas. Todos y cada uno de los presentes estaban mirando al escenario. No, no al escenario, a él. Una inmensidad de machos que cargaban el ambiente de testosterona estaban pendientes de él, de su respiración acelerada, de la cola entre las piernas y de su sonrisa nerviosa. Sus pupilas seguían cada movimiento, por leve o lento que fuera.\n\nLos vio levantarse. Vio cómo hablaban de él, como lo señalaban. Vio a algunos acercarse al escenario, relamiéndose, admirando las vistas. Vio a unos pocos atrevidos subir, dejándose llevar por sus impulsos primarios. A esa distancia podía notar su deseo, era casi visible en el aire, como un aura que se expandía más y más, una pulsión casi salvaje que casi los hacía salivar. Y podía notar, para su sorpresa, un leve brinco en su entrepierna.\n\nUn dálmata se adelantó al resto. Muy joven, con pequeñas manchitas en la cara, ojos azules y un rabo que brincaba de emoción. Su mano alcanzó la pierna de Dante y fue subiendo hasta el cuello. Otra mano desconocida se unió en el muslo derecho y se deslizó hacia la espalda. El aliento caliente en la cadera lo hizo reaccionar.\n\n—¡Esperad, yo no-!\n\nTrató de tomar aire, explicar su situación, pero entonces un mordisco en el cuello convirtió sus palabras en un gemido. Oyo risas. Más gente empezó a rodearlo. \n\n—Perdona, no he podido evitarlo. Es mi primera noche aquí y tú eres muy guapo ¿Cómo te llamas?\n\nEra el dálmata. Aún seguía acariciándole, pero sus ojos estaban fijos en los suyos, esperando una respuesta. \n\n-Dante.\n-Soy Sam. ¿Te ha gustado?\n\nVolvió al cuello, esta vez con un mordisco más lento, calculado, seguidos de otros más leves, meros pellizcos sobre la piel que a punto estuvieron de arrancarle nuevos gemidos. El pelaje se le erizó por completo. \n\n—Sam, deberías parar, yo no soy, esto no es…\n\nLe costaba pensar mientras el atrevimiento de la muchedumbre crecía. Notaba masajes en la espalda, caricias en los brazos, lametones ascendiendo y descendiendo, dejándole el pelaje húmedo y caliente. Incluso su cola no se libraba de las atenciones, tiesa bajo el sinnúmero de atenciones y roces, desde la base hasta el pincel. Solo había una zona que aún no habían tocado.\n\n—Esto es un error. ¿Entiendes?\n\nSam puso cara de confusión por un instante. Entonces sonrió y hundió su hocico en la oreja.\n\n—Sí, entiendo. Eres más bien dominante, ¿verdad? No te gusta perder el control. ¡Ya sé! Ayudaría que yo estuviera desnudo también, ¿verdad?.\n—¡¿Qué?! ¡Eso no es-!\n\nUn hocico presionó justo ahí, a lo que su miembro reaccionó con un pequeño salto, creciendo. Apretó los dientes, sintiendo que se enrojecía más que en toda su vida, sin atreverse a mirar quien era el responsable. No ayudó que Sam hablase en serio. Dante vio ropas volar y cuando Sam se acercó de nuevo no había una sola parte de él que no fuera visible. Su erección, cubierta de pre y muy dura, se frotó con ansia contra el bulto de Dante. La lengua del cánido se coló en la boca y se unió a la otra. Era fina, revoltosa, envolviendo la de Dante con pasión, tratando de saborear cada parte.\n\n—Mejor así, ¿no? —susurró, acariciándole la cara y guiñando un ojo—. Aunque no del todo, estoy seguro. Tu querrías más, sí. Querrías que yo estuviera en tu lugar. Agarrar mi collar, empujarme contra ti. Llevarme a mi casa y ponerme a cuatro patas, con mi novio mirando. Y entonces-\n—Suplicar como la puta que eres.\n\nCon el ceño fruncido, Sam miró quien había dicho eso. Dante ya lo sabía; sintió un escalofrío al ver el torso del toro por el rabillo del ojo. Las manos de Dimitri se le enterraron en los hombros y el aliento le rozaba la coronilla. Trató de alejarse, pero el toro lo contuvo como si solo fuera un pollino chiquito.\n\n—Disculpa, no te he pedido tu opinión —contestó Sam.\n—Ni yo le pedí a tu madre que me la chupase, pero eh, no me quejo. Rosita es toda una artista, casi tanto como tu padre.\n—Eso no, tú no...\n—Tú a tu lugar y quizás te folle como a ellos. Por ahora quiero encargarme de este burrito.\n\nRoto por las palabras de Dimitri, Sam dio un paso atrás, casi tan rojo como Dante. El toro lo atrajo más, haciéndole notar sus poderosos músculos contra la espalda. De un solo tirón rompió el calzoncillo, exponiendo el miembro de Dante para que todos lo vieran. Ël cerró los ojos, sintiendo que se moría de vergüenza, tratando de estirar la cola para cubrir su modesta virilidad, semi flácida. Las risas y comentarios llegaron enseguida, solo consiguiendo que se pusiera más duro.\n\n—Justo como pensaba —dijo Dimitri, socarrón, tirando de las orejas de con una sola mano—. Nada más verte supe que eras una puta, con esa vocecita de niño y ese cuepercito enano.\n—¡No es verdad!\n—¿Ah, no?\n\nSu otra mano pellizcaba los pezones con rudeza, mandando señales de placer y dolor a partes iguales. Su enorme pene se estaba clavando en la espalda y Dante empezó a sudar de horror, notando sus nalgas expuestas al aire, vulnerables.\n\n\t—Ningún otro habría aceptado mi trato. ¿Qué somos, los únicos obreros de la ciudad? —se rió con ganas—. Diablos, hasta podrías haber ido a la policía. Pero no, viniste aquí porque esto te gusta. Porque eres un pichacorta que necesita rodearse de machos de verdad. \n\n—No le hagas caso.\n\nCon mayor confianza esta vez, Sam se acercó de nuevo. Dante notó sus manos vagando por su miembro, sus ojos llenos de admiración mientras se inclinaba hasta que su hocico tocó la punta. \n\n—Puede que te haya engañado para venir —dijo, subiendo y bajando con movimientos suaves—, pero no eres nada de eso. Tu polla es perfecta. Quiero hacerte disfrutar. Dante, déjame darte placer. \n—Eso, gime mientras te pajean, demuestra que has venido aquí a que te usen —los dedos húmedos de Dimitri rozaron el culo de Dante, separaron las nalgas  y comenzaron a empujar, abriendo el estrecho pasaje—. Engáñate pensando que tienes el control. Hoy me he follado a ocho y tú serás el noveno.\n—Tus bolas son magníficas, tan grandes… quiero olfatearlas toda la noche, notar sus empujones en mi cara.\n—Este culo gordo es lo único que merece la pena de ti. Voy a hacer que me supliques cada noche mientras muerdes la almohada y pides ser tomado por un verdadero macho. \n—Por favor, dame tu leche, hazme tu mascota.\n—Y después romperé tu garganta a pollazos, perra.\n\nLos dos luchaban con fiereza por la atención de Dante, sin parar de cubrirlo con halagos o insultos. Aquella mezcla lo estaba volviendo loco, los gruesos dedos del toro empujando, dejándolo sensible y abierto mientras la amorosa lengua de Sam lo rodeaba por delante y su garganta lo tomaba sin queja alguna, ofrecida. Los demás se animaron ante tal competición, sus manos se clavaron por todas partes, no dejaron un centímetro sin explorar y sin marcar con sus lenguas, arrancando todo rastro de dignidad y privacidad. Cada recoveco era suyo y lo iban a reclamar.\n\nCon lágrimas de éxtasis en los ojos, Dante no lo aguantó. Su cuerpo se tensó, su polla se puso más dura que nunca en su vida y un gemido de total placer abandonó su boca al tiempo que cubría de blanco al joven dálmata. Agotado, se inclinó hacia adelante, todo lo que le dejaron la masa de almas excitadas. Las manos aún reclamaban su cuerpo y Dante supo que la noche no había hecho más que empezar.\n\n**************************************\n\n—¿Y bien?\n\nDante se quitó el casco. 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  "writing_bbcode_parsed": "<span style='word-wrap: break-word;'><strong>TESTEANDO NUEVOS HORIZONTES</strong><br />por Alas Negras<br /><br /><br /><em>&iquest;De verdad voy a hacer esto?</em><br /><br />Parado en mitad de la calle, el burro dudaba. Su pelaje crema reflejaba con intensidad las luces de ne&oacute;n del club. Nuevos Horizontes, rezaba el r&oacute;tulo. Debajo, un cartel mostraba un tigre tumbado en pose sugerente, con un atuendo a&uacute;n m&aacute;s sugerente. De vez en cuando alguien sal&iacute;a desde la penumbra, buscando la entrada del local. Vio tambi&eacute;n salir a unos pocos y en ambos casos todos compart&iacute;an miradas esquivas y un profundo halo de verg&uuml;enza.<br /><br />\tEl burro sinti&oacute; la rojez en sus propias mejillas. Hab&iacute;a salido de fiesta muchas veces y conoc&iacute;a muchas discotecas, pero este tipo de locales nunca los hab&iacute;a visitado. No estaba seguro de lo que encontrar&iacute;a y tampoco estaba seguro de querer imaginarlo. Se ajust&oacute; el polo rosa y los vaqueros, inc&oacute;modo. Sab&iacute;a que tocar&iacute;a entrar en alg&uacute;n momento, pero quer&iacute;a evitarlo todo lo posible. A fin de cuentas, no estaba all&iacute; por voluntad propia. <br /><br />No del todo. <br /><br />\t&iexcl;La culpa era de los obreros! El piso nuevo solo necesitaba un par de reformas para quedar a su gusto, solo eso. Tratando de ahorrar dinero, hab&iacute;a pagado a un grupo que parec&iacute;a de confianza y no le hac&iacute;a factura. Que error. En una semana, la pared de aislamiento que hab&iacute;an colocado se vino abajo, la pintura se descascarillaba y la toma de agua del lavabo salt&oacute; por tener juntas del tama&ntilde;o incorrecto. Resultado: todo el piso inundado, con un ambiente de pel&iacute;cula de terror.<br /><br /><em>Nunca m&aacute;s volver&eacute; a pagar en negro.</em><br /><br />S&iacute;, se hab&iacute;a quejado, pero ninguno de los obreros se lo tom&oacute; en serio. El capataz, un toro negro que casi llegaba al techo, le hab&iacute;a pedido m&aacute;s dinero por arreglar el destrozo. Por supuesto, no lo ten&iacute;a, ni ten&iacute;a a nadie a quien ped&iacute;rselo. Con el agua llegando al sal&oacute;n, no pod&iacute;a esperar a ma&ntilde;ana y el tipo no iba a moverse hasta que lo tuviera. Y ah&iacute; es cuando vino la oferta.<br /><br />&mdash;Eh, chaval, escucha: tengo un peque&ntilde;o club. Uno de mis chicos me ha dejao tirao, el muy cabronazo. Haz unas horitas all&iacute; y nos olvidamos del l&iacute;o, &iquest;s&iacute;?<br /><br />Tres horas despu&eacute;s, costaba imaginar que el desastre hab&iacute;a ocurrido y &eacute;l ten&iacute;a un compromiso el s&aacute;bado. 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Sigui&oacute; al oso a trav&eacute;s de varios pasillos con pobre iluminaci&oacute;n, notando como la m&uacute;sica tecno era cada vez m&aacute;s potente. Cruzando una puerta, se encontr&oacute; en lo que deb&iacute;a ser la antesala de un escenario. Una cebra con un abrigo morado lleno de lentejuelas y purpurina corri&oacute; hacia &eacute;l. <br /><br />&mdash;&iexcl;Te estaba esperando, loca! Ains, qu&iacute;tate esos ropajes horteras y deja que Dina te vea. <br />&mdash;&iquest;Eh?<br />&mdash;Venga cosito, el acto est&aacute; a punto de empezar y necesito ver con que trabajo.<br /><br />\tQuiz&aacute;s porque ya se lo tem&iacute;a o porque la voz del tipo hac&iacute;a que todo pareciera irreal, Dante obedeci&oacute;, despacio, empezando a quitarse el polo mientras los otros dos lo examinaban. Un gru&ntilde;ido del oso a sus espaldas lo convenci&oacute; de ir m&aacute;s r&aacute;pido, quedando al fin en ropa interior. Espero que no me pidan que me quite el resto.<br /><br />&mdash;Oish, Calvin Klein, que ordinario. Da una vuelta. &iexcl;Menos sonrisa! S&iacute;, no est&aacute; mal, no est&aacute; mal. Si tan solo tuviera tiempo para prepararte un poco m&aacute;s...<br />&mdash;&iquest;Lo llevo con el resto? -pregunt&oacute; el oso.<br />&mdash;S&iacute;, s&iacute;. En fin, tendr&aacute; que valer, que pintas, ya ni me avisan con tiempo, &iexcl;quiero di-mi-tir! <br /><br />Dina sac&oacute; un abanico y se fue, haciendo grandes aspavientos al tiempo que murmura algo que Dante no lleg&oacute; a procesar. Todos los sonidos se sent&iacute;an d&eacute;biles y sus movimientos eran torpes. Cada latido rebotaba con fuerza en sus o&iacute;dos. &iquest;Qu&eacute; estoy haciendo? La sonrisa en su rostro era tan forzada que se sent&iacute;a como una mueca. Tard&oacute; en darse cuenta de que el oso lo hab&iacute;a llevado al escenario, agarrado por el brazo. Hay otros dos machos, aunque todo est&aacute; tan oscuro que es dif&iacute;cil distinguirlos. Un nuevo gru&ntilde;ido del oso lo devuelve a la realidad. Este ahora lleva una cuerda en las manos.<br /><br />\t&mdash;Junta las manos sobre tu cabeza. <br />\t&mdash;&iquest;Perd&oacute;n?<br />\t&mdash;Ya me has o&iacute;do. No creo que seas idiota, as&iacute; que colabora.<br />\t&mdash;&iexcl;Nadie me avis&oacute; de que iba a haber cuerdas! &mdash;protest&oacute; Dante, aunque de los nervios la voz le sali&oacute; algo aguda y d&eacute;bil.<br />\t&mdash;Lo estoy haciendo ahora. As&iacute; que obedece o te aseguro que te arrepentir&aacute;s de haberme hecho perder el tiempo. <br />\t<br />\tDante se qued&oacute; paralizado, sabiendo que la amenaza era real. Lo hab&iacute;a visto antes: tipos como el oso no eran de los que pensaban en las consecuencias. Primero actuaban y si eso implicaba golpear, mejor. Con su altura y sus garras las cosas se pondr&iacute;an mal para &eacute;l muy pronto, as&iacute; que obedeci&oacute; mientras trataba de mantener una sonrisa conciliadora. Haciendo alarde de mucha experiencia, el tipo solo necesit&oacute; unos minutos para acabar. La ligadura era prieta y no se ve&iacute;a con claridad por donde deshacerla. Como toque final, el oso alarg&oacute; la mano y amarr&oacute; el nudo a un gancho que colgaba del techo, fuera de la visi&oacute;n de Dante.<br /><br />&mdash;Tranquilo, novato. T&uacute; solo deja que te vean. Mis amigos y yo no dejaremos que se pasen contigo. Disfruta. Y no grites demasiado &mdash;le susurr&oacute; al o&iacute;do, antes de darle un suave azote mientras caminaba hacia atr&aacute;s&mdash;, eso les gusta.<br /><br />Dante quiso replicar, pero ten&iacute;a la boca seca. Al contrario que antes, el tiempo cruzaba como veloces impulsos ante la perspectiva de lo que iba a pasar. Las piernas le temblaban. Ten&iacute;a que salir de all&iacute;, todo esto hab&iacute;a sido muy mala idea, no pod&iacute;a hacerlo, se disculpar&iacute;a con el toro, pedir&iacute;a un pr&eacute;stamo, le pagar&iacute;a el doble, ten&iacute;a que gritar, ten&iacute;a que llamarlos y decir que era un error, ten&iacute;a que salir de all&iacute;, &iexcl;ten&iacute;an que dejarle salir de all&iacute;!<br /><br />El tel&oacute;n se abri&oacute; de golpe. La luz roja, aunque tenue, le oblig&oacute; a entrecerrar los ojos. Una nueva m&uacute;sica empez&oacute; a sonar; m&aacute;s lenta, acariciando la piel como un suave ronroneo. La sala ten&iacute;a todas las mesas repletas. Todos y cada uno de los presentes estaban mirando al escenario. No, no al escenario, a &eacute;l. Una inmensidad de machos que cargaban el ambiente de testosterona estaban pendientes de &eacute;l, de su respiraci&oacute;n acelerada, de la cola entre las piernas y de su sonrisa nerviosa. Sus pupilas segu&iacute;an cada movimiento, por leve o lento que fuera.<br /><br />Los vio levantarse. Vio c&oacute;mo hablaban de &eacute;l, como lo se&ntilde;alaban. Vio a algunos acercarse al escenario, relami&eacute;ndose, admirando las vistas. Vio a unos pocos atrevidos subir, dej&aacute;ndose llevar por sus impulsos primarios. A esa distancia pod&iacute;a notar su deseo, era casi visible en el aire, como un aura que se expand&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s, una pulsi&oacute;n casi salvaje que casi los hac&iacute;a salivar. Y pod&iacute;a notar, para su sorpresa, un leve brinco en su entrepierna.<br /><br />Un d&aacute;lmata se adelant&oacute; al resto. Muy joven, con peque&ntilde;as manchitas en la cara, ojos azules y un rabo que brincaba de emoci&oacute;n. Su mano alcanz&oacute; la pierna de Dante y fue subiendo hasta el cuello. Otra mano desconocida se uni&oacute; en el muslo derecho y se desliz&oacute; hacia la espalda. El aliento caliente en la cadera lo hizo reaccionar.<br /><br />&mdash;&iexcl;Esperad, yo no-!<br /><br />Trat&oacute; de tomar aire, explicar su situaci&oacute;n, pero entonces un mordisco en el cuello convirti&oacute; sus palabras en un gemido. Oyo risas. M&aacute;s gente empez&oacute; a rodearlo. <br /><br />&mdash;Perdona, no he podido evitarlo. Es mi primera noche aqu&iacute; y t&uacute; eres muy guapo &iquest;C&oacute;mo te llamas?<br /><br />Era el d&aacute;lmata. A&uacute;n segu&iacute;a acarici&aacute;ndole, pero sus ojos estaban fijos en los suyos, esperando una respuesta. <br /><br />-Dante.<br />-Soy Sam. &iquest;Te ha gustado?<br /><br />Volvi&oacute; al cuello, esta vez con un mordisco m&aacute;s lento, calculado, seguidos de otros m&aacute;s leves, meros pellizcos sobre la piel que a punto estuvieron de arrancarle nuevos gemidos. El pelaje se le eriz&oacute; por completo. <br /><br />&mdash;Sam, deber&iacute;as parar, yo no soy, esto no es&hellip;<br /><br />Le costaba pensar mientras el atrevimiento de la muchedumbre crec&iacute;a. Notaba masajes en la espalda, caricias en los brazos, lametones ascendiendo y descendiendo, dej&aacute;ndole el pelaje h&uacute;medo y caliente. Incluso su cola no se libraba de las atenciones, tiesa bajo el sinn&uacute;mero de atenciones y roces, desde la base hasta el pincel. Solo hab&iacute;a una zona que a&uacute;n no hab&iacute;an tocado.<br /><br />&mdash;Esto es un error. &iquest;Entiendes?<br /><br />Sam puso cara de confusi&oacute;n por un instante. Entonces sonri&oacute; y hundi&oacute; su hocico en la oreja.<br /><br />&mdash;S&iacute;, entiendo. Eres m&aacute;s bien dominante, &iquest;verdad? No te gusta perder el control. &iexcl;Ya s&eacute;! Ayudar&iacute;a que yo estuviera desnudo tambi&eacute;n, &iquest;verdad?.<br />&mdash;&iexcl;&iquest;Qu&eacute;?! &iexcl;Eso no es-!<br /><br />Un hocico presion&oacute; justo ah&iacute;, a lo que su miembro reaccion&oacute; con un peque&ntilde;o salto, creciendo. Apret&oacute; los dientes, sintiendo que se enrojec&iacute;a m&aacute;s que en toda su vida, sin atreverse a mirar quien era el responsable. No ayud&oacute; que Sam hablase en serio. Dante vio ropas volar y cuando Sam se acerc&oacute; de nuevo no hab&iacute;a una sola parte de &eacute;l que no fuera visible. Su erecci&oacute;n, cubierta de pre y muy dura, se frot&oacute; con ansia contra el bulto de Dante. La lengua del c&aacute;nido se col&oacute; en la boca y se uni&oacute; a la otra. Era fina, revoltosa, envolviendo la de Dante con pasi&oacute;n, tratando de saborear cada parte.<br /><br />&mdash;Mejor as&iacute;, &iquest;no? &mdash;susurr&oacute;, acarici&aacute;ndole la cara y gui&ntilde;ando un ojo&mdash;. Aunque no del todo, estoy seguro. Tu querr&iacute;as m&aacute;s, s&iacute;. Querr&iacute;as que yo estuviera en tu lugar. Agarrar mi collar, empujarme contra ti. Llevarme a mi casa y ponerme a cuatro patas, con mi novio mirando. Y entonces-<br />&mdash;Suplicar como la puta que eres.<br /><br />Con el ce&ntilde;o fruncido, Sam mir&oacute; quien hab&iacute;a dicho eso. Dante ya lo sab&iacute;a; sinti&oacute; un escalofr&iacute;o al ver el torso del toro por el rabillo del ojo. Las manos de Dimitri se le enterraron en los hombros y el aliento le rozaba la coronilla. Trat&oacute; de alejarse, pero el toro lo contuvo como si solo fuera un pollino chiquito.<br /><br />&mdash;Disculpa, no te he pedido tu opini&oacute;n &mdash;contest&oacute; Sam.<br />&mdash;Ni yo le ped&iacute; a tu madre que me la chupase, pero eh, no me quejo. Rosita es toda una artista, casi tanto como tu padre.<br />&mdash;Eso no, t&uacute; no...<br />&mdash;T&uacute; a tu lugar y quiz&aacute;s te folle como a ellos. Por ahora quiero encargarme de este burrito.<br /><br />Roto por las palabras de Dimitri, Sam dio un paso atr&aacute;s, casi tan rojo como Dante. El toro lo atrajo m&aacute;s, haci&eacute;ndole notar sus poderosos m&uacute;sculos contra la espalda. De un solo tir&oacute;n rompi&oacute; el calzoncillo, exponiendo el miembro de Dante para que todos lo vieran. &Euml;l cerr&oacute; los ojos, sintiendo que se mor&iacute;a de verg&uuml;enza, tratando de estirar la cola para cubrir su modesta virilidad, semi fl&aacute;cida. Las risas y comentarios llegaron enseguida, solo consiguiendo que se pusiera m&aacute;s duro.<br /><br />&mdash;Justo como pensaba &mdash;dijo Dimitri, socarr&oacute;n, tirando de las orejas de con una sola mano&mdash;. Nada m&aacute;s verte supe que eras una puta, con esa vocecita de ni&ntilde;o y ese cuepercito enano.<br />&mdash;&iexcl;No es verdad!<br />&mdash;&iquest;Ah, no?<br /><br />Su otra mano pellizcaba los pezones con rudeza, mandando se&ntilde;ales de placer y dolor a partes iguales. Su enorme pene se estaba clavando en la espalda y Dante empez&oacute; a sudar de horror, notando sus nalgas expuestas al aire, vulnerables.<br /><br />\t&mdash;Ning&uacute;n otro habr&iacute;a aceptado mi trato. &iquest;Qu&eacute; somos, los &uacute;nicos obreros de la ciudad? &mdash;se ri&oacute; con ganas&mdash;. Diablos, hasta podr&iacute;as haber ido a la polic&iacute;a. Pero no, viniste aqu&iacute; porque esto te gusta. Porque eres un pichacorta que necesita rodearse de machos de verdad. <br /><br />&mdash;No le hagas caso.<br /><br />Con mayor confianza esta vez, Sam se acerc&oacute; de nuevo. Dante not&oacute; sus manos vagando por su miembro, sus ojos llenos de admiraci&oacute;n mientras se inclinaba hasta que su hocico toc&oacute; la punta. <br /><br />&mdash;Puede que te haya enga&ntilde;ado para venir &mdash;dijo, subiendo y bajando con movimientos suaves&mdash;, pero no eres nada de eso. Tu polla es perfecta. Quiero hacerte disfrutar. Dante, d&eacute;jame darte placer. <br />&mdash;Eso, gime mientras te pajean, demuestra que has venido aqu&iacute; a que te usen &mdash;los dedos h&uacute;medos de Dimitri rozaron el culo de Dante, separaron las nalgas&nbsp;&nbsp;y comenzaron a empujar, abriendo el estrecho pasaje&mdash;. Eng&aacute;&ntilde;ate pensando que tienes el control. Hoy me he follado a ocho y t&uacute; ser&aacute;s el noveno.<br />&mdash;Tus bolas son magn&iacute;ficas, tan grandes&hellip; quiero olfatearlas toda la noche, notar sus empujones en mi cara.<br />&mdash;Este culo gordo es lo &uacute;nico que merece la pena de ti. Voy a hacer que me supliques cada noche mientras muerdes la almohada y pides ser tomado por un verdadero macho. <br />&mdash;Por favor, dame tu leche, hazme tu mascota.<br />&mdash;Y despu&eacute;s romper&eacute; tu garganta a pollazos, perra.<br /><br />Los dos luchaban con fiereza por la atenci&oacute;n de Dante, sin parar de cubrirlo con halagos o insultos. Aquella mezcla lo estaba volviendo loco, los gruesos dedos del toro empujando, dej&aacute;ndolo sensible y abierto mientras la amorosa lengua de Sam lo rodeaba por delante y su garganta lo tomaba sin queja alguna, ofrecida. Los dem&aacute;s se animaron ante tal competici&oacute;n, sus manos se clavaron por todas partes, no dejaron un cent&iacute;metro sin explorar y sin marcar con sus lenguas, arrancando todo rastro de dignidad y privacidad. Cada recoveco era suyo y lo iban a reclamar.<br /><br />Con l&aacute;grimas de &eacute;xtasis en los ojos, Dante no lo aguant&oacute;. Su cuerpo se tens&oacute;, su polla se puso m&aacute;s dura que nunca en su vida y un gemido de total placer abandon&oacute; su boca al tiempo que cubr&iacute;a de blanco al joven d&aacute;lmata. Agotado, se inclin&oacute; hacia adelante, todo lo que le dejaron la masa de almas excitadas. Las manos a&uacute;n reclamaban su cuerpo y Dante supo que la noche no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que empezar.<br /><br />**************************************<br /><br />&mdash;&iquest;Y bien?<br /><br />Dante se quit&oacute; el casco. La sala blanca apareci&oacute; ante &eacute;l de nuevo, llena de pantallas. Un segundo m&aacute;s tarde el asistente le ofreci&oacute; unos pa&ntilde;uelos.<br /><br />&mdash;&iquest;Este ser&iacute;a el paquete que adquirir&iacute;a?&mdash;dijo entre jadeos. <br />&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. Como ya le dije, en Nuevos Horizontes tenemos las mejores experiencias, lo aseguramos. C&oacute;mo ha podido comprobar, nuestras demos est&aacute;n a la altura de nuestras palabras. Ir&eacute; haciendo el papeleo. Tambi&eacute;n tenemos bono de seis sesiones por un precio inmejorable, por si le interesa.<br /><br />Dante se termin&oacute; de limpiar y fue al mostrador. La sonrisa del tipo era completa. Eso le hizo sonrojar a&uacute;n m&aacute;s cuando le estrech&oacute; la mano y se dispuso a pagar, ya ansioso por echarle un vistazo al programa completo. A fin de cuentas, un verdadero inform&aacute;tico siempre hac&iacute;a un testeo a fondo. <br /></span>",
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